Tartessos o Nazzis: El misterio de las estatuillas desaparecidas
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Prólogo
“Los Dioses que vinieron del mar”
La presente historia que me dispongo a contar tiene su origen en unos hechos verídicos ocurridos en Huelva a finales de los años 90, la Guardia Civil culminaba con éxito la Operación Tartessos, tras meses de ardua y laboriosa investigación, se conseguía recuperar para el deleite y admiración de toda la Humanidad dos deidades fenicias de filiación sirio-egipcias datadas entre los siglos VIII y VII a. de C., que llegaron hasta las extensas playas de Huelva en uno de esos barcos primitivos, de velas cuadradas, en los que estos aventureros navegantes, conocidos como Fenicios, nombre que utilizaron los griegos de la antigüedad para referirse a ellos: “Phoínikes” (rojos o púrpuras), debido a los colores maravillosos de sus telas tintadas con las que llegaban a las playas y puertos de la Hélade y de sus colonias para comerciar con ellos. Según nos cuenta el historiador griego Heródoto.
Se recuperaron dos magníficas estatuillas: el dios Reshef (como se le conoció en el antiguo Egipto) o el dios sirio-cananeo Melqart, considerado por los pueblos del Mediterráneo oriental como protector del comercio marítimo y la diosa Anat, diosa semita de la fertilidad y la guerra.
Ambas de un valor incalculable y de extraordinaria importancia, según indicó el entonces director del Museo de Huelva don Manuel Osuna.
Del hallazgo se hicieron eco numerosos medios de comunicación, destacando a modo de ejemplo la noticia publicada en ABC, el 20 de octubre de 1999:
«Las estautillas vinieron a añadir un apunte más para aclarar, o enrevesar, según se mire, una historia rodeada de tanto misterio como la propia Tartessos, y en la que son legión tanto los partidarios de la existencia de tan singular cultura como los detractores de la misma». O la publicada por el diario El País, en la misma fecha: «Para el director del Museo Provincial de Huelva la recuperación de estas valiosísimas piezas de hace 3.000 años suponen completar la colección de representaciones de divinidades que, desde Palestina y Fenicia hasta el extremo del mundo, existen en el Mediterráneo. Todas las personas que quieran estudiarlas tendrán que venir aquí». También, como no, tuvo especial repercusión en la prensa local, diarios como Odiel Información, El Correo de Andalucía ó Huelva Información abrieron sus primeras portadas con la sorprendente y singular noticia.
Habían sido descubiertas accidentalmente años atrás por un marinero de Punta Umbría (Huelva) mientras faenaba en la zona conocida como el Canal del Padre Santo, junto a los bajos de la Punta de Isla Saltés en la ría de Huelva.
Se dieron a conocer por primera vez gracias a un artículo publicado por la Doctora en arqueología Ingrid Gamer-Wallert, publicado en el volumen II de la colección Los Fenicios en la Península Ibérica, de la Editorial AUSA en 1986 y que mostraba una fotografía de estas figuras de bronce realizada por el fotógrafo P.W., que casualmente trabajaba para el Museo Arqueológico Alemán de Madrid y era conocida su buena relación con un cónsul alemán, afincado en Huelva y aficionado a la arqueología, y que más tarde pasaría a formar parte de la historia mundial por su implicación en el engaño aliado al Tercer Reich para hacerle creer que el desembarco de Normandía iba a tener lugar en otro lugar del viejo continente, acontecimiento que cambió el rumbo de la Segunda Guerra Mundial.
Con esos escasos datos comenzó una trepidante, a la par que apasionante investigación policial para conocer el paradero de las estatuillas, recuperarlas y, posteriormente hacer entrega de ellas para la contemplación de todo el mundo en el Museo Provincial de Huelva, donde actualmente pueden visitarse, cosa que recomiendo encarecidamente, si me lo permiten.
Que las musas o los dioses que llegaron del mar me iluminen y me den sabiduría para poder narrar los hechos asombrosos y verídicos que viví en primera persona durante el trascurso de la Operación Tartessos; aunque ahora, lógicamente, desde la distancia y el tiempo transcurrido, me tomo la libertad de fabular en mi intelecto, licencia sólo permitida a escritores o contadores de historias como yo, cómo pudieron haber transcurrido de otra forma los citados acontecimientos.
Al fin y al cabo, qué es una leyenda sino una verdad contada a través de diferentes prismas de colores de generación en generación, que con sus destellos de magia ocultan secretos de tesoros, amores perdidos, épicas aventuras, muerte y batallas. Entre lo real y lo imaginado, evocan a los héroes inmortales, a los grandes reyes y dioses y a las civilizaciones olvidadas que alguna vez, no hace tanto, dominaron el mundo.
Esta novela es una obra de ficción, aunque parte de los hechos, lugares y algunos personajes sean reales no significa que tuvieran lugar en ese momento o como se relatan.
O quizás si…