Tan canalla como Seth 29 Seth
93%

29 Seth

SETH

Entré en el aparcamiento de la iglesia justo detrás de un Escalade negro que sabía que era de Brody. Eché un vistazo al aparcamiento; dos Harleys. Serían de Brody y Jude. Lo que significaba…

Aparqué junto al Escalade y, cuando se abrió la puerta del conductor, salió un tío de seguridad. Mientras yo salía de mi coche de alquiler, él abrió la puerta trasera del todoterreno, y Jessa Mayes bajó. O más bien, se descolgó.

Su barriga de embarazada la hacía tambalearse, un poco desequilibrada por el peso que llevaba delante. Me lancé a sujetarla, pero su conductor me detuvo, agarrándola él mismo del brazo.

—Gracias —dijo ella, abriendo mucho los ojos al verme.

—¿Señora? —preguntó el tío, evaluándome. Tenía la mano plana contra mi pecho, y decidí que era buena idea dar un paso atrás.

—Estoy bien —dijo Jessa, y el conductor se apartó, soltándole el brazo—. ¿Nos das un momento?

El tío volvió a repasarme. Intenté parecer tan inofensivo como me sentía, y me metí las manos en los bolsillos de los vaqueros por si acaso, para que supiera que no pensaba tocar a nadie. Finalmente, asintió y se apartó.

Jessa me miró; nuestros ojos se encontraron.

Estaba guapísima.

Había engordado, obviamente, y de alguna manera eso la hacía aún más atractiva. Estaba más curvilínea y tenía las mejillas redondas y sonrosadas, como manzanas. Tenía ese brillo de mujer embarazada; el embarazo le sentaba bien.

Me quedé sin palabras.

Sonrió, tímidamente, y se alisó la barriga con la mano. —Brody —dijo, aunque era innecesario. No tenía la menor duda de quién era el padre.

—Jessa… —dije en voz baja—. Estoy… me alegro mucho por ti.

Y era verdad.

Asintió. —Yo también. —Luego la sonrisa se le quebró—.

No sabía que ibas a estar aquí. Pero… me alegro mucho de que estés.

—Echó un vistazo a la puerta cerrada de la iglesia, a los tres tíos de seguridad que pasaban el rato en la entrada, fumando y lanzándonos miradas de vez en cuando.

Luego me miró y susurró—: ¿Tú… tú crees…

que podrías perdonarme algún día? —Sus grandes ojos marrones parpadearon mirándome con esperanza y una ternura que tenía que deberse al embarazo, porque era mucho más de lo que me merecía.

—Perdonarte… ¿de qué?

Se le sonrojaron aún más las mejillas. ¿Se estaba poniendo colorada? —Bueno… estabas bastante cabreado conmigo la última vez que hablamos. Ya sabes, ¿en aquella cafetería? ¿En febrero? Dije cosas que fueron… fuera de lugar.

—Sí —dije despacio—, estaba un poco cabreado. Pero tú no estuviste fuera de lugar. Estaba cabreado conmigo mismo. Tal como yo lo recuerdo, tú también estabas cabreada conmigo.

—Sí —admitió, pero no parecía orgullosa de ello, ni contenta.

¿Y ahora quería que la perdonara?

—No te culpo, Jessa —dije, con cuidado—. De nada. Supongo que podría decirse que… mi perspectiva ha cambiado, con el tiempo. —Me encogí de hombros—. Una nariz rota, y que te echen de la banda que quieres, por segunda vez, pueden provocar eso.

—Lo… siento mucho —dijo, y le creí—. No sabía que Brody te había pegado.

Pero… no le devolviste el golpe. —Me miró buscando algo, negando suavemente con la cabeza—.

En cierto modo deseé que lo hubieras hecho.

O sea, no que te pelearas con Brody, solo…

que lucharas por quedarte en la banda. Un poco.

—Se mordió el labio y se encogió ligeramente de hombros—.

Quizá eso me habría ayudado a aceptar, antes, que tú perteneces aquí tanto como yo.

Me balanceé sobre los talones, aturdido. La miré fijamente, pero no parecía capaz de formular una respuesta.

Tú perteneces aquí tanto como yo…

—He oído que… ¿has estado tocando con Elle? —me preguntó.

—Sí.

—Y… ¿estáis juntos? Maggie como que mencionó…

—La quiero —dije. Simplemente salió.

Era la verdad.

De repente, a Jessa le brillaron los ojos con lágrimas. Parecían lágrimas de alegría. —Me alegro por ti también, Seth. —Luego me abrazó, tan de repente que me pilló por sorpresa.

La rodeé con los brazos, con suavidad, mientras su barriga se apretaba contra mí, sorprendentemente firme.

Cuando nos separamos, se rio un poco, sorbiendo por la nariz. —Perdona. No quiero llorar. Ya era llorona de antes, y ahora con el embarazo…

—No pasa nada, Jessa. —No iba a juzgarla precisamente. Estaba embarazada; las hormonas iban a lo suyo.

—Creo que sé a qué te refieres con lo del cambio de perspectiva…

—Se puso las manos en la barriga—. Este bebé me ha dado mucha claridad.

—Respiró hondo y continuó—. La cosa era que…

enfrentarme a ti significaba enfrentarme a mí misma.

A mis arrepentimientos. A todas las cosas que había jodido.

Tenía miedo… miedo de que Brody me rechazara, y no podía soportar eso.

Quería culparte a ti, pero no eras tú. —Se mordió el labio, pensativa—.

Sé que te dije que no era culpa mía; tu adicción a las drogas, y cómo te echaron de la banda…

Pero siempre sentí que en parte era culpa mía.

—No tienes la culpa, Jessa. Nunca la tuviste.

Parpadeó conteniendo las lágrimas y se le iluminó un poco la cara. —Entonces me has perdonado.

—Sí —dije, dándome cuenta de que era verdad—. Supongo que sí.

Quizá me había dicho a mí mismo, a lo largo de los años, que no había nada que perdonarle. Quizá había querido creer que era cierto. Pero la verdad era que había estado enfadado con ella, fuera justo o no. Y ya no quería seguir enfadado.

Asintió, procesándolo. Luego dijo: —¿Te apetece escoltar a una embarazada gigante dentro de la iglesia? Necesito sentarme de verdad. Siento los pies como si fueran el doble que mis zapatos.

—Será un honor.

Le ofrecí el codo y ella se agarró, con suavidad. La guié escaleras arriba hasta la iglesia, pasando junto a su conductor, que nos observó en silencio.

Cuando entramos en la iglesia, Brody se puso de pie de inmediato.

La mano de Jessa se soltó de mi codo, pero todos lo habían visto ya. Miré directamente por el pasillo hacia Elle, sentada allí en el centro del grupo.

—No deberías estar aquí. —Brody se acercó a grandes zancadas para alejar a Jessa de mí. Para mi sorpresa, se lo decía a Jessa, no a mí.

—Y una mierda que no —dijo Jessa—. Elle me ha invitado.

—Brody —dijo Maggie—, tiene que oír esto. —Maggie cogió a Jessa de la mano y la llevó hasta una silla, arreglándole el vestido, ayudándola a ponerse cómoda.

—Gracias. Estoy bien —dijo Jessa, mientras Brody se sumaba al ajetreo. Acercó una silla justo al lado de la suya y se sentó—. ¿Oír qué? —le preguntó a Maggie.

—Les estaba contando a todos —dijo Jude, mirándome directamente— cómo pasabas tiempo con Jessa cuando ella tenía dieciséis años, cuidándola, porque yo te lo pedí.

Jessa se giró a mirarme. Claramente, no sabía nada de esto. Quizá nadie más lo sabía tampoco, hasta hacía unos momentos.

—No fue por eso —dije, mientras todos me miraban fijamente.

Mi voz sonó pequeña en la iglesia cavernosa.

Seguía de pie cerca de la entrada. Pero Elle me observaba, y me obligué a caminar pasillo arriba hacia donde estaban todos sentados, agrupados sin mucho orden frente al escenario.

El escenario donde toqué por última vez con Dirty.

Donde Brody me rompió la nariz y me llamó violador.

Él también me observaba. Y quizá no iba a romperme la nariz otra vez; no delante de Jessa. Pero estaba bastante seguro de que podía adivinar lo que pensaba que iba a decir a continuación.

—Creéis que voy a decir que fue porque estaba enamorado de ella —dije—.

No lo estaba. —Me planté allí delante de todos y dije la verdad.

Solo podía esperar que la creyeran—. Un motero se había fijado en ella.

Uno de los Sinners. Un tío muy chungo. Y temí por ella.

—Suspiré y decidí decirlo, con toda la delicadeza que pude—.

Sabía que andaba buscando drogas. Me había estado pidiendo hierba.

Y sabía que ese tío se la habría dado sin pensárselo.

—No solo eso, sino que quién coño sabía qué más le habría dado aquel tío, qué le habría hecho—.

Así que fui a Jude y le dejé creer que la idea era suya.

Jude cruzó los brazos, enormes como troncos, sobre el pecho. No le gustó eso; que le hubiera manipulado.

—Jude me suministraba hierba —dije—. Todo lo que le pidiera. Y yo sabía que podía confiar en eso. Me pegué a Jessa desde entonces. Le daba mierda que sabía que era limpia, y la vigilaba.

—Deberías haberme contado lo del tío que la estaba acosando —dijo Jude.

—¿Para qué? —pregunté—. ¿Para que se metieran los Kings? Pensé que lo último que necesitaba era que más moteros se fijaran en ella. Tenía dieciséis años.

Nadie dijo nada durante un buen rato.

—Así que… diste la cara para intentar protegerla, y nunca se lo contaste a nadie. —Esa fue Maggie, intentando mantener la paz—. Ni siquiera Jessa lo sabía. —Estaba de pie junto a la silla de Zane, y le dio un golpecito en el hombro.

—Lo que dices es… —intervino Zane, a instancias de Maggie— que solo intentabas cubrirle las espaldas, ¿todo el tiempo?

—Así empezó —dije.

—Ya —gruñó Brody—. Y fue algo totalmente altruista por tu parte.

—Al principio, sí. Nunca pretendí acabar en la cama con ella… pero éramos amigos. Pasé mucho tiempo con ella. Y acabé pillándome. —Miré a Brody directamente a los ojos y dije—: ¿Puedes culparme?

Brody se levantó y dio unos pasos hacia mí.

—Brody… —dijo Jessa, pero no se detuvo. Se acercó.

No exactamente lo bastante para soltarme un puñetazo, pero la mirada sombría de su cara me puso en tensión.

Los músculos se me contrajeron, con la adrenalina disparándose, mientras mi cuerpo se preparaba para pelear o salir corriendo.

Sentí a Jude removerse, probablemente preparándose para lanzarse si Brody me atacaba otra vez.

—Sí —dijo Brody, con la mirada clavada en la mía—. Puedo culparte.

Negué con la cabeza. —Daba igual, Brody. Ella estaba enamorada de ti. Todos lo sabíamos. Yo lo sabía. Me lo dijo a la cara, cuando le supliqué que volviera conmigo.

Brody no se inmutó. —¿Y engancharla a las pastillas no te molestó?

—Me molestó. Pero todos los que conocía se drogaban de una forma u otra.

Para mí era normal. Sé lo jodido que es eso ahora.

No lo sabía entonces. De verdad creía que la estaba protegiendo.

Nunca le habría hecho daño. Y ella no era como yo.

—Miré hacia Jessa. Nos observaba, acariciándose despacio la enorme barriga—.

Incluso yo podía verlo, por muy destrozado que estuviera.

Sabía que saldría adelante, y lo hizo. O al menos, eso parecía.

Ya no quería las drogas. Tenía épocas en las que desaparecía y no iba de fiesta, y no quería estar cerca de mí.

Pero luego volvía. —Negué con la cabeza, recordando…

—. Siempre volvía. Y cada vez que lo hacía, yo sentía tanto alivio, y tanta… decepción.

Jessa respiró hondo, pero no dijo nada.

—No dejaba de esperar a que se diera cuenta de que era demasiado buena para aquello.

Demasiado buena para mí. —Miré a Brody. Seguía mirándome fijamente, la mandíbula apretada moviéndose mientras me escuchaba hablar—.

Quería que lo supiera… Y quería que se quedara.

—Aparté la mirada, y mis ojos chocaron con los de Jesse.

El hermano de Jessa no había dicho una palabra todavía—. Como he dicho, estaba destrozado.

—¿Y qué pasó? —me preguntó Jesse. Y no podía adivinar por dónde iba. Sus ojos oscuros no revelaban mucho, pero sabía que nada de lo que había oído hoy podía haberle hecho gracia.

—Dejó de volver —dije.

—Y te hundiste en un puto pozo —concluyó Zane.

—Sí —dije—. Algo así.

—Y tú le cubriste —dijo Jesse, a Jude.

—Joder, claro que sí —dijo Jude—. Le cubrí las espaldas para que la banda no supiera lo gordas que eran sus deudas.

Y al final, cuando estuvisteis todos hasta las narices de las drogas y empezasteis a hablar de echarle, lo apoyé, para que ninguna de su mierda con los clubs pudiera salpicar a la banda.

—Jude cuidó de mí —dije, en su defensa—. Me metió en rehabilitación varias veces. Pero siempre la cagaba yo. Me ayudó más de lo que me merecía.

Nadie dijo nada al respecto.

—¿Sabéis qué es lo verdaderamente jodido?

—habló Elle, y todos la miramos. Había estado sentada atrás, en silencio, solo escuchando y observándonos.

Observándome a mí. Y se me retorcieron las tripas de miedo.

No tenía ni idea de cómo iba a sentarle oír todo esto—.

Estáis todos teniendo una conversación sobre Jessa —dijo— como si ella no estuviera aquí.

Igual que hacíais entonces. Atención, chicos: ya no es una niña pequeña.

—Amén —murmuró Maggie.

Entonces Elle se levantó y se encaró con Jessa. —Seth lo perdió todo, pero intentó protegerte. Fue un amigo para ti. Le importabas. ¿No tienes nada que decir?

Los ojos marrones de Jessa se abrieron de par en par mientras se sujetaba la barriga.

—Elle —advirtió Brody.

—Seth ya me ha perdonado, Elle —dijo Jessa en voz baja.

—¿Perdonado a ti? —Brody se giró hacia Jessa.

—Sí —dijo, mirando a Brody con un amor tan putamente absoluto que no entendía cómo el tío no se derretía en un charco allí mismo—. Y yo le perdono a él, ¿vale?

Silencio.

—Bueno, entonces… no queda realmente nada más que decir —dijo Dylan, con cautela. Era la primera vez que abría la boca—. Espero. —Parecía jodidamente harto de todo esto. Algo parecido a lo que sentía yo.

Pero tenía adrenalina corriendo por las venas, aún manteniéndome en tensión.

—¿Vamos a poner esta mierda a votación? —preguntó Zane—. ¿De una puta vez? Necesitamos unanimidad, ¿verdad?

—¿Una votación sobre qué? —dijo Brody. Claramente, no estaba listo para nada de eso.

Yo tampoco creía estarlo. Independientemente de lo que se hubiera aclarado hoy, no estaba en absoluto preparado para que la banda votara, aquí y ahora, sobre mi destino.

—No —dijo Jesse—. Ahora no. Primero necesito hablar con mi hermana.

—Sí —dijo Elle en voz baja, acercándose a mí. Entrelazó sus dedos con los míos, y nadie en la sala podía habérselo perdido—. Y yo necesito hablar con Seth.