24 Elle
ELLE
No podía contener a Summer más tiempo.
Desde que había vuelto de Hawái, llevaba amenazando con organizarme esa fiesta que había mencionado —la que estaría plagada de hombres disponibles, para mí.
Y cada vez que me negaba a admitir que hubiera algo entre Seth y yo, amenazaba con mandar a alguien —musculoso y atractivo, por supuesto— a sacarme de mi casa a rastras y llevarme al cuartel general de la fiesta, es decir, a su casa.
Pero nunca llegó a hacerlo.
También me había mandado mensajes del tipo ¿A qué esperas?
Acompañados, normalmente, de fotos para babear de un Seth soñador, atormentado, con cara de niño, de veinte años, mirando a cámara con el alma en los ojos; fotos promocionales de los primeros tiempos de Dirty, rescatadas de internet. Junto con hashtags como #cockgoals.
De algún modo, había logrado aplacarla diciéndole que Seth y yo estábamos «hablando las cosas» y «aclarando las cosas».
Por supuesto, había querido saber a qué clase de «cosas» me refería, pero fue justo lo suficiente para convencerla de que algo estaba pasando, aunque yo no quisiera hablar de ello todavía.
Cuando llamó hoy —mi día libre, entre audiciones— finalmente acepté su invitación. En parte, para no tener que estar a solas con Seth, ni con mis pensamientos.
Una fiesta sería la distracción perfecta, ¿no?
Estaba tan empeñada en distraerme de mi aturdimiento de no-sé-qué-cojones-hacer-con-estos-sentimientos que ni se me pasó por la cabeza que Ash también pudiera estar en la fiesta.
Por supuesto, estaba. Le vi en cuanto Seth y yo cruzamos la puerta.
De camino, me había preocupado cómo recibirían a Seth. Lo que la gente pudiera pensar de él, y de que estuviéramos juntos. Si los amigos de Summer le darían una buena acogida.
Pero resultó que no tenía de qué preocuparme.
Al entrar en la casa de Summer en Arbutus Ridge, moderna y enorme, con sus vistas épicas de la ciudad —una casa de fiestas por excelencia, que funcionaba como una especie de alojamiento gratuito para todos sus amigos, y actualmente poblada por unas cuantas docenas de invitados cuidadosamente seleccionados, muchos de ellos hombres guapísimos— enseguida quedó claro que Seth conocía a tanta gente allí como yo.
Probablemente, Summer sabía que así sería.
Sabía que la gente de Dirty no estaría allí.
Summer conocía a los chicos de la banda, pero simplemente no era ese tipo de fiesta.
Era una fiesta para mí; una excusa para sacarme de casa y supuestamente presentarme hombres.
Summer me conocía lo bastante bien como para saber que traería a Seth si iba en serio con él, para darle el mensaje de que no buscaba que me emparejaran.
Que no buscaba liarme con nadie, porque sí, estaba —extraoficialmente— liada con Seth… aunque aún no quisiera decirlo.
Pero nada de eso le impediría invitar a Ash.
En realidad, no se me ocurría una sola cosa en el mundo que impidiera a Summer darle la bienvenida a Ash en cualquiera de sus fiestas, si estaba en la ciudad. Y, por lo visto, lo estaba.
Fulminándome con la mirada desde el otro lado del salón de Summer, para ser exactos.
Era temprano aún, la fiesta deliciosamente relajada mientras la gente se sentaba en pequeños grupos en los conjuntos de muebles preparados para la ocasión o circulaba, dando sorbos a cócteles, charlando y riendo.
Sonaba un suntuoso remix de Wait till You See Him de Ella Fitzgerald; con clase, sexy, y tan acertado que tuve que preguntarme si Summer habría puesto la canción justo para mi entrada con Seth.
Desde luego no me extrañaría nada de ella.
Se apresuró a abalanzarse sobre mí y besarme en la mejilla —y robarme a Seth con un guiño travieso, llevándoselo hacia la multitud para presumir de él.
En cuanto lo perdí de vista, Ash se acercó con paso decidido; la popularidad de Seth era justo la oportunidad que necesitaba para llevarme aparte. Me empujó hacia un pasillo vacío y fue directo al grano.
—¿Qué coño estás haciendo?
—Eso no es asunto tuyo —le dije, con calma. Estaba claro que nos había visto a Seth y a mí llegar juntos. Quizá incluso me había visto cogerle de la mano al entrar.
—Llevamos mucho tiempo siendo amigos, Elle. ¿Así quieres llevar esto?
No dije nada, pero habría dado igual; de todas formas, ya estaba hablando otra vez.
—¿Y tu banda? ¿Saben que estás aquí ahora mismo, con él?
—Tampoco es asunto suyo —le dije—. Dirty no es mi dueño. —Pero la verdad era que tenía miedo. Miedo de que se enteraran y se cabrearan. Miré directamente a los ojos azules de Ash—. Y como digas algo, Ash…
—No voy a decir una mierda. Pero sabes que tienes que hablar con Dylan. Él te lo diría.
Tenía razón, y odiaba que tuviera razón en esto.
—Sí, y se lo diré cuando esté lista.
Ash se me quedó mirando. —Esto es una mierda. —Me repasó, despacio, de la cabeza a los pies. Llevaba un vestido corto, ceñido, azul eléctrico, un vestido de cita, y sus ojos no se lo perdían. Negó con la cabeza.
Luego se giró de repente y empezó a alejarse con grandes zancadas.
—Somos amigos, Ash —le llamé.
Se paró y se giró para mirarme.
Suspiré. —Por favor, no te cabrees conmigo.
Después de todo el estrés con Jesse durante el último año y medio, no podía más. Una cosa era pasar de Ash por teléfono, a kilómetros de distancia. Otra era verle esa expresión en la cara.
Sus ojos sostuvieron los míos un latido, las cejas oscuras frunciéndose. —No estoy cabreado, Elle —dijo, con la voz baja y ronca. Luego se marchó.
Ni siquiera había salido del pasillo cuando Summer me arrolló. Me agarró y me metió a tirones en un dormitorio, cerrando la puerta.
—Joder —dijo—. Lo has hecho. Te has acostado con él. —Me miraba fijamente a la cara, esperando una respuesta. Apenas la necesitaba. Sabía que podía leer la verdad en mis ojos.
—Sí. Me he acostado con él. Repetidamente, ¿vale?
Se echó un poco hacia atrás, asimilándolo. —Guau.
—Guau, ¿qué?
—Es que estoy… sorprendida. —Seguía estudiándome, leyéndome la cara, el lenguaje corporal. Era inquietante.
—¿De qué? Sabías que me iba a acostar con él. Lo viste venir desde el primer día.
—Ya, pero… no esperaba esto.
—¿No esperabas qué?
Sus ojos azul pálido se entrecerraron mientras examinaba mis piernas desnudas.
Cruzó los brazos bajo el pecho; esa noche llevaba un mono negro sin mangas, con una abertura delante que revelaba un escote perfecto.
Se había cortado un flequillo largo que le enmarcaba la cara, ladeado, con ondas sueltas; algo así como Jaclyn Smith en Los Ángeles de Charlie.
Estaba asombrosamente perfecta, y yo me sentía extrañamente como un puto desastre allí de pie, bajo su mirada.
¿Para qué cojones había salido esta noche?
—Estás muy a la defensiva con él —observó—. Y te pones faldas más cortas de lo normal cuando él anda cerca. Como… muy cortas.
—¿Cómo no voy a estar a la defensiva? Algunos de mis amigos más cercanos piensan que es un gilipollas, y yo no lo creo, ¿vale?
—Vale. —Se me quedó mirando.
Le devolví la mirada. —¿Qué? Suéltalo, ¿vale? Lo que sea que estés pensando.
—Es que estoy pensando… —Su cara bonita se arrugó un poco al fruncir el ceño—. Estoy un poco preocupada.
—¿Por qué?
—Elle. Estás loca perdida por él.
—¿Y? —Casi grité—. ¿Y qué si lo estoy?
—Es que es… tan rápido. O sea, ¿de verdad quieres hacer saltar por los aires toda tu vida por esto?
—No, pero…
—Ash está herido, ¿sabes?
Y ahí fue cuando realmente me caló. Que Ash de verdad no estaba cabreado.
Estaba dolido.
—Es que… no me di cuenta de que sus sentimientos por mí fueran tan…
serios —dije. Era patético. Lo supe en cuanto las palabras me salieron de la boca.
Pero de verdad no me había dado cuenta—.
Haré lo que pueda para suavizar el golpe, ¿vale?
Quizá no fui tan… empática. O sea, sé lo que se siente al ser rechazada.
Solo me cuesta mucho creer que Ash se sienta así por mí.
—Quizá simplemente no quieres creerlo —dijo Summer.
Crucé los brazos, imitando su postura. Pero tenía razón, quizá.
—Sé que no quieres hacer daño a nadie —y mucho menos a un amigo— de esa manera —dijo—. Y puede que por fuera sea todo pinchos, con los piercings y los tatuajes y esos ojos ardientes, pero créeme, Ashley tiene sentimientos.
Dios. Esto era una mierda.
Nunca pretendí hacerle daño a Ash. Se suponía que nunca iba a enamorarse de mí de verdad.
¿A quién se le ocurría a Ashley Player enamorarse de mí?
—Vale —dije—. Lo pillo. Tiene sentimientos, y se los he herido. Le besaré las heridas para que se mejore. No pretendía hacerle daño.
—Vale. Genial. ¿Y ahora qué pasa con Dirty?
—¿Qué pasa con Dirty? —repliqué.
—Elle. No es posible que no te hayas dado cuenta de que estás haciendo daño a tu banda. A Dylan. A Jesse…
—Sí. No vaya a ser que haga daño a Jesse —dije, exasperada—. ¿Qué cojones tiene que ver Jesse con esto?
Levantó las manos cuidadas en señal de rendición. —Eh, no dispares a la mensajera, ¿vale? Lo único que digo es que… te quieren. Te necesitan. Y los estás dejando fuera un poco. Igual que hiciste con Ash. Dejándolos a todos en el limbo, preocupados por si te van a perder.
—¿Qué? ¿Quién ha dicho eso?
—Dylan. Eso es lo que le dijo a Ash, y Ash me lo contó a mí.
Mierda.
Nada bueno.
No quería dejarlos a todos preocupados por eso. Entre todas las cosas… yo no tenía planeado dejar Dirty.
—Es que… no sé —le dije, negando con la cabeza. No sabía cómo lidiar con todo esto. Seth. La banda. Brody. Ash—. Es que no sé cómo hablar con ellos. Le odian, y no sé cómo hacerles ver la verdad.
—¿Cuál es la verdad?
—Que él es… que no es lo que ellos creen.
Sentí las lágrimas inundarme los ojos, y Summer las vio. Pareció un poco atónita, la verdad, con los ojos azules abriéndose de par en par. Rara vez lloraba, y nunca me había derrumbado en lágrimas por un hombre delante de ella… aparte de cuando Jesse rompió conmigo.
—Tu pelo está increíble, por cierto —ofrecí con un sorbido.
—Elle…