Tan canalla como Seth 22 Elle
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22 Elle

ELLE

—Esta es Summer. —Le presenté a mi amiga a Seth cuando ella entró en el estudio la tarde del día siguiente. Esperaba un apretón de manos o un hola. En vez de eso, fue directa hacia Seth y abrió los brazos para abrazarle.

—Ven aquí, anda —dijo, y los dos se envolvieron mutuamente. El abrazo fue fuerte y familiar, y me pillé sintiéndome extrañamente celosa.

Era un sentimiento primario, de quita-las-manos-de-encima-de-mi-hombre. Uno que no debería haber estado sintiendo hacia una de mis mejores amigas, en quien confiaba profundamente, ni hacia Seth, que no era exactamente mi hombre.

Pero ahí estaba.

Cuando se soltaron, Summer pasó el brazo por los hombros de Seth.

Llevaba un mono morado muy guay, ceñido, que a mí me quedaría fatal, su pelo largo y oscuro liso como una tabla, con un eyeliner negro grueso y pintalabios rosa, una especie de look mod-punk femenino.

A la chica le importaban una mierda las modas y siempre se las arreglaba para estar increíble.

—Ya nos conocemos —dijo, con esa alegría que solo tenía cuando estaba colada por un tío bueno.

—No me dijiste que Summer era tu misteriosa amiga DJ —dijo Seth, sonriendo con soltura.

—Yo… eh… no sabía que os conocíais. —Le lancé una mirada. Podría habérmelo dicho.

Pero Summer se limitó a agitar una mano en el aire y, por fin, soltó a Seth. —Oh, ya sabes. Yo conozco a todo el mundo. Seth también. El mundo es un pañuelo. —Rodeó la sala, ojeando las guitarras de Seth—. ¿Vamos a hacer ruido, o qué? —Entonces me miró. Y me guiñó un ojo.

Sabía lo que estaba haciendo. Tantearme para ver cuánto me gustaba el tío.

Porque ya se daba cuenta de lo que yo no estaba del todo lista para admitirle, ni a ella ni a mí misma. Que me gustaba Seth Brothers —mogollón.

Lo suficiente como para arrepentirme de haberla invitado, si iba to tirarse toda la noche flirteando con él.

Fue nuestra mejor sesión hasta la fecha.

Summer tenía un montón de ideas, como siempre.

La mujer era capaz de añadir todo tipo de capas de sonido disparatadas con su equipo.

Yo tenía un plato en el estudio solo para ella, y todo tipo de movidas de DJ de última generación y de mejora de sonido, todo un sistema informático que tenía a una empresa de informática de guardia para mantenerlo y gestionarlo.

Todo para que Summer pudiera venir a tocar conmigo.

A veces simplemente trasteábamos, por el mero placer de hacerlo. A veces componíamos canciones. A veces las grabábamos. Entre las dos, probablemente teníamos material para unos dos álbumes potenciales, materia prima para algún futuro proyecto colaborativo.

También iba a unirse a Dirty en el estudio —por primera vez— para el nuevo álbum, y yo no podía esperar, joder.

Y ahora, Seth y yo la incorporamos a un par de las canciones en las que habíamos estado trabajando. Y ella llevó la música a nuevos lugares, como hacía siempre. Seth y ella nunca habían trabajado juntos, pero conectaban bien. Musicalmente. Personalmente.

Para cuando se fue a casa, cerca de las tres de la madrugada, no sabía qué sentir.

Estaba medio flipada con que quizá teníamos a una tercera integrante que podía llegar hasta el final con nosotros —grabar un álbum de verdad.

Estaba cautelosamente optimista con que algo serio podía pasar aquí.

Que quizá podía salirme con la mía y sacar un álbum con Seth Brothers, y nadie me odiaría por ello.

¿Cómo iban a hacerlo, cuando oyeran lo bueno que era? Entonces tendrían que entenderlo, ¿no?

—No le menciones esto a Ash, ¿vale? —le pedí a Summer mientras la acompañaba a su coche y nos abrazábamos. Me sentía mal pidiéndoselo, pero tenía que hacerlo.

—Ni en broma —dijo. Al arrancar el coche, bajó la ventanilla y me dijo—: Pero de verdad que tienes que tirarte a ese tío. Si no lo haces tú, igual lo hago yo. —Luego me sonrió, su sonrisa letal de reina de la fiesta, y salió disparada de mi entrada.

Sabía que solo me estaba vacilando. Quizá se daba cuenta de que ya me lo estaba tirando, y solo quería que lo confesara.

Cuando volví a entrar en la casa, Seth me estaba sirviendo una copa de vino tinto. La cocina olía a café recién hecho.

—¿Cómo puedes tomar café a cualquier hora de la noche y aun así dormir? —le pregunté.

—Cánsame —dijo, mirándome bajo los párpados entornados—, y dormiré. —Me deslizó las manos por la cintura y me atrajo hacia él.

Pero en vez de derretirme entre sus brazos como quería, me tensé un poco.

—Tengo que estar en el bar a las siete de la mañana —le informé—. Las audiciones no van a esperarme. —En realidad, sí. Si no llegaba puntual, las audiciones no podían empezar, y un montón de gente estaría molesta conmigo.

Era la primera vez que mencionaba las audiciones a Seth desde que se habían reanudado, pero él pareció imperturbable. —Entonces probablemente deberías echarme.

Nos quedamos allí de pie, sin que ninguno de los dos hiciera ningún movimiento para que eso ocurriera. Sus ojos nublados de deseo me retaron con la mirada; el cabrón chulito sabía que no quería que se fuera. Por eso se había hecho café.

Di un sorbo a mi vino y dije, con frialdad: —Creo que a Summer le ha gustado hacer música contigo.

Su mirada recorrió mi cara, leyéndome como un libro abierto. —Estás… ¿celosa?

Bufé con demasiada vehemencia, delatándome por completo. —¿De qué?

—¿Crees que me gusta ella?

—No pasa nada si es así —mentí—. Está buena, y parecíais bastante cómodos el uno con el otro. Y la conozco. Normalmente, cuando Summer le sonríe tanto a un tío, tiene previsto follárselo… o ya se lo ha follado.

—Bueno… no puedo decirte cuáles son sus planes. Pero nunca se ha acostado conmigo.

Entrecerré los ojos. Ahora simplemente sospechaba. —¿Por qué no?

—¿Es totalmente imposible imaginar que puedo estar en la misma habitación con una mujer y no acostarme con ella?

—No sé —dije—. ¿Puedes?

—Llevas demasiado tiempo en el mundo del rock and roll —dijo, haciéndome retroceder hasta tenerme contra la pared—. No todos los hombres piensan exclusivamente con la polla, Elle.

Era consciente de eso. Brody, por ejemplo, nunca había sido de esos de meter-primero-la-polla-y-preguntar-después, y siempre lo había agradecido —que alguien tuviera autocontrol en las giras.

Me daba esperanza continua en la mitad masculina de la especie.

Pero Brody era un hombre de negocios, ante todo.

Otro animal. Uno que lideraba con la cabeza.

Mis amigos estrellas del rock eran otra historia.

—Tienes razón —reflexioné—. Estoy bastante segura de que Dylan ha tomado una decisión, o quizá dos, a lo largo de los años, que no implicaba su polla.

—Ahí lo tienes —dijo, besándome el cuello—. Has demostrado lo que digo.

Suspiré mientras me lamía y mordisqueaba bajando por la garganta. —¿Podemos dejar de hablar de Dylan…?

—Sin problema. ¿De qué prefieres hablar?

Abrí la boca para contestar, pero no salieron palabras. Seth ya iba camino abajo, levantándome la camiseta para besarme el estómago, luego deslizando las manos bajo mi falda corta…

Antes de darme cuenta, estábamos en el suelo de la cocina, medio desnudos.

Sus manos estaban por todas partes, acariciando, recorriendo, amasando.

Su boca, su lengua, estaban en todos lados.

Si cerraba los ojos, era un poco como si tres hombres distintos estuvieran adorando mi cuerpo, besando, mordisqueando, lamiendo…

Su boca estaba en mi pezón, chupando. Luego en mi cuello, lamiendo, provocando, haciéndome temblar.

Una mano en mi pelo, tirando un poco. Una mano en mi estómago, la yema de su dedo acariciándome el clítoris.

Luego sacó un condón de algún sitio, y me metió la polla hasta el fondo. Le rodeé la cintura con las piernas.

Su lengua estaba dentro de mi boca, penetrando profundamente.

Sus dedos se hundían entre mis piernas mientras embestía dentro de mí, las caderas trabajando en un ritmo lento y profundo, girando contra mí.

Estaba tan concentrada en devolverle el beso, en acariciar y chupar su lengua y querer excitarle, y simplemente disolverme en aquel placer absoluto, que ni siquiera supe que estaba ahí —hasta que me corrí, y mi cuerpo entero pareció hacerse pedazos debajo de él.

Jadeé dentro de su boca y me retorcí contra él, atrapada entre su cuerpo caliente y el suelo duro y frío.

La cabeza me daba vueltas.

Cada vez… era como si me estuviera venerando. Como si estuviera empeñado, totalmente centrado, en mi orgasmo… en chupármelo y follármelo y acariciármelo y estrujármelo hasta sacármelo… Como si no pudiera correrse hasta haberme llevado a mí primero.

Y cuando lo hacía…

Perdía el control. Perdía el ritmo. Sus embestidas se aceleraban. Su respiración se volvía entrecortada, pesada, y se deshacía. Se clavó en mí y sentí cómo su polla palpitaba unas cuantas veces mientras se vaciaba dentro de mí.

Le abracé mientras jadeaba, besándome la garganta, el pecho.

Cuando se recuperó, se incorporó un poco. —Eres tan jodidamente guapa… —Había asombro en su voz, y en sus ojos mientras me miraba desde arriba.

—Tú eres… eh… —Intenté que me salieran las palabras, pero tenía muy poca sangre en el cerebro—. Estás en mi frecuencia.

Una sonrisa tembló en sus labios carnosos.

—O sea… mierda, eso ha sido un sex talk horrible. Solo quería decir… eres tan intenso en mis, eh, puntos sensibles. Pierdo un poco el control. Nunca me había pasado eso.

—¿Qué te ha pasado?

—No sé… ¿Perder la noción de mí misma así?

Normalmente controlo mi propio orgasmo. No te rías.

—Me estaba sonriendo de oreja a oreja, y le di un golpecito en el pecho—.

O sea, normalmente depende de mí cuándo me corro.

Puedo hacer que pase cuando quiero, o frenarlo.

Pero contigo… no sé. Me estoy corriendo y ni siquiera sé cómo he llegado ahí.

No tengo control. Los sonidos que hago o lo que hace mi cuerpo…

Tú llevas mi cuerpo ahí antes de que mi mente pueda alcanzarlo.

Su sonrisa flaqueó un poco. —¿Eso es malo?

—No. —¿Sonaba mal, por cómo lo había descrito? No estaba segura… apenas recordaba lo que había dicho. Mi mente no estaba exactamente afilada en ese momento—. Es solo… intenso. Diferente.

Era diferente.

También era algo a lo que podría acostumbrarme increíblemente bien.

Pero no dije eso. En cambio, dije: —Es que nunca había tenido un hombre que tomara así el control de mi cuerpo.

Él lo consideró mientras se subía los vaqueros. —¿No te gusta?

—Creo que sí —admití. Era quedarme cortísima.

—Bien. —Se inclinó y me besó, todo caliente y húmedo y agotado—. Porque hacerte correr es una especie de pasión mía.

Una oleada de calor me recorrió al oír sus palabras. Sí… podía acostumbrarme totalmente a eso.

—Ah, mierda… casi se me olvida —dije, mientras intentaba volver a ponerme las bragas, temblorosa y débil—. Mi padre ha llamado esta mañana.

Seth me miró; había estado abrochándose los vaqueros, con cierta dificultad, sobre su polla medio empalmada.

—Mañana cenamos tarde con mi familia, después de las audiciones. Bueno, a no ser que tengas otros planes.

Se quedó completamente quieto, y la boca se le abrió un poco. Pero no salieron palabras.

—Quieren conocerte. Ya sabes, otra vez. —Sonreí, mientras sus ojos se abrían de par en par con una expresión de puro terror—. Tranquilo —le dije, poniéndome el sujetador—. Son fans.