Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 25 Jude #2
97%

25 Jude #2

Observé desde el lateral del escenario cómo el grupo arrancaba con «Get Made». Una canción genial, potente y sensual para empezar su repertorio y marcar el tono del evento.

Después me fui a hacer mis rondas.

Más tarde, mientras Dirty seguía en el escenario y yo seguía haciendo mis rondas, salí por la parte de atrás y encontré a Piper hablando con algunos de mis chicos en el callejón. Llevaba una cazadora de moto negra lisa, y le aparté a un lado.

—Gracias por dejarte los colores en casa —dije, con una gratitud medio en broma—. Sé que te jode un huevo.

A saber cuándo fue la última vez que vi a mi hermano llevar cualquier tipo de cuero sin mierda de los Kings por todas partes, pero lo último que necesitaba era que él o cualquier otro apareciera con los colores de los Kings, llamando la atención, poniendo nerviosa a la policía y montando drama en el evento de Roni.

Había currado demasiado como para esa mierda.

—Gracias por invitarme —respondió, con la misma gratitud en broma. Estaba fumando un porro y me lo ofreció, pero lo rechacé—. ¿Tu chica ha montado un buen espectáculo?

—Sí. El grupo está contento. Brody está contento. Todo va sobre ruedas.

—Bien.

Respiré hondo. No tenía sentido alargar la charla. —Me quedo como Nomad. Si me dejáis.

Piper me miró fijamente. Y ahora mismo, viéndole así, vestido como un tío normal… parecía simplemente un tío normal, y no el vicepresidente de los West Coast Kings.

Mi hermano.

—Sabes que te dejaremos, hermano.

—Me voy de gira con Dirty.

—Ya. —Parecía jodidamente decepcionado. Triste, en realidad. Odiaba ponerle esa cara—. No es que no lo supiera.

—¿Lo sabías?

—Si te fueras a quedar, me lo habrías dicho hace mucho.

Joder.

Se encogió de hombros, como diciendo Lo que sea, pero yo sabía que esto era importante para él. Piper había hecho prácticamente de todo a lo largo de los años, salvo encadenarme literalmente al suelo, para conseguir que me quedara. —Sé que es una decisión difícil.

—Lo es.

Me miró durante un momento, pensativo. —¿No te quedas por ella?

Le lancé una mirada oscura que decía: No es asunto tuyo.

Pero la verdad era que me iba por ella.

Roni era una de mis razones principales para irme de gira con el grupo.

Porque apostar por lo nuestro con ella —meterla en mi vida— significaba que tenía que protegerla de la mierda del MC de todas las formas posibles; igual que hacía con Jesse.

Sería bienvenida en la sede del club. Estaría conmigo en todos los sentidos.

Pero cuanto menos implicado estuviera yo en los asuntos diarios de los Kings, mejor sería para los dos.

Y más seguro para ella.

—Estará en la carretera conmigo —le informé—, a veces. Y cuando no lo esté, estará aquí. Y si alguna vez te llamo y te pido que te pases a verla o le eches una mano con algo…

—Lo haré —dijo, con total seriedad—. Sabes que lo haré.

—Y dejarás la actitud con ella.

Se le entrecerraron los ojos. Y sí, yo sabía que la gente no le hablaba así a Jeremy «Piper» Grayson. Pero era mi hermano, y yo lo hacía cuando era necesario.

—Solo te cubro las espaldas, hermano —dijo.

—Ella no es el enemigo.

—Ya.

—Y no vas a faltarle al respeto ni llamarla zorra ni hacer ninguna mención de aquella vez que te la tiraste en esa fiesta y luego la tiraste como basura.

—Hermano…

—No era basura. Tenía diecisiete años. No quiero oírte decir una sola palabra fea sobre ella, jamás. Está conmigo ahora. No es propiedad pública y no es una zorra del club que podáis pasaros de mano en mano. Es mía.

—¿Has acabado?

—De momento.

Piper lanzó su porro a las sombras. —¿Me dejas apostar sobre cuánto tardará en mandar a paseo tu culo cascarrabias?

—No.

—Entonces supongo que os veré a los dos en la mesa las próximas Navidades.

—Sí. Si tu culo desagradecido recibe una invitación.

Levantó las cejas, y un destello de diversión le cruzó la cara. Piper siempre venía a la Cena de los Huérfanos, y ni de coña mi madre iba a vetarle el día de Navidad, así que era una amenaza vacía. Él lo sabía. Pero pilló el mensaje.

—¿Y si le pido disculpas por haber sido un capullo? ¿Eso aumenta mis probabilidades?

—Sería un comienzo —gruñí.

Piper sonrió, con los hoyuelos hundiéndosele en las mejillas.

Y ahora qué coño pasa.

Me giré para seguir su línea de visión… donde Roni acababa de asomarse por la puerta trasera para hablar con Con y Bane, tremenda con su blusa de seda, su falda ceñida y sus tacones altos.

—Me sorprende que hayas conseguido cazar a esa, hermanito. Wild Card Webber —reflexionó mi hermano—. ¿Se ha puesto más guapa? ¿O es que yo me he puesto más sobrio?

—Dios, eres un capullo —murmuré, empezando a alejarme—. Y no vayas sonriéndole. Guárdate los putos hoyuelos.

23:58.

—¡Venga! ¿Me estás vacilando? —me riñó Roni, haciéndome señas mientras me acercaba tranquilamente hacia ella—. Pensaba que te lo ibas a perder.

—Ni de coña.

Acababa de entrar en la sala VIP, donde me estaba esperando.

Era una sala cerrada con una ventana gigante de espejo, con vistas a la pista del club y al escenario de abajo.

Las luces estaban apagadas para que pudiéramos ver todo el club, y éramos los únicos en la sala.

Porque eso formaba parte del acuerdo de Roni cuando planificó el evento.

La sala VIP estaba cerrada.

Cuando Dirty bajara del escenario, irían a sentarse en el club junto a los fans.

Habíamos acordonado unas mesas para los miembros del grupo, sus parejas y unos pocos invitados, una sección VIP estrictamente limitada, justo al lado de la pista de baile, y tenía un equipo entero de tíos ahí abajo, algunos con camisetas de seguridad y otros de paisano.

Para que pareciera que todo el mundo en la sala estaba de fiesta con el grupo.

Todo idea de Roni, y era buena.

Mientras me acercaba a la ventana donde ella me esperaba, prácticamente dando saltitos, Dirty acababa de reventar las últimas notas de su última canción de la noche. Un clásico de Dirty, «Dead Crazy».

Se habían encendido algunas luces sobre el escenario, iluminando al grupo mientras dejaban sus instrumentos y se abrazaban. Dylan lanzó baquetas al público. Zane se quitó la camiseta sudada y la lanzó a sus admiradoras.

El concierto había terminado.

El público se estaba volviendo loco.

Éxito total.

Miré a mi chica, que estaba aplaudiendo aunque nadie podía oírla ni verla salvo yo.

Las luces que se derramaban sobre nosotros desde el club la bañaban en un resplandor sensual rojo, violeta y azul, parpadeando sobre su piel pálida y su pelo oscuro.

Y la sonrisa más feliz del mundo curvaba esos labios sensuales.

Preciosa.

Zane agarró su micrófono y preguntó qué hora era, y la gente gritó. Elle levantó su iPhone para que pudiera ver la pantalla y Zane gritó: —¡PREPARAOS PARA BESAR A ALGUIEN PORQUE ESTO VA A PASAR, CAbrONES!

Alguien del backstage estaba pasándole botellas de champán a Dylan, y él le pasó un par a Jesse.

Seth cogió la mano de Elle.

Agarré la mano de Roni y la atraje hacia mí. Me iluminó con su sonrisa preciosa.

—¡ALLÁ. VAMOS! —gritó Zane.

Y entonces un montón de voces se unieron mientras empezaba la cuenta atrás.

—¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho! ¡Siete! ¡Seis!…

Pero yo no necesitaba una cuenta atrás. Simplemente la besé.

—¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno!

Medianoche.

—¡FELIZ PUTO AÑO NUEVO, CAbrONES!

La voz de Zane retumbó por toda la sala. Yo seguía besando a Roni.

Oí algunas risas y el acople de un micrófono, y seguro que el grupo estaba abrazándose, besándose y empapándose unos a otros con champán.

Entonces sentí el cambio cuando las luces empezaron a bajar de nuevo; aunque tenía los ojos cerrados, noté que todo el club se había oscurecido. Pero aquello no era un momento para el «Auld Lang Syne». Casi al instante, un ritmo profundo, resonante y repetitivo empezó a crecer.

Roni rompió nuestro beso y empezó a dar saltitos de emoción. —¡Uuuh, ahí viene!

Seguí su mirada hasta el escenario. El grupo estaba despejando la zona, los cuerpos desapareciendo en la oscuridad a medida que las luces se iban apagando.

Hasta que solo una luz, un racimo de haces giratorios, cayó a través de una niebla que se elevaba de repente…

sobre Zane, de pie en el centro del escenario.

Estaba rociando champán sobre las primeras filas de fans que gritaban.

—Os espera algo grande, chavales —gruñó al micrófono—. La preciosa e imparable DJ SUMMER. —Entonces lanzó el micrófono y desapareció entre la niebla mientras salía del escenario.

Hubo un chirrido de acople, y luego alguien apagó el micrófono.

Un eco repetido de la voz de Zane retumbando DJ SUMMER se fue apagando, mientras un par de líneas famosas de uno de los himnos fiesteros más grandes de Dirty, «Love Struck», subía más y más, junto con un riff de guitarra pesado de Jesse Mayes; era la voz de Elle, luego la voz de Zane, repitiéndose una y otra vez…

Good girls?

We got any good girls here tonight?

Good girls?

We got any good girls here tonight?

El ritmo seguía creciendo, las voces de Elle y Zane en bucle una y otra vez, y el público seguía gritando. Una silueta de mujer apareció y entonces Summer subió corriendo los escalones hasta su cabina, que habían montado a un lado del escenario.

Llevaba un mono plateado, con la cremallera bien baja y un escote generoso, botas blancas de pelo y una peluca blanca y brillante.

Levantó la mano bien alto y el público hizo lo mismo, aplaudiendo y gritando.

Cerró la mano en un puño y lo mantuvo en el aire, aguantando, aguantando, mientras las voces seguían en bucle…

Good girls?

We got any good girls here tonight?

Entonces Summer dejó caer el puño como un martillo y el local estalló en luces y en un ritmo pesado de cojones, increíblemente genial, en un remix de «Love Struck».

Roni empezó a mover su cuerpo sensual entre mis brazos.

—No voy a fingir que entiendo todo el rollo de las DJ —le dije al oído, pero le atraje el culo respingón contra mí mientras se movía.

Roni me miró por encima del hombro como si estuviera loco.

Me encogí de hombros. —No es exactamente mi tipo de música.