Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 25 Jude
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25 Jude

JUDE

Caminé hacia el backstage, sintiendo cómo la energía eléctrica del público crecía ahí fuera. El grupo telonero había terminado su actuación hacía un rato y todo estaba listo para que Dirty subiera al escenario.

Todos los que tenían que estar allí estaban allí, y de momento el evento de Nochevieja iba sobre ruedas.

Jessa y Nick habían pasado temprano, antes de que saliera la banda telonera, para echar un vistazo y deshacerse en elogios por el éxito de Roni. Después, Bishop les había llevado a casa.

Yo llevaba horas allí haciendo lo mío, igual que Roni. Y cada vez que la vislumbraba al otro lado de la sala, o al fondo de algún pasillo, hablando con gente y con ese aspecto… me sentía orgulloso. Se me instalaba en el pecho una sensación cálida y suave que me gustaba, joder, y mucho.

El día de Navidad la llevé a cenar a casa de mi madre, y si me hubiera quedado alguna sombra de duda de que Roni Webber era la mujer para mí (no me quedaba), ver el cariño y el respeto instantáneo y mutuo entre ella y mi madre la habría borrado.

No se me ocurrían muchas cosas capaces de derretirme más que ver a las dos mujeres más importantes de mi vida llevándose bien.

Piper incluso se las había apañado para desenterrar unos modales y mantener la boca cerrada casi todo el tiempo.

En la pequeña zona justo detrás del escenario y a un lado, encontré al grupo pasando el rato; solo Brody y los miembros de Dirty.

Ese era su espacio sagrado, donde no se permitía que nadie más se metiera.

Así había sido en la primera gira mundial, y habíamos decidido que era una buena costumbre recuperarla.

Darle al grupo unos minutos juntos antes de salir al escenario, sin nadie más de por medio.

Nadie salvo Brody y yo. Maggie también era bienvenida, pero conociéndola, se mantendría al margen a menos que la necesitaran.

Desde allí veía, más abajo tras el escenario, un pasillo inferior donde un montón de técnicos y personal de seguridad pasaban el rato.

Y allí estaba Roni, espectacular a más no poder con su blusa de seda negra, su falda negra ceñida y sus tacones de infarto, el pelo negro totalmente alisado y los labios de un rojo brillante que iba a disfrutar viendo por toda mi polla más tarde.

—Lo ha hecho genial, ¿verdad? —dijo Brody, a mi lado.

—Sí —respondí—. Lo ha hecho increíble.

Entonces Brody me estrechó la mano y me atrajo para darme un abrazo, porque eso era lo que hacía siempre antes de un concierto.

Me acerqué a Jesse, y cuando me vio, señaló con la cabeza hacia Elle y Seth. Elle estaba preciosa con sus curvas, el pequeño bulto del embarazo asomando bajo su vestido corto de purpurina dorada.

—¿Qué coño vamos a hacer sin ella? —dijo Jesse.

—Ni idea. Tengo que decir que no va a ser ideal. —No me imaginaba a nadie más en el escenario con Dirty tocando el bajo. Elle llevaba con el grupo desde el principio—. Os necesitáis unos a otros para que esto sea lo que es. Lo que tiene que ser.

—Ya. Casi hace que la vuelta de Seth sea un poco anticlimática. No vamos a ser los cinco ahí arriba.

—Ya, pero esta noche sí lo seréis. Así que… disfrutadlo. —Le di una palmada en el hombro y me envolvió en un abrazo enorme. Ni siquiera podía imaginarme cómo habría sido si le hubiera dicho que yo no iba a ir a la gira. Jesse nunca había hecho una gira sin mí.

Aunque le hubiera dicho que estaba considerando no ir a la gira, probablemente habría montado una rabieta monumental y destrozado el sitio.

Fui a ver cómo estaban Dylan, Seth y Elle. Dylan estaba repantigado con su kilt, un pie apoyado sobre la otra rodilla, tamborileando con la bota. Su pose habitual antes de un concierto. Seth y Elle estaban de pie a su lado, con el brazo de él rodeándole la cintura.

—¿Estás bien? —le pregunté a Elle. No es que fuera a saber qué hacer si no lo estaba; el bebé que llevaba en la tripa era más un asunto de mujeres de lo que yo estaba acostumbrado a manejar. Pero pondría a Maggie con ello enseguida si Elle necesitaba algo.

—Estoy bien. Estoy triste —dijo, con una sonrisa suave. Podía verlo en sus ojos. Estaba hecha polvo. Todos estábamos hechos polvo porque dejara la gira.

—Bueno, cuidaremos de ti en la carretera, eso lo sabes. Lo que necesites, lo tendrás. Te mantendremos cómoda mientras tu hombre hace lo suyo.

—Lo sé —dijo, y me dio un abrazo y un beso en la mejilla—. Gracias, Jude.

Después le estreché la mano a Seth. —Va a ser un buen año, hermano —le dije, mirándole fijamente a los ojos. De todos los hombres de nuestra pequeña familia, estaba bastante seguro de que nadie estaba más feliz que yo, salvo quizá Zane, de que Seth hubiera vuelto al grupo.

—Sí —respondió—, lo va a ser. —Y me atrajo para darme un abrazo.

—¿Vas a tocar «Blackout» para mí esta noche? —Era mi canción favorita del nuevo álbum; la más pesada.

—Sip —dijo, y le di una palmada en la espalda.

Después me agaché junto a Dylan. —¿Estás bien?

—Sí, tío. ¿Cómo pinta ahí fuera?

—Pinta a un montón de chavales calientes con ganas de fiesta. Unas cuantas maduritas, unos cuantos modernos, unos cuantos moteros, lo de siempre.

Sonrió de oreja a oreja.

—He visto a Ash por ahí con una tía —le dije, y observé cómo su sonrisa se apagaba un poco—. Tiene una pinta bastante chunga.

—Ya. Le he visto.

—¿Ese chaval va a estar bien?

—Está bien.

—Mira —dije—, si alguna vez quieres que deje de venir a los conciertos de Dirty, solo tienes que decirlo.

—Sentía que había que decirlo. No tenía ningún problema con Ash.

Pero si estaba causándole problemas a Dylan, afectando a su actuación o simplemente jodiéndole la cabeza, eso no iba a tolerarse.

Y desde luego, algo se había torcido desde lo que fuera que pasó entre ellos.

Según la información de Con, los dos se habían estado tirando a Amber; luego solo Dylan se tiraba a Amber, y Ash se había convertido de la noche a la mañana en un espectáculo ambulante, bebiendo y follando por todo el Lower Mainland.

Llevaba tiempo queriendo hablar de esto con Dylan. Pero desde que cierta mujer sexy a más no poder me había secuestrado básicamente la atención, había unas cuantas conversaciones pendientes que se habían quedado por el camino.

—No —dijo Dylan—. No es eso. Si Ash quiere volver después, déjale pasar.

—Vale, hermano. Sentía que tenía que mencionarlo.

—Te lo agradezco.

No estaba seguro de que lo hiciera. Puede que en realidad estuviera un poco cabreado conmigo por siquiera sugerir que Ash pudiera no ser bienvenido, pero me la sudaba. Entraba dentro de mi trabajo asegurarme de que nadie no bienvenido fuera bienvenido. Pero solo iba a mencionarlo una vez.

A partir de ese momento, mantendría con mucho gusto las narices bien lejos del bromance de Dylan y Ash, a menos que Dylan lo sacara algún día.

Le di una palmada en el hombro al levantarme y fui a ver cómo estaba Zane.

Estaba de pie a un lado, detrás de una pared de amplificadores, fumando hierba… solo.

Yo sabía que nadie en el grupo se comía la cabeza antes de un concierto como Zane.

Era la razón por la que casi siempre fumaba justo antes de salir al escenario.

No lo llamaría miedo escénico, exactamente.

Más bien se autosaboteaba de algún modo, se destruía a sí mismo, justo antes de volver a reconstruirse.

Nervios, quizá. Algún tipo de inseguridad.

Nunca hablaba de ello, pero yo podía verlo.

Ni siquiera estaba seguro de que el resto del grupo lo viera de verdad. No era algo que fuera a mencionarle a Jesse. Jesse y Zane solían pincharse mutuamente en los puntos débiles, y Zane no necesitaba que le pincharan con esto.

Brody lo veía, y los dos hacíamos lo que podíamos para asegurarnos de que Zane estuviera sólido antes de salir al escenario.

Por mi parte, eso significaba sacar a la gente de su espacio para darle sitio para lidiar con la mierda que tuviera en la cabeza, fumarse su porro y llegar mentalmente adonde necesitaba llegar.

—Feliz puto Año Nuevo —dije, dándole un puñetazo suave en el hombro—. ¿Preparado para esto o qué?

—Siempre preparado, hermano —respondió, pero parecía distraído de cojones—. ¿Quién es ese tío? —Señaló con la barbilla y seguí su mirada, abajo, detrás del escenario… y vi a Maggie de pie con parte del equipo técnico y un par de mis hombres de seguridad.

—Maddox. Está conmigo esta noche. —Miré a Zane, observándole mirar cómo Maddox y Maggie hablaban—. Es un King. Le conoces.

—Cierto. —Fumó de su porro, con la mandíbula algo rígida—. Échale un ojo, ¿vale? —No dijo su nombre, pero yo sabía a quién se refería.

Observé cómo apagaba el porro contra el lateral de un amplificador y lo lanzaba a la oscuridad… justo cuando las luces del público bajaron y el ruido de la multitud creció.

—Mira —dijo—, hay un montón de imbéciles borrachos en este evento.

—Claro, hermano.

Se giró hacia el escenario justo cuando Jesse pasó por nuestro lado, dándome una palmada en el hombro y empujando a Zane.

Zane le devolvió el empujón, suavemente. Jesse llevaba la guitarra colgada e hizo un riff aéreo, y luego salió al escenario. El público estalló. Dylan y Elle le siguieron. Seth fue el siguiente, y le di una palmada en la espalda.

—Eh —dije, cuando Zane empezó a seguirles. Cuando me miró, le dije—: Hazles felices ahí fuera.

Era básicamente lo que le decía antes de cada concierto. Desde el primer día, esa era básicamente la descripción del trabajo de Zane en un concierto de Dirty.

Hacer feliz al público.

Y Zane Traynor era jodidamente bueno en su trabajo.

—Siempre lo hago —dijo.

Y salió al escenario.

Suspiré.

No era exactamente la primera vez que Zane me pedía que le echara un ojo a Maggie en un concierto o donde fuera. O que me preguntaba por algún tío que estuviera hablando con ella.

¿Quién coño es ese imbécil?

¿Has visto a ese capullo con Maggie?

¿Puedes decirle a ese gilipollas que se largue?

Me estaba acostumbrando a esas preguntas.

No me gustaba lo que me decían, porque me decían mierda que de verdad no quería saber.

Mierda con la que no quería tener que lidiar.