Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 15 Roni
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RONI

La noche siguiente tuve mi reunión con Brody, en el despacho de su casa, para repasar toda la estrategia de promoción del evento de Nochevieja. Le gustó, añadió un par de sugerencias propias, y listo.

Promocionar aquel evento iba a ser pan comido.

Dirty, DJ Summer, Nochevieja. La mejor fiesta de la ciudad.

No era un concierto de Dirty. No era un concierto de DJ Summer. Era un doble cartel, y se iba a agotar en nanosegundos.

Lo único que tenía que hacer era hacer correr la voz entre la gente adecuada.

En cuanto terminamos, Jessa estaba esperando para arrastrarme escaleras arriba hasta el dormitorio que compartía con Brody.

—Nicky está dormido —me informó—, pero muchas veces se despierta como una hora después de acostarse para pedir más leche. Así que vamos a ello.

No había hecho más que cerrar la puerta del dormitorio con pestillo cuando ya tenía a Katy Perry sonando en su iPhone, «I Kissed a Girl», a todo volumen por su altavoz BlueTooth.

Levanté una ceja. —¿Hay algo que debería saber?

—Es para mantener a Brody alejado —dijo, entrando en el vestidor—. Katy Perry le da miedo. Si mi lista de reproducción «Girl Time» está sonando, se cree que estamos hablando de la regla o algo así.

—¿Estamos hablando de la regla?

—No. Yo probablemente no voy a tenerla durante, no sé, los próximos dos años.

—¿Eh?

—Por la lactancia —dijo—. Probablemente no me vuelva.

—Ah. —Puse una sonrisa forzada, de agradable neutralidad, y dije: —Qué interesante. —Lo cual se había convertido en mi respuesta estándar para todas las cosas que me contaba sobre la maternidad y que me ponían los pelos de punta.

Me tumbé boca abajo en su cama, trasteando con el móvil y dando sorbitos a mi vino, revisando mensajes y todas mis cuentas de redes sociales mientras ella se ponía a rebuscar en sus cajones de lencería.

Había acostado a Nick en su pequeño moisés, que estaba abajo en la sala de juegos con Brody, y mientras Jessa y yo teníamos nuestro «rato de chicas», Brody estaba de servicio con el bebé.

Ya me había pedido que hiciera de canguro mañana por la noche, que fuera a quedarme con Nick mientras ella y Brody salían a su pequeña cita. Dos horas; me había prometido que sería lo máximo, porque por lo visto ni Nicky ni sus tetas podían soportar estar separados más tiempo que eso.

—Necesito que me digas cuál debería ponerme —dijo mientras empezaba a sacar lencería y a extenderla sobre la cama a mi alrededor—. Siento que ya he olvidado cómo funciona todo esto.

—Es fácil. El que te haga sentir más follable.

Empezó a quitarse la ropa en el vestidor y yo volví al móvil. Taze, el muy capullo, me había bloqueado en Instagram. Una pena que me diera cuenta, pero me di cuenta. Era la única red social que tenía; su cuenta era privada, y sobre todo publicaba fotos de su moto, pero aun así lo seguía.

Ahora, simplemente había desaparecido de la lista.

—Ni siquiera sé si esto me va a caber con las tetas de leche… —Jessa se estaba metiendo a duras penas en un teddy de encaje negro, luchando por colocar sus tetas hinchadas dentro de las copas.

—Mejor que mejor —dije—. La cuestión es algo que nunca has parecido entender sobre los hombres, querida amiga. Brody no se va a quejar si se te salen las tetas.

—Cierto —dijo, como si estuviera intentando grabarse aquel consejito para uso futuro.

—¿Por qué estás tan nerviosa? Brody ya ha visto tus tetas antes.

Jessa salió del vestidor, y lo único que le faltaba era una pasarela con purpurina y un ventilador para soplarle el pelo hacia atrás.

—Joder, tía. Todavía lo tienes.

Esperaba que sonriera, o se riera, o me mandara callar.

—Le voy a pedir que se case conmigo —soltó en su lugar.

Me quedé mirándola. —¿Qué?

—Sí. —Se rio, nerviosa.

—Madre… mía. —Me levanté y volé hacia ella, dándole un abrazo. Se aferró a mí. Podía sentir lo emocionada que estaba. Lo… nerviosa.

—Solo quiero que sea… ya sabes… romántico y todo eso.

La sujeté a la distancia de un brazo. Me agarró de los brazos, y su energía nerviosa y emocionada pareció vibrar a través de mí.

—Ahora mismo todo gira en torno a Nicky, obviamente —dijo atropelladamente—, y Dirty, y los dos estamos agotados.

Por eso lo hago ahora. Porque quiero darle una sorpresa, y esto es lo último que se espera.

Se cree que mañana vamos a dar un paseo en coche, ya sabes, salir juntos de casa y tomar un yogur helado o algo así.

—Sonrió de oreja a oreja—. He reservado una habitación de hotel.

—¿Para como una hora?

—Sí.

—Tía.

La repasé con la mirada. Mi amiga la modelo de lencería, que acababa de tener un bebé, vestida con un precioso teddy de seda y encaje negro, con sus tetas cuádruple E o lo que fuera y curvas por todas partes…

—Jessa. Ningún hombre heterosexual del planeta diría que no a esta proposición.

Estoy bastante segura de que si le pidieras matrimonio a tu hermano con esto puesto, se lo pensaría.

—Dios, Roni. —Puso cara de asco—. En serio.

—Solo intento disipar un poco esta tensión… —La sacudí un poco por los hombros, con suavidad, y ella soltó el agarre mortal que tenía sobre mis brazos.

—Ya sé que Brody no va a decir que no —dijo, mordiéndose un poco el labio—. Solo quiero que sea perfecto.

—Lo será.

—No puedes decírselo a nadie. Nadie lo sabe. Te pedí a ti que hicieras de canguro porque estaba demasiado nerviosa para decírselo a Maggie o a Katie… ¿Por si se les escapaba sin querer o algo? ¿O Brody sospechaba algo? No sé. ¿Paranoia?

—Jessa. Sabes que de mí no sacará nada.

—Lo sé —dijo.

Me sentí bastante halagada, la verdad, de que me hubiera elegido a mí. Habría jurado que Maggie o Katie serían su primera opción para algo así.

—Lo vas a bordar —le dije, acomodándome de nuevo en la cama mientras ella se miraba en el espejo de pared—. Pero si de verdad quieres casarte… ¿por qué no hacemos que te lo pida él?

—No se trata de hacer que me lo pida ni de esperar a que lo haga. No necesito que me lo pida. No se trata de sentirme deseada. —Me miró con sus grandes ojos marrones—. Él ha estado esperando esto toda su vida. Me ha estado esperando a mí. Así que voy a dárselo.

Madre mía. De hecho sentí que se me empañaban los ojos, y hacía falta mucho para hacerme llorar. —Jessa. Joder. Me caso contigo yo, si sigues hablando así.

Sonrió de oreja a oreja y corrió de vuelta al vestidor, quitándose el teddy. —Se lo contaremos a todos pronto, en cuanto sea oficial —dijo—. Haremos una fiestecita.

—Y tu secreto está a salvo conmigo hasta entonces.

Y lo estaba. Nunca le había contado a nadie —ni siquiera a Jessa— lo de haber visto a Zane, desnudo, en la cabaña de Maggie en mitad de la noche, la noche de la boda de Jesse y Katie. ¿Por qué? No por mi lealtad eterna a Maggie. Ella y yo no éramos tan íntimas.

Porque que Maggie y Zane follaran no era asunto mío.

¿Que Jessa estuviera planeando una proposición sorpresa para Brody? Tampoco era asunto mío.

Me llevaría todo eso a la tumba si hacía falta.

Hablar de la vida amorosa de otros era una mierda. Desde luego, a mí no me hacía gracia que la gente cotilleara sobre la mía. Como objeto de cotilleo desde joven, sabía lo que se sentía.

—Es que no sé si ir a por algo supersexi con esto, o más… romántico —dijo Jessa, y cuando levanté la vista, se estaba enfundando un bustier de encaje azul real. Las braguitas a juego ya las llevaba puestas, y joder.

—Bueno, ¿qué reacción buscas? —le pregunté.

—¿Reacción?

—¿Quieres que te trate como a la madre de su recién nacido, o como a una zorra sucia que acaba de recoger en un callejón?

—Puaj. Roni, qué asco. —Salió del vestidor para mirarse de nuevo en el espejo. Se le notaba que se estaba poniendo un poco colorada cuando se giró hacia mí y dijo: —Vale. Lo de la zorra. No hemos tenido sexo desde que nació Nick y ni siquiera sé si puedo todavía.

—Qué… interesante —dije rápidamente, con mi sonrisa de agradable neutralidad en su sitio, antes de que pudiera extenderse en detalles sobre eso que de verdad no quería saber.

Pilló la indirecta y siguió adelante. —Pero quería que esta noche fuera, ya sabes, para mayores de dieciocho. No quiero que piense que nuestra vida sexual se ha acabado por culpa del adorable pequeño cortarrollos que duerme a medio metro de nosotros.

Solté una especie de risa-resoplido, que no era algo que hiciera en compañía mixta. —Jessa Mayes. Después de todos estos años… me sorprendes.

—Hablo en serio.

—Yo también.

—Así es como él llama a Nicky. «Nuestro pequeño cortarrollos.»

—Adorable. —Le lancé un conjunto negro de liguero y babydoll—. Pruébate este.

—Vale. —Volvió al vestidor para desnudarse—. Oye. ¿Qué tal Taze?

—Ah. ¿No te lo dije? —Ni siquiera levanté la vista del móvil—. He cortado con él.

—¿Cuándo?

—Hace unos días.

—¿Estás bien?

—Pues claro. —Levanté la vista y me encontré con su cara de pena mirándome desde la puerta del vestidor—. Venga ya. Era inevitable.

—¿Cómo se lo tomó?

—¿Mal? No me ha mandado un mensaje ni me ha llamado en ningún momento. No sé… ¿Igual ni le importa? ¿Igual se cree que no iba en serio, o que solo estaba enfadada con él? ¿Que voy a retractarme en cuanto se me pase el calentón?

Levantó una ceja hacia mí. —¿Lo harás?

—No.

Ni de coña.

Puede que fuera haber tenido sexo con otra persona, alguien por quien sentía una atracción tan profunda, lo que me había aclarado lo que esa relación entera era en realidad, y lo que no era.

Pero era más que eso. Era lo que Jude me dijo sobre Taze. No era tanto que me hubiera puesto los cuernos como el hecho de que yo hubiera elegido estar con un hombre que, por lo visto, me había engañado así. Otra vez.

—Jude me dijo que Taze me puso los cuernos.

Jessa salió del vestidor y se me quedó mirando. No dijo: ¿Y él cómo lo sabe? Porque las dos sabíamos cómo lo sabría Jude.

—¿Tú crees que te los puso? —preguntó con cautela.

—No lo sé. Pero ya me lo imaginaba —admití. Eché un vistazo al babydoll negro que se había puesto—. El azul —dije—. Definitivamente, el azul. Le doy cinco empalmadas sobre cinco.

—Roni. —Jessa se puso literalmente las manos en las caderas—. Te mereces algo mejor que eso.