Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 10 Jude #2
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10 Jude #2

En ese momento, la catalogué como una groupie. Decepcionante, un poco. Pero tampoco es que me sorprendiera. Conocía tan bien la rutina que ya se había vuelto tediosamente aburrida. Cómo algunas chicas me miraban como si fuera transparente para ver a mi hermano, o a Zane, o a Jesse, o a quien fuera.

Conocía el tipo.

Llamadme loco, pero prefería a mujeres que realmente me vieran a mí. A quienes de verdad les importase yo.

Que se sintieran atraídas por mí y solo por mí, a pesar de todas las demás pollas disponibles en la sala.

Supuse que ya sabía todo lo que necesitaba saber sobre Roni Wild Card Webber, en ese momento.

Pero unas semanas después, Jesse me pidió que recogiera a Jessa una tarde. No era raro. Pero resulta que estaba en casa de Roni.

Llegué unos minutos antes, aparqué en la calle frente a la casa, y al bajar del coche vi algo que no debería haber visto. Algo que ni Roni ni Jessa supieron nunca que vi.

Vi a Roni de pie en la puerta de entrada, abierta, hablando con el novio de su madre, que estaba justo dentro. Discutiendo con él, quizá.

Entonces le vi empujarla directamente por la puerta.

Roni tropezó y cayó, y cuando ya estaba en el suelo, él la empujó escaleras abajo y cerró la puerta.

Delante de Jessa, que estaba al pie de las escaleras.

Ocurrió tan deprisa que terminó antes de que pudiera reaccionar. No pude hacer nada.

Pero desde ese momento vi a Roni bajo una luz totalmente diferente.

Ese breve vistazo a su vida moldearía para siempre mi forma de verla: como una chica a la que habían empujado pero que se esforzaba al máximo por demostrarle al mundo que no era alguien a quien se pudiera pisotear.

Una chica que cogía lo que quería y seguía adelante, antes de que pudieran hacerle daño.

Y no hacía falta un título en psicología para entender por qué buscaba esa clase de atención masculina.

Me inquietó durante mucho tiempo después.

No les dije nada a Roni ni a Jessa cuando se subieron a mi coche ese día. Las dos actuaron como si nada hubiera pasado. No sabían que lo había visto.

Pero ver que trataban así a Roni me caló hondo. Activó cada instinto protector que tenía, y yo tenía un instinto protector de los fuertes.

Siempre había sido así.

Me había metido en demasiadas peleas en mi vida, a veces en unas en las que no tenía nada que hacer, porque sentía que tenía que proteger a mi hermano.

Daba igual que Piper fuera más grande, cinco años mayor que yo, que siempre hubiera sido mejor peleando, y que nuestro padre fuera motero.

Era mi naturaleza. Cuidaba de los míos. De cualquiera que me importase.

Joder, cuidaba de cualquiera que lo necesitara, si podía.

Me inquietó lo suficiente como para que, unas noches después, emboscara a un tío saliendo de una tienda. No un tío cualquiera: el novio de la madre de Roni.

Se llamaba Jed. El puto Jed.

Sonaba justo como el nombre de un cabrón que empuja a la hija adolescente de su novia y la tira al suelo.

Le puse un cuchillo junto a las costillas bajo mi chaqueta y le dije:

—Camina.

Caminó. Le llevé detrás de la tienda donde mi hermano, Piper, y un amigo nuestro estaban esperando.

Los dos eran Kings, pero no llevaban los colores.

Ninguno sabía quién era ese tío ni por qué estábamos allí, pero se quedaron de pie, vigilando, mientras le daba una paliza.

Piper habría hecho cualquier cosa por mí; no preguntó.

Llevaba su arma en la parte delantera de los vaqueros, metida en la cinturilla, y el tío en el suelo la vio. Nunca sacó la pistola. No hizo falta.

Le dejé tirado allí, lleno de moratones y sin duda cagado de miedo, escupiendo sangre, y le susurré al oído:

—Deja a Roni en paz, joder.

Ya iba siendo hora.

Una tarde, poco después de aquello, estaba con Jesse en casa de su madre. Estábamos abajo en el sótano, recogiendo algunas de sus cosas; aún guardaba equipo de música allí. Oí a Jessa llegar a casa, y la voz de Roni.

Y sentí una punzada nerviosa de culpa.

Obviamente, ella necesitaba que ese tío desapareciera de su vida. Pero aún no la había visto desde lo que hice. No estaba especialmente orgulloso de ello. No era una persona violenta, en realidad. Al menos, nunca pensé que lo fuera.

Había visto mucha violencia al crecer.

De adulto, rara vez recurría a ella. Pero algunas situaciones, quizá simplemente la requerían. Me era tan imposible dejar que ese cabrón hiciera daño a Roni y dormir tranquilo por las noches como me sería hacerle daño a ella yo mismo.

Así era como lo asimilaba.

Tras unos minutos, busqué alguna excusa para subir. Quería saludar a Roni, pero estaban en la habitación de Jessa. La puerta estaba abierta y las oía hablar. No es que me quedara merodeando fuera como un acosador, pero me paré en el salón. Hablaban lo bastante alto como para oír cada palabra.

Evidentemente no tenían ni idea de que yo estaba allí, porque Jessa estaba hablando de un chico que le gustaba, y ella nunca hablaba de esas cosas delante de mí ni de Jesse.

—Venga, dime quién es —le insistía Roni—. Sabes que me voy a enterar de todas formas.

—No —dijo Jessa—. No quiero hablar de eso.

—¿Te lo vas a tirar?

—Puaj. No. O sea… todavía no.

—¿Por qué no?

—No sé. O sea, aún no hemos llegado a eso. Ni siquiera sé si le gusto de esa manera.

—Pues claro que sí. Yo en tu lugar me lo trabajaba antes de que otra le eche las garras.

Jessa suspiró un poco y se rio incómoda.

—No es tan fácil.

—Yo no he dicho que sea fácil. Ya sabes que tengo mi propia lista sexual de objetivos. No pasa nada por tener metas. Pero no todos los tíos son cosa segura desde el primer momento, por muy buena que estés.

Jessa resopló.

—Tú y tu lista sexual de objetivos.

—O sea, que Piper esté arriba del todo en mi lista no significa que me lo vaya a tirar, no sé, mañana.

Una punzada de incomodidad me atravesó al oír las palabras de Roni. Las oí, pero fue como si estuviera en shock.

—Créeme —siguió—, me lo tiraría mañana si pudiera. Pero a veces, cuando el tío de verdad merece la pena, hay que tener paciencia. Por eso me lo vas a presentar en cuanto puedas, y entonces empezaré a desplegar mis encantos…

Después de eso, me largué. No quería oír más. Bajé a ayudar a Jesse y luego me piré de allí.

Pero me dejó hecho polvo.

¿Quizá de verdad había empezado a sentir algo por esta chica? Porque no me estaba tomando nada bien todo el asunto de la lista sexual de objetivos, sobre todo al descubrir que mi hermano mayor estaba en lo más alto de su lista de metas sexuales.

Irónico de cojones o algo así.

Roni no tenía ni idea de que yo había echado al novio de su madre.

Nadie lo sabía. Ni siquiera Piper sabía o le importaba quién coño era Jed.

Lo cual significaba que Roni tampoco sabía que Piper me había ayudado a hacerlo; ni siquiera había hecho nada para ganársela. Ni parecía que le hubiera conocido aún.

¿Y ahora estaba colada por él?

Lo típico, joder.

Fue ese día cuando me dije a mí mismo que me olvidara de Roni Webber.

Por primera vez de muchas.

Y como todas las demás, no cuajó.

No la vi hasta unas semanas después, en una fiesta donde tocaba Dirty, a las afueras de la ciudad, en casa de Shady.

La fiesta era en el granero grande del terreno lateral, estaba bastante lleno, y estaba hablando con Brody cerca del escenario pequeño del fondo cuando él flipó.

Se le quedaron los ojos clavados en algo al otro lado del granero.

—Ni de puta coña —gruñó, y se lanzó entre la multitud.

Fui detrás de él.

Era Jessa, y estaba allí con Roni. Y sabía por qué Brody estaba perdiendo la cabeza.

Por un lado, tenía un calentón monumental con Jessa Mayes, que intentaba esconder de Jesse y de mí.

Pero como estaba bastante seguro de que además estaba enamorado hasta las trancas de ella, nunca la tocaría y probablemente moriría antes de hacerle daño, lo dejé pasar.

No le iba con el cuento a Jesse. Pero sí le ayudaba a sacarla de fiestas como esta, que estaban llenas de moteros y de otra gente cerca de la cual ninguno de nosotros quería a Jessa.

Seguí a Brody hasta justo detrás de ella.

—Pero. Qué. Cojones —fue todo lo que dijo, lo bastante alto para que ella lo oyera por encima de la música; Dirty estaba en el escenario, y con suerte Jesse nunca tendría que saber que su hermana pequeña estaba allí.

Ella se giró y puso una media sonrisa forzada. No estaba más contenta de vernos de lo que nosotros estábamos de verla a ella.

—Hola, Brody —dijo.

—¿Qué coño haces aquí? —gruñó él.

—Tienes cinco minutos —dije yo, imponiendo mi presencia sobre ella. La forma más rápida de desactivar la situación, y la bomba de relojería del genio de Brody, era sacarla de aquí cagando leches.

—¿Cinco minutos hasta qué? —preguntó, como si no lo supiera.

—Hasta que te saque a patadas de aquí —dije—. Saluda, despídete y vámonos.

Roni se había quedado escuchando, pero entonces se echó el pelo hacia atrás con un gesto de aburrimiento.

—Me largo —le dijo a Jessa—. Te llamo luego, ¿vale? —Luego me sonrió—. Hasta luego, carcelero.