Tan canalla como Jude (Dirty: chicos malos del rock 3) 5 Roni #3
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5 Roni #3

Me había cruzado con Ash unas cuantas veces desde entonces, pero nunca habíamos hablado mucho desde aquella noche.

No estaba exactamente destrozada por ello.

Sinceramente, imaginaba que acabaría volviendo, tarde o temprano.

Los tíos solteros al acecho prácticamente siempre lo hacían.

Tenía una cuenta de Tinder llena de mensajes de tíos cachondos para demostrarlo.

Nunca me tomaba esos mensajes como algo personal, igual que no me iba a tomar esto como algo personal.

Para empezar, Ash estaba claramente borracho.

Y para seguir, iba a asumir que esto —el beso en la nariz y el abrazo— tenía al menos algo que ver con el hecho de que su mejor amigo, Dylan, se había enamorado de Amber, una chica con la que se habían acostado los dos; Jessa me había puesto al día recientemente sobre los últimos dramas de Dirty y lo desaparecido que había estado Ash últimamente.

Aun así, cuando me abrazó, le devolví el abrazo. Su cuerpo sin duda se apretó contra el mío un poco más de lo necesario y un poco más fuerte, pero no podía decir que me molestase, exactamente. Ash estaba bueno.

Pero no me gustaban los hombres que jugaban.

Sobre todo a juegos que yo no podía ganar.

Me solté de sus brazos, y después de que me dijera lo bien que estaba y me soltara unos cuantos piropos a su manera —un poco ausente, como si simplemente lanzara los halagos al aire sin importarle realmente si yo se los devolvía—, le dije que estaba allí para ver a Summer.

De verdad que no quería perder mi oportunidad de hablar con ella. El siguiente DJ ya había tomado el relevo, y con lo que yo sabía, podría haber salido disparada por la puerta de atrás en cuanto bajó del escenario.

—¿Summer? —dijo Ash, levantando las dos cejas.

Entonces me cogió de la mano, entrelazando sus dedos con los míos, y me arrastró entre la multitud.

Me pasó directamente junto al portero de la entrada de un pasillo que daba detrás del escenario, un pasillo lleno de gente hablando y bebiendo, algunos con camisetas del personal y otros con ese aire de vengo con la DJ.

Ash llamó a una puerta del pasillo y luego probó el pomo.

Abrió la puerta, diciéndole a un tío que estaba de pie junto a ella mirándonos: —Cinco minutos —y me metió dentro de un tirón—.

Suuuu-mmeeerrr —canturreó con su voz ronca de vocalista, aunque Summer estaba justo delante de nosotros, sola en la pequeña habitación.

Se estaba quitando aquella corona loca de cuernos y se volvió hacia nosotros, sacudiéndose la melena oscura y espesa. —Roni —me saludó, acercándose para darme un beso rápido en la mejilla, que le devolví.

—Eh, Summer…

Antes de que pudiera decir más, Ash atrajo a Summer hacia él, con el brazo enganchado a su cintura, más o menos como había hecho conmigo. Le besó en el cuello. Sonoramente. Varias veces.

Ella le empujó. De broma… más o menos.

—He encontrado a esta gatita perdida buscándote —le dijo, repasándome con la mirada. Parecía que le gustaban los leggings de cuero.

Summer me miró arqueando una ceja. —Sí, a Ash se le da genial recoger gatitas perdidas —me informó, con sorna. Luego le dijo—: Vete a pastorear tus propias gatitas.

Ash hizo un saludito obediente y luego salió dando tumbos.

Summer le gritó, bastante menos en broma: —¡Y deja de beber!

Cuando se fue y cerró la puerta, nos miramos. Pensé, por un momento, que quizá diría algo sobre él. ¿Algo a modo de disculpa? ¿Comprensión? Algo ingenioso para suavizar la ligera incomodidad de la habitación.

O quizá era solo cosa mía.

Sabía que Ash era el exnovio de Summer. Estaba claro que iba como una cuba esa noche.

Y quién sabía lo que ella sentía por él o lo que pensaba que yo podría haber estado haciendo con él antes de entrar ahí.

Yo no. Pero estaba allí para ganármela, y ahora no estaba tan segura de si que Ash me hubiera metido a verla había sido una jugada inteligente o no.

Aunque si no lo hubiera hecho, no estaba segura de que hubiese conseguido entrar. Había un montón de gente al otro lado de esa puerta, esperando para irse de fiesta con DJ Summer. Muchos de ellos hombres que podían ofrecerle una compañía mucho más interesante esa noche que yo.

Estaba a punto de decir algo, quizá abrir con un cumplido, pero ella habló primero.

—Bienvenida a mi reino —dijo—, y con eso me refiero a mi desastre.

—Señaló alrededor de su «camerino», que era, como los cuartos reservados para los artistas en la trastienda de muchos clubs, más o menos lo que ella había dicho: un desastre.

Muebles aleatorios, medio rotos, encajados de mala manera alrededor de un espejo de pared enorme y un tocador, donde se había desplegado maquillaje suficiente para una docena de mujeres.

—Pedazo de show —dije—. Deberían haberte dejado tocar más rato.

—Siempre deberían dejarme tocar más rato —dijo, mientras se sentaba para quitarse las botas peludas—.

Esto es un horno. —Suspiró aliviada mientras las apartaba de una patada.

Tenía ese aire ligeramente aturdido, distraído, agotado pero sobreexcitado que tenían muchos artistas cuando bajaban del escenario.

Por suerte, no parecía colocada, como algunos DJs con los que hablaba durante o después de sus sesiones; lo último que quería era tener esta conversación con ella mientras no estuviera del todo lúcida.

—Ah, pero también están que arden —dije, siendo sincera.

—Gracias.

—He hablado con el promotor de tu concierto de Nochevieja —le informé, mientras se calzaba unas botas de cuero negro.

Solo era una mentirijilla; de momento, había hablado con su asistente—.

Parece que va a dejarme que le compre el evento.

Lo que significa que yo me hago cargo, y mi plan es reubicar a los otros DJs en otras fiestas de la ciudad.

Me miró. —¿Quieres reubicarme a mí también?