15 #2
Riley asiente lentamente, pero su mirada sigue llena de dudas. Está intentando descifrar lo que quiero decir, pero ni siquiera yo tengo claro lo que siento.
—Sí, lo hicimos bien —responde finalmente, pero su tono es suave, como si no estuviera del todo convencida.
El silencio vuelve, pero esta vez no es incómodo. Hay algo más ahí, una sensación que ninguno de los dos sabe cómo manejar. Esto ya no es solo un juego, pero no puedo decirlo en voz alta. No todavía.
Doy un paso más hacia ella, sintiendo la tensión en el aire. Quiero cruzar esa línea, pero algo me frena. No quiero presionarla, ni a ella ni a mí mismo. Mierda, esto es más complicado de lo que imaginaba.
—Quizá deberíamos... tomarlo con calma —le digo finalmente, dejando las palabras abiertas a interpretación. Pueden significar muchas cosas, y quiero que sea ella quien decida cómo tomarlas.
Riley me mira fijamente, buscando algo en mis ojos. Algo que ni yo mismo tengo claro.
—Con calma... —repite, asintiendo lentamente, como si eso fuera lo que necesitaba escuchar.
Nos quedamos así, en silencio, sabiendo que aunque no hemos dicho mucho, ya hemos dejado claro que esto está lejos de haber terminado.
Nos quedamos de pie en la entrada, sin que Riley me invite a pasar. La puerta sigue abierta, pero hay algo en su mirada que me dice que no está dispuesta a dejarme entrar. Joder, qué situación tan rara. No es como si estuviera esperando una invitación formal, pero esto... no se siente normal.
Riley me observa, y aunque su expresión es neutral, puedo notar el nerviosismo en sus ojos. Está incómoda, eso es evidente, pero no sé por qué. Nos acabamos de besar hace nada, y ahora parece como si hubiera construido una barrera invisible entre nosotros.
—Bueno, supongo que... —intento decir algo, cualquier cosa que alivie la tensión, pero las palabras se me quedan atascadas en la garganta.
Ella se mueve, como si fuera a decir algo, pero se queda en silencio, mirando a un punto indeterminado detrás de mí. Algo no está bien, y empiezo a darme cuenta de que no tiene nada que ver conmigo directamente. Es como si estuviera protegiendo algo, pero no sé qué.
—Riley, ¿todo bien? —pregunto, tratando de no sonar intrusivo, aunque lo cierto es que me muero por saber qué pasa.
—Sí, sí, todo bien —responde rápidamente, demasiado rápido, como si estuviera mintiendo. Sus ojos se mueven nerviosamente por el pasillo, como si estuviera buscando algo o alguien.
Joder, qué raro. Me paso una mano por el pelo, intentando relajarme, pero la tensión sigue ahí, casi tangible. Doy un paso hacia ella, reduciendo la distancia, y noto cómo su cuerpo se tensa de inmediato. Es sutil, pero lo siento.
—¿Estás segura? —insisto, pero su respuesta no me convence.
—Sí, solo... estoy cansada. Ha sido una noche larga —dice, sonriendo de forma forzada, y me doy cuenta de que está intentando desviar el tema. Hay algo más detrás de esa puerta, algo que no quiere que vea.
Mis ojos se dirigen, sin querer, al interior del apartamento. Desde donde estoy puedo ver la sala de estar, un espacio pequeno pero acogedor. Todo parece normal. Pero algo dentro de mí me dice que hay más de lo que veo.
—Entiendo —murmuro, aunque sé que no entiendo una mierda—. Supongo que debería irme.
Es lo que ella quiere, ¿no? Que me largue. Aunque, en el fondo, no quiero irme. No después de todo lo que ha pasado entre nosotros. Pero Riley parece querer mantener esa distancia, y por primera vez me pregunto si todo esto es demasiado para ella.
—Sí, creo que es lo mejor. —Su respuesta es rápida, y aunque sonríe, esa sonrisa no llega a sus ojos.
Me quedo allí, de pie, observándola, tratando de leer entre líneas. ¿Por qué está tan nerviosa? Hace unas horas, todo parecía estar yendo bien. El beso, las miradas... Pero ahora todo se siente como si estuviera retrocediendo.
Doy un paso hacia atrás, intentando respetar lo que ella claramente necesita en este momento.
Pero justo cuando estoy a punto de despedirme, mis ojos se detienen en algo en el suelo, bajo el mueble que tiene en la entrada de su apartamento.
Un viejo póster que me suena demasiado, arrugado en los bordes, asomando desde debajo de un montón de revistas.
Me agacho, casi por inercia, para recogerlo.
—Espera…, ¿esto es...?
Riley reacciona al instante, sus ojos se agrandan y da un paso rápido hacia mí, quitándome el póster de las manos antes de que pueda verlo bien. Hostia, su reacción es demasiado exagerada para algo tan pequeno.
—¡No! No es nada —dice, doblando el póster y escondiéndolo detrás de la puerta, fuera de mi vista.
—¿Qué era eso? —pregunto, desconcertado.
—Solo... solo una tontería. Viejos recuerdos, nada importante. —Pero su voz tiembla, y algo en mí se despierta.
¿Viejos recuerdos? ¿Por qué se pondría tan nerviosa por algo así? Me cruzo de brazos, mirándola detenidamente, y aunque intento no presionarla, la curiosidad me está matando.
—¿Recuerdos de qué? —pregunto suavemente, aunque sé que estoy entrando en terreno peligroso.
Riley baja la mirada, evitando mis ojos. Está escondiendo algo, eso está claro. Y de repente, todo encaja. San Angelo. La forma en que reaccionó cuando mencioné que éramos del mismo pueblo. Joder. Me pregunto si, de alguna manera, ya nos habíamos cruzado antes y no lo recuerdo.
—Dean, no es nada, de verdad —dice, su voz suave, casi suplicante.
Algo dentro de mí se agita y no es solo porque me encante como dice mi nombre y no usa Davis como el resto de las personas. No sé qué está pasando, pero ahora más que nunca quiero saberlo. ¿Qué me estás escondiendo, Riley?
—Si no es nada, ¿por qué estás tan nerviosa? —insisto, mi tono más suave, intentando no sonar como un cabrón.
Ella suspira, pasando una mano por su cabello rubio, claramente frustrada. Está nerviosa, lo sé, pero hay algo más detrás de todo esto.
—Porque... —comienza, pero se detiene. Se muerde el labio, y puedo ver cómo lucha internamente consigo misma. Como si no supiera si debe decirme la verdad o seguir escondiéndola.
Me acerco de nuevo, lo suficiente como para sentir la tensión entre nosotros.
—Riley, puedes confiar en mí —digo en voz baja, aunque ni yo mismo sé si eso es cierto. ¿Cómo puedes confiar en alguien cuando todo lo que hay entre los dos es una farsa?
Ella me mira, sus ojos brillando con algo que no logro descifrar. Mierda, esto no es solo un juego. Lo sé. Ella lo sabe. Pero ninguno de los dos está dispuesto a admitirlo en voz alta.
Finalmente, Riley sacude la cabeza con la mirada clavada en el suelo.
—No puedo, Dean. No puedo ahora. —Su voz es suave, casi un susurro.
Siento una punzada en el pecho, pero la respeto. No puedo forzarla a confiar en mí, no cuando ni siquiera entiendo todo lo que está pasando entre nosotros.
—Está bien —respondo, aunque no lo esté del todo.
Nos quedamos en silencio, sabiendo que esta conversación no ha terminado, pero también entendiendo que no es el momento para continuarla.
—Nos vemos manana —dice finalmente, con una pequena sonrisa, intentando aliviar la tensión.
La miro una última vez antes de girarme hacia la puerta.
—Nos vemos.
Me voy de su barrio, pero la sensación de que algo más grande está en juego se queda conmigo. Esto no ha terminado. Ni de lejos.