8 #2
—Eso me parece justo, espero lo mismo por tu parte —le digo, sintiendo que estamos creando un acuerdo que nos beneficiará a ambos.
Finalmente, llegamos al final del contrato, y Riley parece más segura.
—¿Y qué pasa con el vestido? —pregunta su curiosidad desbordante—. Solo faltan un par de días.
—No tienes por que preocuparte, en el contrato deja claro que yo me encargo de todos los gastos que puedan surgir durante nuestro acuerdo.
Eso me recuerda que también tenemos que incluir el importe que ganaras con este acuerdo —respondo, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo al pensar en lo que eso implica.
Mientras charlamos sobre los detalles, una pequena parte de mí se siente inquieta, como si estuviéramos cruzando una línea.
Pero el brillo en sus ojos, ese destello de aventura que veo cada vez que habla, me hace querer seguir adelante.
Hay algo en ella que me resulta familiar, pero no puedo identificarlo.
Sin embargo, esa conexión que siento es poderosa y desconcertante a la vez.
—Entonces, esto es real, ¿no? —pregunta Riley, mirándome fijamente.
—Real y exclusivo —confirmo, sintiendo la tensión entre nosotros crecer.
—Lo entiendo, Dean. Esto es un juego, pero yo también tengo mis límites —dice, su voz firme y decidida, soltando todo el aire que al parecer ha ido reteniendo durante la conversación.
Esa determinación en su mirada me da un impulso de confianza. La idea de que ella tenga voz en esto, que quiera establecer sus propias condiciones, me parece refrescante. No es lo que esperaba, pero en este momento, la aprecio aún más.
Mientras seguimos charlando, me doy cuenta de que la cafetería comienza a llenarse con más clientes.
El sonido de las conversaciones y las risas flotan en el aire, pero en nuestro rincón, parece que solo existimos nosotros dos.
Esa atmósfera íntima es casi palpable, y la tensión entre nosotros se siente cargada, como si cualquier gesto pudiera provocar un cambio.
—Entonces, ¿estás lista para la gala? —pregunto, intentando romper el aire tenso con un tono más ligero, aunque ella se está levantando, pues tiene que volver a su puesto de trabajo.
Ella sonríe, y su rostro se ilumina. Sus ojos azules vuelven a transportarme a lugares donde el cielo siempre está despejado.
—Creo que sí. Aunque debo admitir que estoy un poco nerviosa. Nunca he ido a un evento como ese —confiesa, mordiendo su labio inferior de una manera que me hace querer acercarme más.
—No tienes de qué preocuparte. Eres increíble y te aseguro que todos se darán cuenta de tu presencia —respondo, sintiendo que quiero animarla.
Ella se ríe suavemente, como si mis palabras la hicieran sentir más segura.
—Gracias, eso significa mucho. Solo espero que no me dé un ataque de pánico mientras intento actuar como tu novia —bromea.
—No lo harás, y si lo haces, estaré a tu lado —le digo, y en ese instante, siento que lo que hemos comenzado a construir es más que un simple juego.
A medida que la conversación avanza, la idea de que haya un trasfondo emocional se hace más fuerte. Hay algo especial en esta conexión que no puedo ignorar. Cada vez que me habla, cada vez que sus ojos brillan con ese aire de aventura, siento que me atrapa más y más.
Finalmente, cuando ya ha pasado un buen rato, me despido de ella, prometiendo que todo estará bien.
El aire fresco de la manana me golpea al salir, pero en mi pecho hay un torbellino de emociones.
Me alejo de la pastelería, sintiendo que, aunque esto solo sea un juego, es un juego en el que me gustaría seguir participando.
Con cada paso, una mezcla de ansiedad y emoción crece dentro de mí.
La gala se aproxima y, aunque estoy preparado para este juego, una pequena parte de mí se pregunta qué pasará cuando los límites comiencen a desdibujarse.
No quiero una relación, no puedo permitírmelo.
Pero cada vez que pienso en Riley, la chispa de conexión que siento me hace dudar.
La idea de que esta relación falsa podría volverse real me atormenta, pero a medida que me alejo, me doy cuenta de que estoy ansioso por descubrir lo que está por venir.
Con cada paso que doy, el eco de mis pensamientos resuena en mi mente. La gala se aproxima y la emoción mezcla con un leve temor. Si hay algo que no quiero es que esta farsa se convierta en algo real, pero hay algo en Riley que me resulta difícil de ignorar.
Al llegar a casa, me siento un momento en el sofá, tomando aire mientras miro por la ventana.
El cielo se tine de un azul vibrante y el sol brilla intensamente, iluminando mi apartamento desordenado.
De repente, la idea de que Riley podría estar en mi vida, aunque sea brevemente, se siente más emocionante que aterradora.
Decido que es hora de organizarme. La noche de la gala se acerca rápidamente, y quiero asegurarme de que todo esté preparado.
Tomo mi teléfono y busco a una estilista con la que he trabajado anteriormente.
Samantha es conocida por su habilidad para vestir a los jugadores de fútbol americano y sus parejas para eventos importantes.
Un par de llamadas y un mensaje más tarde, tengo todo arreglado.
—Hola, senor Davis —responde Samantha, su tono siempre profesional y animado—. ¿Em que puedo ayudarle?
—Samantha, necesito que te encargues de algo especial. Te necesito para La Gala del Sueno Americano, quiero que te encargues de un vestido para una amiga. Me gustaría que lo llevaras directamente a su casa.
—Claro, cuéntame un poco más sobre ella —dice, tomando notas.
—Es bajita, aunque con muy buenas curvas, rubia, con unos enormes ojos azules, pecas en su rostro y... quiero que la hagas destacar, pero que también se sienta cómoda —le explico, sintiendo que estoy hablando de alguien muy especial.
—Perfecto, tengo algunas ideas en mente. ¿Sabe sus medidas?
—No, no tengo idea —respondo, riéndome levemente, aunque me encantaría pasar mis manos por su cuerpo y averiguarlas—. Pero estoy seguro de que tu te encargaras de todo. Haz lo que creas mejor.
—Déjamelo a mí. Solo necesito que me diga dónde vive.
Después de terminar la llamada con Samantha, me siento aliviado. Tener todo organizado me da una sensación de control en medio de la locura que está a punto de desatarse. Mientras reflexiono, decido enviar un mensaje a Riley para informarle sobre el vestido.
«Hey, he organizado algo especial para la gala. Una estilista irá a tu casa cuando salgas de trabajar con un vestido. Disfruta de la experiencia
».
Su respuesta llega rápidamente:
«¿En serio? ¡No puedo creerlo! Gracias, Dean, esto es increíble».
Sonrío al leerla. Me gusta saber que estoy haciendo algo que la hace feliz, incluso en el contexto de este juego. El teléfono vibra de nuevo, y otra notificación aparece:
«Por cierto, ¿cómo es la gala? Debería tener una idea para saber como actuar».
Cierro los ojos un momento, tratando de recordar lo que he escuchado sobre el evento. Sé que será un lugar elegante, lleno de personas influyentes y celebridades, donde la presión será intensa.
«Es un evento de etiqueta, así que querrás estar deslumbrante. Prometo que será emocionante. Solo tienes que divertirte».
Mientras miro la pantalla, la idea de lo que nos espera comienza a llenarme de adrenalina. La gala será una forma de poner a prueba nuestra pequena farsa, y aunque siento que esto podría volverse complicado, hay una parte de mí que está deseando ver cómo se desarrollará todo.
El día de la gala, me encuentro en el vestíbulo de mi edificio, observando cómo las sombras del atardecer comienzan a caer.
La ansiedad y la emoción se mezclan, y cada vez que miro mi reloj, aumenta mi impaciencia.
Cuando miro hacia la puerta, recuerdo la conexión que sentí con Riley y cómo, a pesar de que esto es solo un juego, hay algo dentro de mí que quiere descubrir qué pasará cuando estemos en el evento.
Al llegar el momento, vibra mi teléfono. Es un mensaje de Riley.
«Ya estoy lista. El vestido es perfecto. Espero no hacer el ridículo en la gala
».
La idea de verla vestida con lo que Samantha ha seleccionado para ella me llena de expectativa, sobre todo después de que la estilista me dijera de que había sido muy fácil dar con la prenda perfecta a pesar de su corta estatura.
«No harás el ridículo, confía en mí. Nos vemos en la gala».
Salgo de casa, sintiendo la brisa fresca en mi rostro. A medida que camino hacia su barrio, la ciudad se siente viva. La música de las calles y las luces brillantes llenan el aire, creando una atmósfera mágica.
Conduzco hacia su apartamento en mi Ford Mustang GT, un coche que refleja poder y elegancia, aunque no voy a enganar de que fue un capricho caro. Su pintura negra reluciente brilla bajo el sol de la tarde, y el rugido del motor me da una sensación de confianza.
Al llegar, me detengo frente al edificio de apartamentos de Riley. El entorno es tranquilo, con árboles que bordean la acera y flores que adornan la entrada. Un sentimiento de expectación me invade mientras me acerco a la puerta y toco el timbre.
La puerta se abre lentamente, y allí está ella, en la entrada.
Riley, con su cabello rubio claro que cae en suaves ondas sobre sus hombros, lleva un vestido que resalta su figura.
El tejido es un delicado tono pastel que contrasta perfectamente con su piel clara y sus ojos azules brillantes.
Su nariz respingona y las pecas que salpican su rostro le dan un aire juvenil que la hace ver aún más encantadora.
Julie está unos pasos atrás viendo toda la escena.
—¡Guau, Dean! —dice, su voz llena de sorpresa—. ¡Te ves increíble!
—Gracias, pero tú realmente te has superado —le respondo, sintiendo que el tiempo se detiene un momento.
—Portaos bien, ninos —grita la mujer cuando nos despedimos de ella y ya estamos junto al coche—. O mejor no, que aún sois muy jóvenes.
Mientras le coloco una mano en la espalda para guiarla, el roce de su piel contra la mía envía un escalofrío de emoción a través de mí. La tensión entre nosotros se siente palpable, como si cualquier gesto pudiera provocar un cambio.
—¿Lista para la gala? —le pregunto, tratando de ocultar la mezcla de nervios y emoción que se agita en mi interior mientras nos alejamos de su barrio para adentrarnos de verdad en el bullicio de Massachussets.
—Lista —responde, su sonrisa radiante es contagiosa.
Al final, ambos sabemos que esta noche es solo el comienzo de un juego que podría cambiarlo todo.
Cuando llego al lugar, un elegante edificio con luces brillantes y una alfombra roja que se extiende ante nosotros, la ansiedad se transforma en determinación. Estoy aquí, listo para jugar, y por primera vez en mucho tiempo, siento que no lo tengo todo bajo de control.
La gala promete ser una mezcla de glamour, diversión y quizás un poco de caos.
Pero antes de entrar ya estoy escuchando las voces de la prensa cuando aun no nos hemos bajado del coche, esperando a que sea nuestro turno.
Estos eventos serán galas benéficas, pero siempre serán un escaparate donde mostrar quien tiene la cartera mas llena.
Riley me mira cuando al fin nos bajamos del coche y es consciente de donde está a punto de meterse, vale que de verdad crea que este mundo no va a tratarla igual que a las personas que pertenecen a el desde siempre, pero eso no evita de que yo esté a punto de meterla en la boca del lobo.
Por eso espero que en cualquier momento salga corriendo, y lo entendería perfectamente, pero en vez de eso, su brazo se entrelaza al mío y es ella quien nos hace caminar por la alfombra y hasta quedar frente a toda la prensa en el photocall
y ahora soy consciente de la locura que acabo de cometer.