Swing hacia ti (El juego del amor 3)
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Prólogo
Lily miró a sus padres y al hombre que les iba a prestar el dinero para saldar sus deudas. Su padre era un hombre rico que había invertido mucho dinero en cosas que no debía y ahora estaba endeudado.
—Solo tienes que prometerte con él.
—No me pienso casar…
—Solo tienes que hacerte pasar por mi prometida mientras te pago la carrera.
¿Acaso no quieres acabar tus estudios? —Miró al hombre, el señor Hank, que se acercaba a ella.
Le sacaba quince años, pero a él eso no parecía importarle.
Ella solo tenía diecinueve y en lo que menos pensaba en ese momento era en casarse—.
Tengo una clínica deportiva. Es lo que quieres estudiar.
Puedes hacer allí las prácticas. Todos salimos ganando.
—Y en unos años, libre —apuntó su padre, y se pasó la mano por el pelo—. Pero nadie debe saber de este acuerdo.
—Nadie —añadió su madre—, y cuando decimos nadie es nadie. No puedes contar nada a tus amigas.
—¿Y por qué tanto secretismo?
—Porque no queremos que ninguna persona sepa que hemos vendido a nuestra hija para saldar nuestras deudas. Eso no hablaría bien de nosotros —añadió su padre.
Lily miraba a los tres. No era bueno para ninguno que se supiera el acuerdo, porque sus padres tenían negocios importantes y el señor Hank, una clínica deportiva de mucho prestigio en el país.
Que se conociera ese trato no le beneficiaba.
Lily no entendía qué sacaba de ese acuerdo un hombre como Hank.
Algo no le estaba cuadrando. Temía descubrirlo demasiado tarde.
—Solo la universidad y luego un año. —Algo en la mirada del señor Hank la puso alerta. Pero, con tal de acabar la carrera, aceptó.
Pronto se dio cuenta de que Hank no pensaba romper el acuerdo así como así, y si no se iba de mutuo acuerdo, sus padres perderían todo.
Pero Lily tenía un as en la manga.