9 #2
Jai se quejó de forma sorda, al mover las cadenas de los grilletes; sin embargo, lejos de alejarse, arqueó la columna e impulsó su cuerpo contra mis dedos para buscar el contacto.
No había nada que yo adorara más que la sensación de tener mis dedos en su interior.
—¿Qué pasa contigo, Jai? ¿Estás ansioso por recibir tu premio, pequeño? —acaricié la entrada de su ano, al sentir cómo se contraía ante mis estímulos antes de adentrar la punta de mi dedo en el hacia el interior—. ¿Deseas que tu amo te masturbe de la forma en que te gusta?
Jai asintió con la cabeza en su sitio.
—¿De verdad lo quieres? —exploré sus terminaciones nerviosas, al adentrarme más en la cavidad de su carne—. Entonces di las palabras “Por favor, amo” si es lo que deseas en este momento.
El chico intentó vocalizar la frase solicitada, pero debido al caramelo entre sus dientes, solo se oyó como un balbuceo ahogado en la habitación.
—Tienes la obligación de decirlo de forma clara, Jai. No entiendo lo que me dices con esos ruidos —me reí de su impotencia.
Era imposible para él seguir aquella solicitud con el caramelo derretido en su boca; por lo que, tras unos intentos fallidos por hablar, solo pudo dejar salir un quejido de frustración, al agachar la cabeza hacia el pecho ante la regla del juego.
Consciente de su desesperación, me agaché hasta quedar frente a su trasero.
Dejé un beso húmedo en su glúteo derecho, para luego morder la carne firme con una presión que dejó la marca de mis dientes en su piel.
Él gritó de forma sorda detrás del dulce.
Curvé mis dedos en su interior con habilidad, al rozar la zona sensible de su próstata.
Jai gimió en un grito de puro placer; el muchacho se había puesto duro en su sitio.
Al continuar mi acción de entrar y salir de su ano, encendí el motor del vibrador morado con mi mano libre y lo conduje hacia su miembro desprotegido.
Este acto hizo que su carne goteara líquido preseminal y se contrajera, como si estuviera a punto de alcanzar el clímax. Él gimió más fuerte y sentí que el caramelo se movía de su sitio porque sus sonidos comenzaban a ser nítidos.
—Será mejor que no te atrevas a tragar ese dulce o escupirlo, Jairo... —aferré con más fuerza el cuerpo del vibrador contra su miembro, al percibirlo cada vez más tenso—. O te aseguro que lo que viene después no será divertido para ti, pequeño.
Jai se quejó con un sollozo sordo detrás de la venda.
—No quiero volver a escuchar una sola palabra vulgar de tu boca en las próximas sesiones. Cuando yo diga que pares, debes detenerte de inmediato, como lo haría un buen chico obediente —continué al escuchar su llanto contenido—. ¿Quedó claro el mensaje?
Arqueé aún más mis dedos en el interior de su canal, al masajear el punto exacto de su placer.
—Escupe el caramelo ahora mismo y di las palabras: Lo siento mucho, señor.
Jai obedeció en el acto, al dejar caer el dulce para continuar con su llanto en el sitio. Estaba a un instante de llegar al clímax debido a la estimulación combinada.
Con el vibrador encendido a su máxima potencia, di un par de vueltas sobre el glande de su miembro y lo aparté; ahora, lo dirigí hacia su entrada anal.
Fue allí que lo obligué a introducirse de forma parcial en su ano, lo que permitió que la vibración interna lo desestabilizara.
Él se retorció debido a las cadenas y yo pasé a posicionarme delante suyo.
Lo admiré en toda su extensión: se encontraba humedecido por el sudor de la escena, sus cabellos oscuros estaban desordenados sobre su frente, su boca se abría de forma jadeante en busca de aire y la presencia de la venda en sus ojos volvía el panorama mucho más perverso para mis ojos.
Con aquella imagen mental grabada en mi cerebro, liberé mi propia erección de los pantalones de vestir y comencé a masajearla con fuerza frente a él, al admirar la belleza de mi sumiso; esas costillas marcadas, ese ombligo que subía y bajaba debido a la agitación.
Bombeé mi miembro desde la cabeza hasta la base con movimientos rápidos, lo que mojó con mi abundante fluido toda la extensión de mi carne. El vibrador anal enloquecía la psicología de Jairo.
—Por favor... se lo ruego... ¿puedo llegar al clímax de una vez, señor? ¡No aguanto más! —suplicó el muchacho envuelto en un llanto de puro éxtasis.
—Aún no tienes mi autorización para hacerlo, Jai —le dije con una voz tranquila y pausada, mientras continuaba con la estimulación de mi propio miembro con una intensidad frenética frente a su rostro.
Él continuaba con sus gemidos en la cruz de madera.
—Llega al clímax de una vez, cachorro... te lo ordeno —le mandé con mi último aliento de cordura, al acercarme a su posición—. Libérate sobre el cuerpo de tu amo en este instante.
El chico se retorció con violencia entre los grilletes y, al dejar escapar un grito agudo que rasgó el aire de la habitación, cubrió la superficie de su propio vientre plano y parte del mío con una sustancia espesa.
Aquel orgasmo en particular, que fue intenso y devastador para su sistema por el hecho de ser prostático, se convirtió desde ese segundo en mi preferido de toda su vida conmigo.
Aquella visión fue el detonante suficiente para venirme yo también de forma violenta.
—Buen chico... eres un excelente sumiso, Jai —le alenté con voz ronca justo antes de inclinarme hacia adelante para arrancarle un beso tenaz y profundo, al rozar nuestra piel en la cercanía física.
Su lengua húmeda recibió la mía de forma agradecida, mientras yo continuaba con el movimiento manual hasta depositar la última gota de mi fluido sobre su piel.
—Eres un buen chico —repetí, al recuperar el aliento.
Retiré con suavidad la venda negra de sus ojos de modo que pudiera verme en la penumbra de la mazmorra, al notar que sus pupilas se encontraban dilatadas por la descarga de endorfinas. Sus ojos estaban mojados por las lágrimas del dolor y el placer combinados.
—¿Volverás a atreverte a usar palabras vulgares frente a mí en esta casa, Jairo? —pregunté, al observarlo con fijeza.
—No, señor... jamás lo volveré a hacer, se lo prometo —respondió en un susurro agotado y carente de fuerzas.
Sonreí con satisfacción, al dejar otro beso suave sobre su frente perlada de sudor.
◆◆◆
De vuelta en el presente de la cafetería universitaria, el teléfono celular vibró en mi mano, lo que me trajo de regreso de mis recuerdos eróticos.
️Jai: