24 Archer
ARCHER
La gente siempre dice que el tiempo vuela, pero cuando estás preparando una boda en el extranjero, el dicho adquiere un significado completamente nuevo.
En nuestro caso, el tiempo ha desaparecido en un abrir y cerrar de ojos.
Pero cada instante que hemos pasado juntos es valioso.
No podría querer más a Carlotta, y cada día a su lado es una nueva aventura.
Una que siempre estoy deseando vivir.
Soy un tío bastante relajado en lo que respecta a los detalles de la boda, así que le digo que elija exactamente lo que quiera.
Sin embargo, en cuanto a las armas y las operaciones, necesito conocer hasta el más mínimo detalle al dedillo.
Aunque le digo que elija las flores, la comida y la decoración que más le gusten, Carlotta se asegura de incluirme en todo.
—Este también es tu día —me dice.
—Lo sé, cariño, y me encanta que también quieras mi opinión. Pero solo quiero que seas feliz.
—Damon, podríamos casarnos mañana en el juzgado y a mí me parecería bien.
Dios, cómo quiero a esta mujer.
El plan es pasar unas semanas de más en Sicilia.
Llegamos antes para ocuparnos de los últimos detalles de la boda y luego pasaremos el resto del mes con su familia y celebraremos la Navidad.
Después, me llevaré a mi preciosa novia en un vuelo a través del mar Jónico y nos iremos de luna de miel a las hermosas islas Jónicas, frente a la costa de Grecia.
Sinceramente, no creo haber deseado nunca tanto algo como las dos semanas que tendremos a solas, solo nosotros, explorando las islas, relajándonos y teniendo tanto sexo que posiblemente muramos de un orgasmo.
Quizá exploremos también el continente. Lo que ella quiera hacer.
Mientras haya una cama cerca, a mí me parece bien.
Casi sin darnos cuenta, estamos en el jet privado de la familia Rossi, rumbo a Sicilia.
Angelo y Blake también han decidido venir antes, y es agradable tener compañía.
Me cae muy bien el hermano pequeño de Carlotta porque siempre está contando alguna historia divertida y haciéndonos reír.
Creo que, de todos sus hermanos, ella y Angelo son los que más se parecen.
Blake, la mujer de Angelo, espera gemelos, así que pensaron que sería bueno adelantarse para que ella se relajara.
Cada día está más grande y se encuentra bien, pero no puedo decir que los envidie.
Un solo bebé ya sería bastante difícil. ¿Pero dos?
Tampoco será el único par de gemelos. Vin y Hannah tienen dos niñas gemelas, Rosa y Bianca, que son unos angelitos.
Pero he de decir que saber que los gemelos son cosa de familia me pone un poco nervioso.
El viaje en avión a Sicilia se pasa rápido porque hablamos la mayor parte del trayecto. Nunca he estado en Sicilia, y Blake tampoco, así que los dos estamos deseando llegar.
—Te va a encantar —dice Carlotta con entusiasmo—. Diciembre en Sicilia es la época más bonita del año.
—Me has contado tantas cosas que ahora estoy deseando verlo con mis propios ojos.
—Voy a llevarte a todas partes para que lo vivas todo —me dice, apretándome la mano.
Lo único que me pone un poco nervioso es conocer a sus padres.
Quizá sea una tontería, y sé que ya tengo el permiso de su padre por teléfono, pero soy un romántico y quiero asegurarme de que le parezco bien.
Que le parecemos bien. El último mes ha sido un torbellino, y la forma en que nos metimos de lleno en la vida del otro podría hacerle dudar de mis verdaderas intenciones.
Sin embargo, quiero a Carlotta más que a nada en este mundo, y me aseguraré de que sus padres lo sepan.
Tras aterrizar sin problemas en el pequeño aeropuerto, Angelo y yo cogemos todo el equipaje mientras las mujeres bajan a ver lo del coche.
—¿Estás preparado para esto? —pregunta Angelo, mirándome mientras me cargo con todas las maletas que puedo.
Me detengo y lo miro. —¿Preparado para qué? ¿Para el matrimonio?
—¡Para todo, tío! Vas a casarte con mi hermana, que es pura dinamita, a formar parte de una familia grande y loca, estás a punto de conocer a mis padres, a punto de convertirte en padre probablemente…
—Eh, para el carro —digo, levantando una mano y riéndome—. ¿Estás intentando asustarme? Vamos por partes, por favor.
Me río, pero sé que tiene razón. Son muchos cambios en muy poco tiempo.
Pero estoy preparado. De hecho, nunca he estado más preparado.
Por primera vez en mucho, mucho tiempo, tengo un montón de cosas nuevas y emocionantes por delante.
He estado centrado únicamente en los negocios desde que tengo uso de razón, y mi vida personal se resintió mucho, hasta el punto de que creía que no podía tener una relación seria ni nada más allá.
Pero Carlotta me enseñó que sí podía y que tengo mucho más que ofrecer de lo que jamás me había dado cuenta.
—Creo que solo estás proyectando —bromeo—, porque tu mujer está a punto de tener gemelos y eso es mucho que asumir de golpe.
—Joder, Archer, ahora el que me va a asustar eres tú.
Nos reímos mientras sacamos el equipaje por la puerta y bajamos por la escalerilla.
Es agradable tener un amigo con quien hablar de estas cosas.
Aunque tenía a mi equipo de tíos mientras estuve en el ejército, perdimos el contacto cuando todos siguieron adelante y formaron sus familias.
Pero Angelo y yo parecemos tener mucho en común y nos llevamos bien, lo cual es genial.
Cargamos el equipaje en el todoterreno que nos espera. Las chicas parlotean sobre todos sus planes, y como todavía queda más equipaje, Angelo y yo hacemos un segundo viaje. Creo que lo único que Carlotta no ha metido en la maleta ha sido la casa a cuestas.
—Cariño, está claro que no viajas ligera de equipaje —comento, hundiéndome por fin en el asiento a su lado una vez que estamos todos listos para irnos.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—Más te vale acostumbrarte. Aunque no fuera una boda en el extranjero, me seguiría gustando traerme de todo. Nunca sabes lo que te puede hacer falta.
Esbozo una sonrisita, me inclino y la beso.
No tardamos mucho en llegar a casa de sus padres, y esa descripción es quedarse corto.
La enorme casa, rodeada de viñedos interminables, es más bien una extensa villa campestre.
Es preciosa y posee un encanto del viejo mundo que te invita a abrir una botella de la bodega privada de los Rossi, a sentarte en el patio trasero y a empaparte del ambiente.
Además, está adornada para las fiestas. Hay tantas flores de Pascua en el gran porche que es imposible contarlas, hay coronas en cada ventana y veo luces colgadas de los árboles.
Seguro que de noche tiene un aspecto espectacular.
También es un poco intimidante, y Carlotta debe de notar mis nervios, porque se acerca y me pone una mano tranquilizadora en el brazo.
—No te pongas nervioso —susurra—. Vas a encantarles.
Le miro los gráciles dedos y veo el gran diamante de talla cuadrada destellando.
Es imposible no verlo. Cuando fuimos a comprar el anillo, prácticamente saltó del expositor y exigió que lo compráramos.
Y aunque ella decía que no necesitaba un pedrusco descomunal, noté que le encantaba.
Así que se lo compré y se le iluminó la cara.
Me dijo que no se lo quitaría nunca y, que yo sepa, no lo ha hecho ni una sola vez desde que se lo puse en el dedo.
Ahora, voy a añadir una alianza de boda y a sellar el trato. Estoy impaciente. ¿Quién demonios soy?, me pregunto, reprimiendo una risita. Ah, sí, soy un hombre enamorado. Desesperadamente, hasta las trancas, de los que harían cualquier cosa por hacerla feliz.
Mientras bajamos del todoterreno, la doble puerta principal se abre de par en par y veo por primera vez en persona a Salvatore y Carmela Rossi. Y mis hombros se relajan, la ansiedad desaparece mientras Carmela se apresura a abrazarme antes que a nadie. Luego abraza a Blake. Luego a sus hijos.
No estoy seguro de lo que Carlotta le ha contado a su madre sobre mí durante sus llamadas telefónicas privadas, pero el hecho de que haya venido a mí primero y me haya rodeado con sus brazos sin dudarlo me oprime el pecho de emoción.
Por tonto que parezca, lo necesitaba. El consuelo, la aceptación, el amor…
Todo significa tanto para un tipo al que ya no le queda familia ni amigos en la vida.
Bueno, «quedaba», me corrijo. Porque ahora mi vida está tan llena que prácticamente rebosa.
—Que lo sepas —dice Carmela—, voy a llamarte Damon, no Archer como hacen mis hijos.
Me río.
—Puedes llamarme como quieras —respondo y paso un brazo por la cintura de Carlotta, acercándola a mí. La necesito a mi lado, necesito sentir su calor y su apoyo. Conocer a sus padres es algo muy importante y no quiero meter la pata.
—Mamá, papá, me gustaría presentaros a Damon… oficialmente —añade, y todos se ríen.
—Es un auténtico placer —dice Carmela. Luego baja la voz y se inclina hacia su hija, como si le estuviera contando un secreto. Pero, por supuesto, sigo oyéndola—. Ay, Lottie, es aún más guapo en persona.
Mis labios se contraen ante el cumplido.
Salvatore extiende la mano y nos la estrechamos.
—Bienvenido a la familia, Damon —dice.
—Gracias, señor.
—Llámame Sal, como todo el mundo —me invita con voz ronca. Su atención se desvía hacia Blake—. ¿Y cómo estáis tú y mis nietos?
Blake rodea con una mano su abultado vientre.
—Ya dan patadas.
—Y la mantienen despierta toda la noche —añade Angelo, dándole un beso en la sien.
—Bueno, entrad y pon los pies en alto. Mela acaba de hacer galletas. Hay limoncello recién hecho y tenemos un spritzer especial sin alcohol para ti, Blake. Y para quien más le apetezca.
Le echa una mirada de reojo a Carlotta y trago saliva, sin que se me escape su intención. Pero Salvatore es un hombre que no se anda con rodeos ni se reprime.
—Cuanto antes empecéis a darnos nietos, mejor —afirma.
—¡Papá! ¿Podemos al menos casarnos primero? —exclama Carlotta, y yo me río. Está claro que la familia Rossi sabe cómo mantener las cosas animadas.
—Estamos practicando —murmuro.
—Oh, seguro que estáis practicando mucho —interviene Angelo.
—Cállate, Ang —dice Carlotta, pero sonríe de oreja a oreja—. Venga, te enseñaré dónde nos quedamos.
Me arrastra por el largo pasillo lleno de ventanas y no puedo sino imaginar lo agradable que debe de ser en los meses de verano con las ventanas abiertas y la brisa soplando desde el viñedo.
—Este sitio es increíble —digo.
—Ni la mitad de increíble que tú.
Llegamos a una habitación y me mete dentro, cerrando la puerta rápidamente.
Antes de que pueda siquiera mirar a mi alrededor, se lanza sobre mí, besándome con fuerza.
Mis brazos la rodean automáticamente, levantándola, y sus piernas se enrollan en mi cintura.
Tras un beso muy largo y apasionado, nuestras bocas se separan.
—Llevo horas deseando hacer eso —afirma sin aliento, y yo sonrío con suficiencia.
—¿Ah, sí?
Me mordisquea el labio inferior, deslizando la mano entre nuestros cuerpos para cubrir mi polla ya dura. Cuando aprieta ligeramente, gimo.
—Estás jugando con fuego, cariño —le advierto.
—Estoy lista para arder —susurra, soltándome y restregándose contra mí—. Y, oye, tenemos la aprobación de mi padre, así que más vale que nos divirtamos un poco.
Me río.
—Bueno, en ese caso, no quiero decepcionar a mi nuevo suegro.
—No te lo aconsejo.
Dándome la vuelta, lanzo a Carlotta sobre la cama. Si me quiere, me tendrá. Sin previo aviso, salto encima de ella —con cuidado, por supuesto— y la beso hasta dejarla sin aliento.
Ah, tengo la sensación de que Sicilia va a ser maravillosa en muchos sentidos.
Y lo es. Cada momento que pasamos con la familia de Carlotta es precioso.
Para cuando llega todo el grupo para las fiestas, siento como si conociera a esta familia desde siempre.
Son tan cálidos y acogedores, rebosantes de alegría, amor y risas.
A veces, tengo que pellizcarme porque no puedo creer que sea real.
Están Miceli, una Alessia embarazada y el pequeño Nico; Vin, Hannah y sus niñas, Rosa y Bianca; Enzo, Gabriella y la pequeña Luna; Angelo y la pobre Blake, que tiene náuseas vespertinas a las seis en punto cada noche; Salvatore y Carmela, por supuesto, y nosotros.
Pasar de no tener familia a un gran círculo de parientes como este ha sido lo más fácil y lo mejor.
Me preocupaba que pudiera ser un poco abrumador, pero me han recibido con los brazos abiertos.
La víspera de nuestra boda, Carlotta y yo damos otro paseo por el pueblo para admirar la decoración navideña y visitar los mercadillos navideños.
Hay luces y flores de Pascua por todas partes, y nos detenemos para admirar los belenes vivientes, a los que ella llama presepi viventi.
Me encanta escucharla hablar italiano. Como el resto de su familia, lo habla con fluidez y suena precioso al salir de sus labios.
Unas velas iluminan la fachada de la iglesia y todo es tan mágico y pintoresco… como sacado de un antiguo libro de cuentos de hadas. Ambos observamos al bebé hacer arrullos en el pesebre y entrelazo mis dedos con los suyos.
Sé que, un día, tendremos nuestro propio pequeño.
—Mañana por la noche a esta misma hora, estaremos casados —murmura ella.
—Estoy deseando que llegue el momento. Me has dado tanto por lo que ilusionarme, Carlotta. Mucho más… —La voz se me quiebra por la emoción—. Bueno, cosas que nunca esperé que ocurrieran.
Me vuelvo hacia ella para poder mirarla a sus bonitos ojos marrones.
—Gracias, mi amor. Por todo.
—Oh, Damon, no tienes que darme las gracias porque me lo has devuelto todo cien veces. Te quiero y estoy muy agradecida por tenerte y por nuestro futuro juntos.
—Te quiero, Lottie. Más de lo que jamás sabrás.
En algún lugar cercano, el sonido de gente cantando un villancico llena el aire. Con las luces parpadeando cerca y el aroma a pícea en el ambiente procedente de las ramas de hoja perenne dispuestas en el pesebre, atraigo a Carlotta a mis brazos y beso a mi chica con todo el amor de mi corazón.