45 Amber
Amber
Anoche no había podido pegar un solo ojo en toda la madrugada. Seguía dando vueltas y vueltas en la cama, de un lado al otro entre las sábanas, tratando de encontrarle una explicación lógica a mil dudas y dilemas que me azotaban la cabeza sin parar.
La cita con Soren había ido mil veces mejor de lo que jamás me habría atrevido a imaginar.
Pude ver y descubrir un lado de su personalidad que no conocía para nada y que, jamás me habría imaginado en un Alfa serio como él.
Había sido el caballero atento y educado que muestra ser siempre ante los demás, pero esta vez hubo muchísimo más.
Era gracioso, con una vena sarcástica sumamente entretenida.
No era para nada orgulloso como yo creía, sobre todo al admitir sin vergüenza sus propios miedos y, aun así, hacerles frente con valentía solo por verme feliz. A mí.
Tampoco tenía ningún tipo de problemas o prejuicios con los humanos; no los despreciaba en absoluto, así como tampoco a los niños o ancianos que nos encontrábamos en las filas de los juegos de la feria o que se cruzaban en nuestro camino sin aviso.
No protestó ni se quejó por ninguno de los contratiempos normales que encontramos durante la noche, como por ejemplo la fila casi interminable en los carritos de comida rápida, o si la mesa de madera estaba un poco sucia.
Únicamente miró con una furia contenida a aquellos que se burlaban despectivamente de mí o se impacientaban con mi andar lento, pero se limitó a fulminarlos con la mirada a la distancia, siempre atento a mis necesidades físicas y nunca dejándome sola para ir a discutir por orgullo.
Supongo que, debido a toda esa paz que me transmitió su presencia, mis dolores musculares habían menguado considerablemente al igual que las trabas en mi habla.
Ahora era mucho más fluida al articular, aunque seguía balbuceando torpemente de a ratos.
Y, muy a mi pesar, acababa de descubrir que ese molesto balbuceo solo me sucedía única y exclusivamente cuando Soren estaba presente a mi lado...
«¡Te pone completamente nerviosaaaa!», repetía en un bucle insoportable mi loba cantarina dentro de mi cabeza.
«¡Claro que no! ¡Es supernormal en mi condición hablar mal y trabarme!», le seguía diciendo una y otra vez, pero más para intentar convencerme a mí misma que a ella.
«¡Te gusta nuestro compañero! ¡Confiésalo de una buena vez!», su tono de voz seguía siendo exageradamente cantarino, alegre y feliz. Después de todo el sufrimiento que Soren nos hizo pasar con su rechazo, la muy traidora debería estar absolutamente furiosa con él.
«Eso no tiene ninguna relevancia. Al igual que yo, ¡deberías estar indignada por cómo nos trató!», mis intentos por sonar firme e indignada seguían fracasando estrepitosamente.
«Se está redimiendo de corazón, Amby, y tú le prometiste en el arroyo tenerle paciencia al darle otra oportunidad», dijo con autosuficiencia y satisfacción. «¡No puedes retractarte ahora! ¡Nos toca ser felices en algún momento de nuestras vidas!».
Ese anhelo profundo suyo —que, casualmente y para mi desgracia, coincidía al cien por ciento con el mío— hacía que mi férrea resolución flaqueara a cada segundo. Dejé escapar un profundo suspiro de resignación.
—¿Todo bien, Amber? —María me miraba con genuina preocupación desde el otro lado de la mesa.
Estaba reunida con todas las chicas en la cafetería de Carla. Hoy era finalmente el esperado día de la cata de los nuevos postres del mes. Y además de estar profundamente feliz por comer tantas ricuras juntas, la comida deliciosa me ayudaba a mantener la boca ocupada para no tener que hablar.
—¿Qué tal te fue ayer a la noche en tu cita? —Layla acababa de arruinar mi felicidad momentánea de un solo golpe.
La fulminé con la mirada con todas mis fuerzas, y ella simplemente me respondió con una exagerada expresión de cachorrito abandonado.
—¿Cita?
—¿Qué cita?
—¿Con Soren?
—¿Ayer a la noche cuándo?
—Ups... lo siento mucho... pensé que ya lo sabían... —Layla seguía hundiéndome en el barro de la vergüenza sin compasión.
—No se lo conté a nadie... —articulé, mirándola con el ceño fruncido—. ¿Cómo lo supiste?
—Alex vio a Soren justo cuando se iba manejando en la camioneta; como no es algo habitual en él salir en el auto de noche, le preguntó a dónde iba y Soren le dijo que iba a una cita contigo —explicó Layla, guiñándome un ojo de forma cómplice al final.
Sentía claramente cómo mis mejillas iban levantando temperatura hasta ponerse rojas.
—¡Jajaja! ¡Bastian siempre dice que sus amigos Alfas son un grupo insoportable de chismosos! —pensé que Cory iba a enloquecer de la furia o la sobreprotección con el tema, pero milagrosamente se lo estaba tomando de forma muy tranquila y divertida.
—¡Si que lo son! Es llegar a casa por las tardes y que Tyler comience a contarme con lujo de detalles todo lo que les sucedió a los guerreros con los que compartió el día, no importa lo insignificante que sea —aportó Amy con una sonrisa.
—En las reuniones semanales de Betas, primero se ponen al día con los chismes de la manada y, una vez que agotan todos los temas personales, recién ahí comienzan con los puntos oficiales a tratar en la orden del día.
Es algo bastante gracioso de ver, siempre y cuando no seas tú la víctima del chisme...
—agregó Carla quien seguía trayendo platos con porciones de manjares dulces mientras charlaba animadamente con nosotras.
«Si sigo comiendo a este ritmo voy a explotar».
«¡Aguanta un poco más, Amby! ¡Ahí veo que acaba de sacar de la cocina la bandeja con el Lemon pie!».
Por inverosímil que pudiera parecerle a cualquiera, mi loba era aún más glotona e insaciable que yo cuando de dulces se trataba.
—¿Y entonces? ¡Cuéntanos todo con lujo de detalles de una buena vez! —Amy estaba visiblemente ansiosa, como si se tratara de la crónica de su propia cita romántica.
—¿Fue amable contigo? ¿A dónde te llevó a cenar?
¿Qué hicieron exactamente? —Cory estaba genuinamente interesada, milagrosamente libre de esa vena sobreprotectora y posesiva que solía aparecer en ella cada vez que alguien mencionaba el nombre de Soren.
La miré fijamente durante un largo rato, evaluando su actitud relajada.
—Sigo sin ser la fan número uno de Soren, Amber, no te voy a mentir —admitió Cory, encogiéndose de hombros—, pero tampoco estoy ciega y veo perfectamente cómo realmente se está esmerando por compensarte todas las mierdas y desplantes que hizo anteriormente.
—Eso... y que Bastian la amenazó seriamente con irse a dormir al sofá lejos de ella si no se tranquilizaba un poco con ese tema de la venganza... —acotó María con un tono pícaro, mirando a Cory de soslayo.
—¡Oye!... Bueno, sí... eso también influyó un poco... —protestó Cory, sonrojándose.
Todas nos echamos a reír a carcajadas en la mesa, ya que en la sociedad de los lobos no era nada común escuchar que fuera el varón quien amenazaba con poner distancia física en la pareja.
Generalmente eran ellos los que se mandaban alguna metida de pata monumental y por esa razón les tocaba dormir en la cucha o el sillón hasta que aprendieran la lección.
Cuando logré calmar la risa, me dispuse a responder de la forma más escueta, neutra y sintética posible. Nunca me había gustado que todo el mundo estuviera enterado de mis asuntos íntimos.
—Me llevó a la feria del pueblo humano al oeste.
—¿Como esas ferias locales a las que nos colábamos a escondidas cuando éramos niñas? —a Cory le brillaron de inmediato los ojos de la pura emoción. No pude evitar responderle con una sonrisa sincera iluminándome la cara.
—¡Sí esas! En esta había juegos de tiro al blanco y también atracciones mecánicas. Primero comimos en los puestos y después nos subimos a algunas.
—¿Qué comieron?
—¿Fue romántico?
—Por favor dime que estuviste un poco más recatada a la hora de probar bocado... tus demostraciones de glotonería aquí en la cafetería no son para nada alentadoras... ¿alcanzó la comida para los demás visitantes o los puestos se declararon en bancarrota por tu culpa? —bromeó Amy.
—Ja. Ja. Muy graciosa, Amy... Probamos un poco de todo y sí, la gente que venía detrás de nosotros en la fila pudo comer...
—¿¿¿Y entonces??? ¿¿¿Qué más pasó??? —Layla ya no aguantaba la intriga.
—Ya les dije...
—¡Ah, no! ¡Eso sí que no, mi Luna! ¡No vas a despacharme con dos frases después de hacernos esperar! Empieza a contar con detalles qué pasó anoche o voy a decirle a Alex en este mismo instante que abra una investigación oficial —amenazó Layla en broma.
Todas las chicas sonreían abiertamente ante sus palabras y me observaban con expectativa, mientras que el rubor en mis mejillas seguía aumentando de intensidad a cada segundo.
Comencé a jugar nerviosamente con la cucharita de postre que tenía en la mano, fijando la mirada en el mantel.
—Bueno... fue muy protector... No me dejó sola ni un momento... y... cuando subimos a la rueda de la fortuna... nos besamos...
Mi voz al pronunciarlo fue apenas un suspiro tan bajo que pensé que ni yo misma lo había escuchado, por lo que me sorprendió enormemente cuando las cuatro mujeres al unísono soltaron un grito ahogado: ¡¿QUÉ?!
Cuando lograron recomponerse del shock inicial de la noticia, retomaron el riguroso interrogatorio sin piedad:
—¿Fue un piquito rápido o fue un beso apasionado de verdad?
—¿Fue satisfactorio?
—¿En serio le preguntas?
—¿Ya están juntos oficialmente como pareja?
—¿Ya te mejoraste del todo?
—¡O-oigan! No sé... No quedamos en nada ni hablamos al respecto... —mi cara estaba completamente en llamas, al punto de la combustión.
—Pero tú... ¿tú cómo te sientes con todo esto, Amber? —y ahí estaba Cory, interviniendo con sus preguntas profundas y complicadas.
—No sé... No sé qué pensar... Se me hace difícil olvidarme de todo lo que pasó... aunque... cuando estoy con él cerca la memoria empieza a fallar...
—Tómate todo el tiempo que necesites, Amber. No es necesario que hables de nada ni definas nada si no estás cien por ciento segura de cómo encarar el tema —me aconsejó Layla con dulzura.
—Layla tiene toda la razón. Soren sabe perfectamente que la cagó de forma monumental, así que estoy completamente segura de que te va a dar todo el tiempo del mundo sin presionarte —añadió Amy.
—Además, el simple hecho de que de a poco estés hablando cada vez más fluido y que tus dolores físicos hayan disminuido tanto es un claro indicio de que él dejó de hacer estupideces y finalmente puso la cabeza sobre los hombros —María siempre tenía las observaciones exactas y pertinentes.
—Con ustedes sí Con él ahora balbuceo... Anoche terminé hablando en el viento porque no podía hilar dos palabras de corrido...
«¡Eso es porque te recontra gustaaaaa!».
«¡Ya basta, pesadilla!».
—Date tiempo, hermana. No es solo tu cuerpo el que tiene que sanar después de todo. Tu mente y tu corazón también necesitan su propio proceso de sanación —dicho esto, Cory se levantó y me dio uno de sus hermosos, cálidos y sanadores abrazos de hermana feliz.