Sus amos alienígenas (Amos zandianos) Capítulo Siete #3
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Capítulo Siete #3

Jakk le separó las nalgas y le untó aceite.

—Le pondré el tapón hasta que esté lista para admitir lo que necesita.

Su coño se contrajo en vacío. El temblor en su interior no había cesado. La punta del tapón presionó su entrada trasera, y ella, sin querer, levantó el culo para recibirlo.

—¿Has visto eso? —la voz de Jakk sonó ronca.

—Lo he visto —Gav'n también sonaba excitado.

Gimió cuando el tapón la abrió al máximo y luego quedó en su sitio.

Pero Jakk no le dio tiempo a acostumbrarse. En su lugar, lo movió lentamente, sacándolo y metiéndolo, volviéndola loca.

Sus pobres nalgas ardían, pero le encantaba la sensación de tener el tapón dentro.

Forcejeó para liberar las manos, muriéndose por tocarse el coño.

—Nuestra chica se está poniendo necesitada —el timbre profundo de la voz de Jakk, la forma en que hablaba de ella con reverencia, la volvía loca por él, por más.

—Dime lo que necesitas, pequeña humana —exigió Gav'n con voz profunda y áspera.

—Necesito... —arqueó el trasero hacia Jakk, desesperada por más, aunque solo fuera estimulación anal—. Gav'n... Amo... necesito que tú...

Sentía los labios y la lengua hinchados. Temía babear sobre el sofá.

En un instante, Gav'n se levantó de la cama y se arrodilló junto a su cara, apartándole el pelo.

—¿Qué necesitas, pashika?

Ella se lamió los labios.

—Fóllame. Fóllame el culo. Por favor, Amo.

Su mundo se inclinó y giró cuando ambos hombres se movieron a la vez. Jakk la levantó y la pasó a los brazos de Gav'n, que la llevó a la cama y la colocó a cuatro patas. Le empujó entre los omóplatos, bajándole el torso hasta que la cara le quedó contra la cama.

—Separa esas piernas para mí, pequeña. Muéstrame ese culo travieso.

No sabía cómo las rodillas la sostenían, pero abrió más las piernas, presentando el culo de la forma más humillante posible.

Gav'n le dio una palmada en el coño.

—¿Crees que deberíamos tocarte aquí, niña traviesa?

—¡Sí! —jadeó.

Le dio otra palmada, más fuerte.

—¿Así?

—No... sí.

No estaba segura de lo que quería. Necesitaba desesperadamente que le tocaran el coño. Pero que se lo azotaran era otra cosa.

—Apuesto —dijo Gav'n, manipulando el tapón en su culo— a que si le chupas la polla a Jakk como es debido, él te tocará el coño y se asegurará de que quedes satisfecha mientras yo te follo el culo.

Se incorporó sobre las manos, girando la cabeza para buscar a Jakk.

La polla de Jakk se había puesto dura hasta doler, como solía pasarle con su pequeña humana. La forma en que ella lo buscaba ahora con los ojos casi le hizo gruñir en voz alta. ¿De verdad quería hacerle una mamada?

Era la única hembra que se lo había hecho jamás. Pero suponía que la habían excitado hasta la desesperación.

—Buena chica —murmuró Gav'n, recompensándola con un breve roce en el clítoris.

Jakk se desabrochó los pantalones y se acercó a la cama, deslizando su gran cuerpo frente a ella hasta que la polla le quedó a la altura de la cara.

Se abalanzó sobre él y forcejeó para liberarle el miembro de los pantalones.

La satisfacción lo invadió cuando ella bajó su exuberante boca sobre su miembro. —Mira —dijo con voz ahogada, agarrándole el cabello con el puño para guiarle la cabeza arriba y abajo—. Eres muy buena en esto.

Ella emitió un gemido que envió la vibración directamente a su miembro palpitante. Cerró el puño alrededor de la base de la polla y usó la mano para acompañar el movimiento de la boca, dando la impresión de tragársela entera cada vez que bajaba.

Él gimió.

Gav'n se lubricó la polla con generosidad. —No te desconcentres de mi hermano, Mira —advirtió—, o no tocaremos tu bonito coñito mientras te machaco el culo.

Jakk vio miedo genuino en su expresión y le acarició la mejilla. —No te preocupes, pashika. Gav'n sabe lo que hace. Estás a salvo con nosotros.

Ella volvió a chupar, con los ojos fijos en su rostro. ¿Suplicando clemencia? ¿O pendiente de su placer? Fuera como fuese, lo llevó al borde de perder el control. Embistió con las caderas, hundiéndole la polla en la garganta, incapaz de contenerse.

Ella no protestó. Con la mano libre le agarró el trasero, clavándole las uñas en la piel mientras se movía al compás de sus embestidas, apretándole la polla con una estrechez deliciosa.

—Así, Mira —gruñó.

Gav'n le frotó el glande contra el ano y, en lugar de protestar, ella se movió más rápido sobre la polla de Jakk, como si estuviera ansiosa por complacer.

Gav'n esperó, observando.

Agradeció mentalmente a su hermano que no interrumpiera aquel momento sacrosanto.

Mira chupó con más fuerza, las mejillas hundidas, los ojos azul verdosos muy abiertos y desesperados, como si su propia satisfacción dependiera de lo bien que se la mamara.

Se le tensaron los muslos; el semen brotó de su miembro. —Mira, sí —gritó, con estrellas bailándole ante los ojos.

Ella se tragó su semen, sin dejar de chupar como si le fuera la vida en ello.

Le ardieron los ojos. ¿De verdad se lo había ofrecido tan libremente?

No, la habían hecho sentirse obligada, eso era todo. Aun así, nada podía detener la oleada de afecto que sintió por su pupila.

—Pashika —murmuró, liberándose de su agarre y deslizándose hasta poder alcanzarle el sexo.

Resbaladiza de néctar.

A su chica le había gustado mamársela. ¿O era por Gav'n en su agujero trasero? Daba igual, le encantaba verla tan excitada. Le acarició lentamente la raja, deleitándose con el estremecimiento de placer que la recorrió.

Gav'n presionó contra su ano y ella se tensó.

Jakk le encontró el clítoris y se lo pellizcó entre dos dedos.

Mira jadeó y Gav'n aprovechó, penetrándola y deslizándose dentro de su estrecho canal.

Le agarró el cabello a Mira con el puño y le giró la cabeza hacia él, con una mejilla presionada contra la cama. Tenía los ojos muy abiertos y asustados, los dedos aferrándose a las sábanas.

—Ábrete para Gav'n, pashika. Cuando te portas mal, tu culo nos pertenece. —No era cierto. Si ella no lo hubiera pedido, Gav'n no la habría forzado, pero ella no necesitaba saberlo. El asunto de su obediencia selectiva requería dominancia y disciplina constantes.

Su dulce boca se abrió y un gemido ahogado escapó de su garganta mientras Gav'n le llenaba el culo con toda la polla.

Jakk le metió un dedo en el coño y ella empezó a emitir sonidos cortos y guturales, como un animal en celo. —¿Te gusta que te llenemos los dos, pequeña?

—Ugn... ugn... ¡oh! —jadeó.

Le encantaban esos sonidos. —Chica traviesa. Hoy desobedeciste a tus amos. —Hundió el dedo con un movimiento de rosca.

—Lo siento —jadeó—. Necesito... ¡ugn!

Gav'n entraba y salía, y Jakk sincronizó las embestidas de su dedo en el coño de ella con las retiradas de su hermano.

—Por favor —gimió.

—Silencio, chica traviesa. No tendrás satisfacción hasta que Gav'n te haya follado largo y tendido.

El coño de ella se contrajo alrededor de su dedo, y saber que su tono dominante la había llevado al primer orgasmo le produjo placer. Ella sí anhelaba que la dominaran, por mucho que protestara.

Sin embargo, Gav'n parecía al límite, así que su dulce humana no tendría que esperar mucho. El sudor le perlaba la frente, probablemente por el esfuerzo de contenerse. Habían hablado del peligro de hacerle daño en el agujero trasero si eran demasiado bruscos.

—Mala, mala chica —gruñó Gav'n, embistiendo hondo con cada palabra. Le agarró las caderas para inmovilizarle la pelvis mientras su carne golpeaba contra el trasero rojo y castigado de ella.

—Lo siento —balbuceó—. Fui mala... tan mala... sí, fóllame duro... ¡oh Dios!

Jakk encontró el punto rugoso en la pared interna de su canal y lo frotó, haciéndola gritar y perder el control; los músculos se le contrajeron alrededor del dedo una vez más.

El rostro de Gav'n se contorsionó al correrse y le soltó las caderas, aplastándola contra el colchón con su última embestida orgásmica.

Jakk le movió el dedo mientras las réplicas recorrían a su chica, aplastada en la cama bajo su hermano. Con los ojos cerrados, la boca abierta, el cabello enredado en un halo salvaje a su alrededor, era lo más hermoso que había visto en su vida.

Y era suya.

Ojalá aceptara su lugar junto a ellos.