7. Un supramundo feliz #4
—¿Sabes cuántos minutos tardaría en hacer el papeleo legal para que el miembro conocido como Crisis dejara de formar parte del grupo?
Recuerda que estás aquí porque yo te facilité el acceso.
Y mantienes el puesto porque yo adorno mis informes con respecto a tu actuación en nuestras misiones.
Algunas de tus operaciones, amparándote en la Ley de Aserción Púrpura, podrían haberte comprometido de no haber sido por mi pequeña aportación como supervisor del grupo.
Así que, si no quieres escuchar a tu hermano mayor, quizá el jefe de Facción Zero podría tomar cartas en el asunto.
¿Qué me dices? ¿Eh? ¿En serio no sabes cuánto tardaría en hacer ese papeleo que convertiría a la dama conocida como Crisis en exmiembro del grupo?
Mi hermana pequeña tragó saliva y advertí su cambio de actitud: se mostró más dócil y tranquila. Con una mano buscó la otra y empezó a restregárselas con nerviosismo.
—Bueno, Julek, yo… —tosió un poco y se aclaró la garganta con torpeza— no creo que haya que ponerse tan…
—Te he hecho una pregunta, Crisis.
Inga adoptó la posición marcial de firmes.
—Supongo que tardarías menos de cinco minutos.
—Cinco minutos. Sí. Podría ser. El documento oficial ya está redactado.
No serías el primer miembro del equipo a quien saco de este edificio para no volverle a ver.
Sólo tendría que poner la fecha, tu nombre de pila y tu apellido en la línea de puntos, tu nombre clave más abajo y mi firma al final del documento.
¿Cinco minutos? No sé, Inga, puede que menos.
Y te juro que no volverías a pisar esa moqueta de color salmón de ahí fuera. ¿Lo pillas?
—Sí.
—¿Lo pillas?
—Sí, en serio, Julek. No volverá a pasar.
—De hecho, en cualquier caso, debería despedirlo a él. Es tan responsable como tú.
Inga se abalanzó sobre mí, enseñándome las palmas de las manos, como un atracador de bancos que se entrega a las fuerzas especiales que le aguardan en el exterior. «Por favor, no disparen.»
—¡No lo hagas!
—¿Qué te importa? No es algo serio, ¿verdad? Citas rápidas y rollos calientes. De eso va todo esto. Es tu filosofía de vida. Ves a un supercompañero con ese traje tan prieto y te mueres de ganas de quitárselo. —Cuando vi a Inga bajar la vista al suelo me temí lo peor—. O ¿es algo más?
—Yo… Nunca he sentido nada como esto, Julek. Te lo prometo.
—Oh, por favor. Él es el elegido. ¿Vas a decirme eso?
—¡Pues sí! Realmente lo es. Es el hombre que siempre he estado buscando. —Lo meditó un par de segundos—. Que había estado buscando sin saberlo.
—Vaya, vaya, así que es especial.
—Sí, lo es, Julek.
—Tiene encanto.
—Más que eso. Para mí, lo tiene todo.
—Y, además, Inga, resulta que ya está despedido. ¿Qué te parece? Acabo de salvar tu relación. Quién sabe, puede que encaje con los Protectores. Así no habría impedimentos para vuestra relación. Podemos salir con otros supras, siempre que sean de otros grupos. ¡Enhorabuena!
—Por favor, Julek, te lo pido por favor. Te lo ruego. De hermana a hermano. Escúchame, ¿quieres? No le eches. No volverá a ocurrir dentro de las instalaciones. En serio. Confía en mí. Te prometo que hablaré con él y… Te suplico que me hagas caso. Esto es lo único que tiene. No puedes despedirle.
Adopté una pose viril y apliqué el tono de voz que usaba con los enemigos con quienes me enfrentaba.
—Esto no es lo único que tiene. También te tiene a ti. Va a tener que elegir una de las dos cosas.
—No va a tener que elegir nada. Lo nuestro se acabó. Lo hablaré con Tip esta misma noche. Lo solucionaré. Puedes confiar en mí.
Por un momento me quedé pensando en quién demonios era Tip. Mi cerebro se esforzó en recordarlo. Tip Lassard. El nombre civil de Púlsar.
Reconozco que, por lo demás, no confié en ella.
Creía saber cómo funcionaban estas cosas.
Se apalabraba un cierto distanciamiento, pero luego seguirían pasando muchas horas demasiado cerca el uno del otro.
La pasión y el arrebato de ciertos momentos de tensión con villanos de gran calibre podrían conducirlos a otro frenesí incontrolable.
Acabarían consumando donde fuera. En el Skyzenith, de camino a la base, en mitad del firmamento, bajo un árbol.
Y el aburrimiento de los periodos tranquilos tampoco es amigo del celibato.
Durante una patrulla aburrida o una larga vigilancia la gente se quitaba la ropa con suma facilidad.
—No me decepciones, Crisis. Te recuerdo una vez más que, si quedas en mal lugar, yo quedo en mal lugar.
—Te he dado mi palabra de que lo solucionaré.
—Si hubiera otra forma de conseguir nuestro mundo perfecto…
Ella resopló, supuse que harta de volver a oírme sacar el tema. Yo era muy insistente, debo admitirlo. Si bien todo aquello lo hacía por ese ideal, el mundo idóneo que planeaba alcanzar… La era de las Maravillas.
—Sí, ya lo sé. Tu utopía. El trabajo de Moisés.
—No me gusta que lo llames…
Una alarma activó mi brazalete con funciones electrónicas. La pantalla se llenó de información cifrada. Por el momento, había terminado con Inga. Tenía otros asuntos que atender.
—¿Ocurre algo? —me preguntó.
—No. Nada importante.
En realidad, sí era importante. Acababa de recibir un mensaje. Debía llamar a alguien de inmediato.
Imaginarme a mi hermana retozando con Púlsar en su estado normal (imaginarlo con su piel energetizada me enfermaba) me molestaba menos que la de ella transformada en la discípula destacada de Shuriken. Aunque todo aquello eran asuntos que debía pensar más adelante.
—Muy bien —dije dirigiéndome hacia la puerta—. Ahora, vístete con las escamas. Voy a convocar una reunión.
Inga estuvo a punto de decir algo a mi espalda, pero prefirió no hacerlo. De algún modo, siempre era mejor así. Había quedado todo dicho.
Por esa vez.