Superstición: El poder de la mafia (La mafia más oscura 2) 76 El interrogatorio
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76 El interrogatorio

BLAKE

Abracé a mi madre y le dije a mi tía que Giordano había sido herido. Mis abuelos, mi madre, tía Bianca y yo corrimos en su busca, no sin antes pedirles a mis hombres que se encargaran del cadáver de Scarlett. El médico, amigo de tío Agostino, lo estaba visitando en su habitación.

—Son solo contusiones, Agostino. No os preocupéis —informó, guardándose el estetoscopio en su maletín—. Vigilad si le duele más de la cuenta o si sangra, así sabremos que hay hemorragia interna. —Se volvió hacia mi primo—. Cuídate, Giordano.

Respiramos con cierto sosiego, aunque no el suficiente.

Todavía teníamos que contarles a todos la implicación de John, y encontrar a Vera y a los Léoni para terminar de hacer justicia.

Martia estaba cogiéndole la mano a mi primo y me reconfortó el gesto.

Aunque su hermana nos hubiera traicionado, seguíamos teniéndola a ella, a Zia y a mis padrinos.

Ellos tampoco estaban de acuerdo con la actitud que Petra nos mostraba siempre que podía.

Me acerqué a la cama, puse una mano en la cabeza de mi primo y lo acaricié.

—Giordano —dije. Estaba flotando entre la consciencia y la inconsciencia. El médico le había dado un calmante.

—Blake —pudo pronunciar y esperé que en mis ojos viera una batalla ganada.

—Descansa, cariño. —Le di un beso en la frente, como tantas otras veces me lo había dado él a mí—. Tía Bianca, ¿dónde está Cósomo?

No había visto a mi primo en lo que me pareció un siglo y, con todo lo ocurrido, tampoco había reparado en él hasta el momento.

—No lo sé. No lo veo desde antes de que nos sentáramos para la cena.

—Lo dejé saludando a Xesco —todos hicimos una mueca al escuchar a Martia pronunciar ese nombre— antes de ir a buscar a Giordano para presentárselo —explicó con voz apagada.

Eso me preocupó. ¿El Léoni le habría hecho algo a mi primo?

Fui a buscarlo a su habitación, pero no estaba.

Volví sobre mis pasos para coger el móvil que estaba en mi habitación.

Ningún mensaje. ¿Dónde estaría? Él no era de los que se perdían la acción ni de los que se iban sin decir a dónde.

Estaba muy preocupada y no sabía dónde más buscarlo, así que marqué el teléfono de Álex.

También tenía que informarlo sobre lo que había escuchado decir a Vitorio. Todos los Cabante estaban en peligro.

Sonaron casi seis tonos hasta que me atendió el contestador. Todo era demasiado raro. Busqué el teléfono de Romano en el mensaje que le mandé de parte de Cósomo, y que aún no había borrado, y lo marqué.

—¿Blake? —contestó con la inquietud instalada en su voz.

—Sí, perdona que te moleste, pero no encuentro ni a Álex ni a Cósomo. ¿Tú sabes algo?

—Blake, Álex piensa que Cósomo nos ha traicionado y hace casi una hora que no sé nada de ellos. Iba a interrogarlo.

¿Cómo podía ser aquello? ¿Otra afrenta? ¿Para eso había venido Álex a mi fiesta? Pero ¿qué motivo tendría para pensar que mi primo traicionaría a su exnovio o a ningún Cabante?

Cósomo adoraba a Álex y amaba a Romano, por mucho que él se empeñara en negarlo.

—¿Dónde están?

—He localizado el móvil de mi hermano. Siguen en vuestra casa. No sé en qué parte, pero Bass y yo ya vamos de camino.

Yo sí sabía dónde estarían: en la alacena.