64. CAPÍTULO 64
Miro hacia el horizonte, observando el precioso atardecer. Ahora mismo tengo sentimientos encontrados, un sabor agridulce, es el último atardecer que vamos a poder ver juntos Lía y yo en mucho tiempo, nos quedan apenas unas horas de vacaciones
—Mañana todo volverá a ser como antes —digo con tristeza.
—No es verdad, después de esta semana es imposible que nada vuelva a ser como antes —responde Lía, cogiéndome de la mano.
—¿Se lo has dicho a tus padres? —mientras pronuncio estas palabras, siento un vacío en el estómago.
—Aún no —responde Lía—, pero mañana mismo lo hago. No he tenido nada de tiempo y no quería discutir con ellos estando de vacaciones… —dice rápidamente al ver la preocupación en mi rostro.
—¿Por qué ibas a discutir con ellos? —pregunto tímidamente.
—Verás, mi madre sé que me apoyaría pero, con mi padre… Digamos que no te vería con buenos ojos —dice Lía casi en un susurro, como si no quisiera decírmelo.
—¿Y eso? Tienes casi veintiséis años, no es que necesites su consentimiento para salir con quien tú quieres —digo, acariciando su mejilla con mi mano.
—Ya puedo tener cincuenta años, que siempre seré su niña… Al no formar parte del mismo mundo que yo, seguramente te vea como el típico tío que se quiere aprovechar de mí y usarme de trampolín… —dice Lía, apoyándose en mi mano, mirándome con ternura.
—De trampolín para hacerme famoso, claro —digo, completando la frase de Lía.
—Exacto. Y aunque yo sepa que tú no eres así, él no lo va a saber. Aunque le diga que te quiero porque me haces sentir normal, y porque haces que estar enamorada de ti sea sencillo, sin dramas innecesarios, él va a querer asegurarse a su manera… —dice Lía preocupada.
—Pues lo mejor para este tipo de casos es ir a por todas, ¿cuándo quedamos con ellos? —digo con seguridad.
—Alonso, mi amor, no es tan sencillo, aún no estás preparado para pasar el examen de los Romero.
Me ofende que piense eso, me ofende que su padre sea tan elitista.
Su hija se ha hecho a sí misma desde abajo, ¿cómo puede despreciar a alguien que viene del mismo lugar?
No estoy preparado para su familia, para la prensa…
Algo en mi interior se enciende como un volcán y, en menos de un segundo, me hace erupcionar.
—Lía, respeto tu opinión en un tema en el que sabes mucho más que yo pero, no soy un niño pequeño al que debes proteger.
Soy tu pareja, soy tu novio, no me tienes que proteger de todo.
Es más, diciendo estas cosas me da la sensación de que no quieres protegerme, solo ocultarme, y eso, sinceramente, me enfada bastante.
Me da a entender que no soy suficiente, que no doy la talla —digo lo más calmado que puedo.
—Alonso, no es por eso, lo sabes. Te lo he dicho mil veces, realmente es por protegerte —dice incorporándose en el banco.
—Eso dices, y puede que en cierto modo lo pienses. Pero, Lía, no te autoconvenzas tampoco de que es solo por protegerme, lo haces porque te da miedo lo que opine el mundo. Ni siquiera tú estás segura de que esta relación sea lo mejor para ti —digo con un dolor cada vez más fuerte en el pecho.
—¡Eso sí que no te lo permito! —dice bruscamente Lía, separándose de mí en el banco—. Puede que tenga miedo, sí, pero no te voy a permitir que dudes de que te quiero.
—Me puedes querer con todo tu corazón, pero pensar que no va a salir bien.
—Alonso, me estás calentando y no precisamente como me gusta que lo hagas —dice Lía enfadada.
—Me tratas como a un crío que no sabe nada. Princesa, déjame contarte algo, tengo cuatro años más que tú y sé más de la vida de lo que has podido aprender. No a todos nos trata la vida tan bien como a ti —digo furibundo, mirándola.
—No sabes nada de todo por lo que tuve que pasar para convertirme en lo que soy ahora —escupe Lía.
—Ni tú sabes lo que he tenido que luchar yo contra el mundo para convertirme en lo que soy ahora —digo con rabia en los ojos—, no sabes lo mucho que he tenido que luchar conmigo mismo para poder estar aquí amándote por encima de todo, sin prejuicios —digo con amargura—, para que ahora tú me menosprecies tratándome como a un niño.
—Alonso, la prensa es despiadada, no te trato como a un niño. Te quiero con todo mi corazón y lo que no quiero es que te puedan hacer daño.
—Mira, Lía, el tema prensa lo entiendo, no sé tanto como tú, está clarísimo.
Me jode no poder hacer cosas juntos sin tener que ocultarnos, pero lo acepto porque te quiero y la fama es parte de ti, aparte de que es temporal, hasta que se publique el disco.
Lo que no entiendo es que con tu familia sea igual.
Que le den al mundo si piensa que no debemos estar juntos, te hice una promesa —digo señalando el tatuaje— y la voy a cumplir.
Voy a luchar contra todo el que diga que no va a funcionar, incluso aunque sea yo mismo el que lo piense, pero somos un equipo.
Si no estamos en el mismo barco, dímelo, porque si tú no estás segura de esto, nada tendrá sentido.
—De qué otra manera quieres que te lo diga. No te vale con el disco entero que estoy grabando, necesitas algo más para estar seguro de que te quiero por encima de todo —dice Lía con lágrimas furiosas en los ojos.
—Tus canciones dicen una cosa, pero tus acciones dicen otra —suelto cortante.
—No me lo puedo creer…
—Pues empieza a hacerlo. Por muy estrella que seas, no voy a ceder por miedo a perderte, porque yo no me he enamorado de la superestrella, yo me he enamorado de la Lía que se sentó en este banco conmigo y se olvidó de lo que era, simplemente para ser junto a mí —digo con furia y tristeza a partes iguales.
—En serio, ¿es así como quieres pasar las últimas horas de nuestras vacaciones? —dice Lía, rompiendo a llorar de rabia—, ¿discutiendo?
—No, quiero pasar las últimas horas de nuestras vacaciones besándote, pero necesito que entiendas que soy mucho más de lo que te crees —digo intentando calmarme— y que estoy más que preparado para cualquier cosa que me eches encima, tu padre o la prensa, como si me tiras ahora mismo al vacío…
—Alonso, no quiero que aún conozcas a mi familia… ¿Es lo que querías oír? —dice Lía sollozando.
—Pues lo prefiero antes de que me mientas diciéndome que es por protegerme —digo con el corazón herido.
—No es que no seas suficiente, te lo aseguro, eres lo mejor que me ha pasado en la vida…
—Pues dime entonces por qué para ti, que la familia es un pilar en tu vida, no quieres que me conozcan —digo con la garganta cerrándose cada vez más y las lágrimas asomando en mis ojos.
—Porque… Porque… —apenas le salen las palabras.
—Lía —susurro.
—Ahora mismo soy feliz. Sé cómo es mi padre y no quiero que esas dos partes de mi vida estén enfrentadas. Te quiero demasiado como para que eso nos separe —confiesa en un hilo de voz.
Siento cómo un peso se deshace en mi espalda. Me acerco a Lía y la abrazo, en el momento en el que mis brazos rodean su cuerpo, nos derrumbamos. No siento tristeza ni frustración, siento cómo otro muro acaba de caer.
—Alonso, eres mi oasis en mitad del desierto de la fama. No quiero perderte por nada del mundo, que por culpa de mi familia te conviertas en un espejismo y desaparezcas.
—Me llevas en la piel, no te vas a librar de mí fácilmente —digo besándola dulcemente.
—Perdóname… —dice Lía, secándose algunas lágrimas.
—Perdóname tú por presionarte… Cuando quieras y estés preparada daremos ese paso —digo acariciando su mejilla—, pienso recorrer todo el camino junto a ti.
—No quiero volver a discutir así contigo —dice Lía vulnerable.
—Ni yo. Pero hay veces que hace falta, mi amor. ¿Qué sería de nosotros si solo fuéramos felices? Qué aburrimiento, ¿no? Además, ¿sabes lo mejor de este tipo de discusiones?
—¿Qué? —pregunta Lía inocente.
—El sexo de reconciliación —digo sonriendo con perversión.
—Pues hoy no va a ser, tengo el periodo —dice Lía ligeramente avergonzada.
—Recuérdame la próxima vez que, si discutimos, sea en los otros días del mes —digo sonriendo.
—Lo siento, yo también quería sellarlo así… —dice Lía sincera.
No me puedo creer que esté pensando esto con treinta años pero, por alguna extraña razón, no necesito que nos expresemos con sexo a todas horas.
Me vale con estar junto a ella, es la tierra para la electricidad que siento.
Sigo sin creerme cómo ha cambiado mi manera de vivir con solo el haberla conocido.
Las heridas que sentía apenas son ya cicatrices.
—Háblame de tu madre. Aún no me has hablado de tu familia, quiero conocer algo más de la persona que te va a entender cuando me presentes.
—Mi madre es espectacular, te va a encantar su asado —dice Lía sonriendo.
—¡Ah!, no hay nada como un buen asado argentino.
—Es su plato estrella… Ahora una cosa te aviso —dice Lía riendo—, como digas algo malo de su asado, es probable que sea lo último que digas.
—Entendido, ya puede saber a vaca muerta que está bueno —digo, mientras Lía se acomoda en el banco, apoyando su cabeza en mi regazo.
—Por otro lado, Jorge es su sobrino favorito y a Jorge le caes de maravilla.
—Él también me cae de lujo. Me parece buena persona y que te quiere con sinceridad.
—Es como un hermano mayor para mí —dice Lía sonriendo.
—Vale, tengo de momento a dos de tres en el bote. ¿Quién más queda? —digo confiado.
—Mi tía, la hermana de mi padre y madre de Jorge, es maravillosa pero es de la opinión de mi padre —dice preocupada—, luego tienes a su marido, con él te llevarías bien, es igual de ganso que tú.
—Tres-dos, voy ganando —digo con suficiencia—. ¿Y los abuelos? Soy especialista con los abueletes.
—No tengo ninguno —dice Lía sin más.
—Lo siento —digo frunciendo los labios.
—Por eso me preocupa mi padre. Él es el patriarca, para poder entrar en la familia debes pasar su filtro y nada más —dice Lía preocupada.
—Si algo me ha enseñado la vida es que, detrás de un patriarca con mala leche, siempre hay una mujer sensata que le hace razonar —digo con ternura.
—Vamos a hacer una cosa, hablaré primero con mi madre, pero tienes que prometerme que tendrás paciencia y dejarás que lleve los tiempos. No me presiones con esto, siento que si mis dos mundos colisionan ahora mismo, mi vida se desmoronaría por completo. —dice Lía preocupada.
—Lo prometo.