Superestrella 62. CAPÍTULO 62
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62. CAPÍTULO 62

—¿En serio, en el muelle del parque? —dice Jesús intentando confirmar.

—Sí, nos la jugamos bastante, pero es que me vuelve loco, chicos. Cuando estoy con ella, pierdo el juicio.

—Bueno, Al, no te preocupes, a esas horas no hay ni un alma en ese parque —dice Enrique, poniendo una mano en mi hombro.

—Bueno, y quedando tan poco para que se acaben tus vacaciones, ¿qué haces desperdiciándolas con nosotros? —dice Jesús sincero.

—No las estoy desperdiciando. Es que Lía y yo, cuando nos hemos despertado en mi casa, hemos hablado algunas cosas de la cena que me gustaría confirmar con vosotros.

—Ya, yo también me di cuenta —dice Jesús—, lo que me extraña es que Amelia no se diese cuenta.

—Esa es una cosa —digo asintiendo—, la otra eres tú, Jesús.

—¿Yo? Pero si me comporté y, además, pagué como había prometido —dice indignado.

—Sí, pero me preocupas, amigo mío. Decís ambos que tenéis una relación abierta por haceros los modernos pero, Olivia te defiende a muerte como si fueras suyo —digo, estudiando la reacción de mi amigo.

—Tú ves unicornios, Al —responde con desdén Jesús.

—Pues que sepas que me ha dicho Lía que Olivia ha quedado hoy con un actor famosete que le encanta…

—Pues yo he quedado con una también hoy —dice rápidamente Jesús.

—Claro que sí, amigo… —digo mirando a Jesús con preocupación—, y tú no te libras —digo mirando a Enrique, que se va riendo.

—¿Qué se supone que he hecho yo? —dice sin ninguna duda, sabiendo la respuesta.

—Jenry, que tienes novia, contrólate. Yo ayer vi muchísima química con Violeta y, si Jesús también la ha visto, no sé cómo no se dio cuenta Amelia.

—Pues muy fácil, porque confía en mí, no como mis amigos —dice Enrique enfadado.

—No te estoy acusando de nada, Jenry, solo te digo que tengas cuidado —digo preocupado.

—Alonso, Jesús, no os falló para nada el radar.

Violeta me parece una mujer muy especial —dice Enrique con la mirada iluminada—, es guapísima, es todo un bombón y coincidimos en muchísimas cosas.

Me atrevería a decir que compartimos varios sueños pero, Amelia también es perfecta para mí.

Aunque pensemos diferente, ella me complementa en muchas cosas, además ya estamos creciditos tanto Violeta como yo como para estar con estas tonterías —dice con firmeza.

Puede que a Jesús le convenza con ese discurso pero, sé que me oculta algo. Llevo tanto tiempo conociendo a Enrique que sé perfectamente cómo presionarle para hacer que hable.

—Me estás diciendo que si os quedarais solos ambos podríais ser tan fuertes como para resistir la tentación. Porque no sé si lo sabes pero, ella ayer, de no ser por Amelia, te habría arrancado hasta la piel de haber podido.

—¿Ah, sí? —pregunta emocionado—. Sí, sí habríamos aguantado, es más, nos aguantamos.

—Ahora me he perdido yo. ¿Cómo que os aguantasteis? —digo preocupado.

—Pues lo que oyes —dice Enrique orgulloso.

—¿En qué momento os quedasteis solos? —pregunto interesado.

—Pues cuándo va a ser, cuando nos fuimos —dice Enrique como si fuéramos tontos.

—¿Qué pasa, que Amelia es un fantasma y en realidad no existe? —dice Jesús confuso.

—No es eso, payasos —dice Enrique negando con la cabeza.

—Pues a mí, como no me lo expliques, estoy perdidísimo —digo encogiéndome de hombros.

—Pues nada, que cuando nos fuimos Amelia estaba muy cansada y me dijo que la dejara primero, que hoy curraba y quería descansar.

Y como soy un caballero, pues eso hice. La cosa es que Violeta y yo nos quedamos solos en el coche, continué el viaje y la dejé en su casa.

Se bajó del coche y se fue… —dice Enrique sincero.

—¿Sabes lo que pasa? Que tú mismo lo has dicho, eres un caballero. Seguro que le dijiste que se pusiera en el asiento de delante y sabemos tanto Jesús como yo que os despedisteis, Jenry. Te conocemos demasiado como para no saber que eres demasiado correcto.

—Os juro que ahora mismo os odio muchísimo —dice Enrique mirándonos.

—Tronco, que yo solo estoy de oyente, Alonso es el que te está pillando en todas —dice Jesús riéndose.

—Está bien, pero de aquí no sale, por favor… —dice Enrique suplicando.

—Eso está más que claro, Jenry —digo mirándole a los ojos.

—Pues, como dices, Violeta se pasó al asiento de delante y seguimos charlando…

Joder, cómo odio que me conozcáis tanto —dice Enrique negando con la cabeza—, la conversación fluyó y, bueno, pues sí, la química para mí es evidente.

Si no fuera porque estoy con Amelia… En fin, que cuando nos fuimos a despedir, Violeta se acercó a darme dos besos y… Y…