Superestrella 17. CAPÍTULO 17
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17. CAPÍTULO 17

La música acaba y termino la canción con fuerza.

—¡Uh!, grande, cariño —me dice Olivia aplaudiendo.

—Gracias, Oli —digo jadeando—. ¿Qué te ha parecido, Vi?

—Me parece que ha estado genial, que hemos acabado y que toca ir a mi casa a comer canelones, que tengo ganas de ver a mi chico —dice Violeta contenta mientras se levanta de la silla donde está sentada.

—Estoy de acuerdo, me apetece ver a Leo. ¿Qué tal está? —pregunta Olivia levantándose también.

—Pues triste, hace mucho que no os ve, y con el concierto y el nuevo álbum, me ve poco también a mí.

—Pues no se hable más, tía, vamos a comernos esos canelones, me cambio y voy —tengo ganas de ver a Leo, y también de contarles todo a mis amigas.

Una hora más tarde llegamos a casa de Violeta, estoy deseando comerme los famosos canelones de San Esteban de mi amiga. Según entramos por la puerta, Leo nos espera.

—¡Mamá! ¡Has venido con las titas! —dice Leo abalanzándose hacia nosotras.

—¡Leo! ¿Quién es tu tita favorita? —digo mirando maliciosamente a Olivia.

—¡Tú! —contesta el pequeñajo sin dudarlo.

—Estaba claro, soy la que mejor canta —miro a Olivia triunfal.

—Pero bueno, Leo, ¿no me dijiste el otro día que era yo? —dice Olivia indignada.

—Sí, pero hoy es la tita Lía —dice Leo con dignidad.

—Anda, ¿y eso por qué? —pregunta Olivia incrédula.

—Porque la tita me va a traer un tito y voy a poder jugar con él a la Nintiendo —explica Leo con la inocencia que solo un niño puede tener.

—¿Anda, que la tita Lía tiene novio? —pregunta Olivia con malicia mientras me mira perversa.

—Sí, ayer mamá habló con ella y estaba con él —dice Leo como si fuera normal.

Vi me mira con cara de "perdona, tía" y Olivia con una de "quiero detalles"… Tierra, trágame…

—No, cariño, la tita Lía no tiene novio, es solo un amigo —le digo a Leo intentando convencerle.

—¿Pero tú le das la mano, tita? —pregunta con inocencia.

—¿La mano? Claro, alguna vez, ¿por qué? —respondo confusa.

—Pues eso es que sois novios —me dice Leo como si estuviera recalcando una obviedad.

Me ha dejado pensando el pequeño Leo, la inocencia y la sinceridad de un niño no tienen precio.

—Anda, anda, vete a dormir la siesta que tú ya has comido —dice Violeta divertida—. Despídete de las titas y de Rubén, y a dormir.

Leo obedece no sin antes poner algún puchero que nos derrite el corazón, pero tenemos que hablar de cosas de adultas.

—Rubén, muchas gracias —se despide Violeta del niñero.

—Bueno, por fin solas —dice Olivia mientras Violeta cierra la puerta—. Ponte esos canelones que tengo hambre y vamos al grano —me mira mi amiga con malicia.

—Tienes razón, Oli, al grano —digo disimulando—. El nuevo disco… A ver, tengo una canción entre manos, una casi acabada, y me falta una pero no me llega la inspiración.

—No es ese el grano al que queremos ir —me dice Violeta muy seria.

—Alonso, ayer, ¿qué pasó? —pregunta Olivia sin tapujos.

—Tías, sois increíbles… —digo estupefacta—. Pues bien, me dio una sorpresa, ya está —resumo rápidamente, sin querer meterme en detalles.

—No, Lía, no está, me llamaron de seguridad… —dice Violeta con cara picantona.

—Tía, si vas hasta el final con él me parece bien, si no, piénsalo muy bien, no queremos que el nuevo disco se eclipse con tu vida amorosa —dice Olivia realmente preocupada.

—A ver, Lía, llevas más de un año sin novio conocido, ya sabes cómo es la prensa rosa, necesitamos estar seguras de lo que es esto —dice Violeta preocupada—, al menos para poder tener un plan de contingencia. Sé que no es justo, pero de tu vida amorosa dependemos mucho ahora.

—Lo sé, Vi, por eso estoy teniendo cuidado.

Alonso me gusta, no sé si es algo más o no, no puedo saberlo, el amor pasa sin más —miro a Olivia con vulnerabilidad—.

Oli, sabes que quiero que este sea el mejor disco que he compuesto, sabes que me estoy esforzando al máximo, y más sabiendo que te juegas el pellejo conmigo.

Soy muy consciente de que tu firma depende del éxito que tenga el álbum…

Pero también tienes que saber que Alonso me inspira, sin él no habría música ahora mismo en mí —confieso mirando hacia los canelones que nos ha puesto Violeta.

—No me dejas más tranquila, Lía, pero te quiero, eres mi amiga y quiero que seas feliz —contesta Olivia realmente preocupada.

—Ahora cuéntanos qué estaba pasando y por qué huiste de seguridad —dice Violeta pícaramente.

—¿Un resumen o con detalles? —pregunto sabiendo la respuesta.

—¡Detalles! —me gritan las dos al unísono.

—Sois increíbles —digo entre risas—. Pues a ver, Alonso vino a darme una sorpresa, la verdad no sé el verdadero motivo de por qué vino… La cosa es que le canté "Sin Buscarte" hasta donde tengo de momento… —cierro los ojos y recuerdo el momento tan bonito que compartimos.

—Tierra llamando a Lía —me dice Olivia—. Vuelve, no pares ahora —me dice haciendo gestos con las manos para que continúe.

—La cosa es que le gustó y nada más —miento, o eso intento.

—¿Y cómo llegasteis de la sala de grabación al sofá en la sala de al lado magreándoos? —pregunta Violeta reventando mi mentira.

—Ni un poco de intimidad puede tener una… —pongo los ojos en blanco—. Pues me besó, eso pasó, y bueno, la cosa se calentó y acabamos en el sofá, sí.

—¿Y? —me pregunta Olivia intentando sonsacar más.

—Pues que apareció el de seguridad, así que no hicimos nada… —digo avergonzada mientras me pongo una mano en la nuca.

—No, no, ¿y? De "¿y qué sentiste?" —insiste Olivia.

—¿Sabéis esa electricidad que a veces te recorre el cuerpo cuando conectas con alguien?

Pues así me sentí cuando nos besamos, y lo más extraño de todo es que también me siento así cuando no lo hacemos —hago una pausa y veo que Violeta y Olivia no dicen nada—.

Es muy divertido, y cuando estoy con él solo me siento una chica normal, así que le sigo el ritmo, me suelto —digo mirando a la nada, recordando a Alonso—.

Hasta el punto de que se me olvida dónde estoy, estábamos haciendo el tonto en el metro y se me cayó la capucha, bueno, pues él reaccionó a tiempo para ponérmela antes de que vinieran un montón de personas saliendo del tren que acababa de llegar.

Me protege y a la vez me deja ser yo misma…

—Te llevó al metro, ¿y tú aceptaste? —me dice Violeta sorprendida.

—Claro, os metisteis en un tren y ¿nadie te reconoció? —añade Olivia con sarcasmo.

—No, él estaba atento para que eso no pasara, pero eso no fue lo mejor —digo entusiasmada—, luego fuimos al parque donde me llevó por primera vez, allí hicimos una apuesta que gané y me invitó a unos churros con chocolate, llamó Vi y nada más —digo sintiendo un pequeño fuego en mi pecho—.

Cuando estoy con él es todo normal, solo existe Lía, incluso cuando no decimos nada me siento como en casa.

—La verdad, no sé qué decir, Lía. ¿Tú sabes qué decir, Oli? —dice Violeta con cara de preocupación.

—Nop, estoy igual que tú, asimilando lo que acaba de contar… Pero vamos, ve preparando plan de contingencia porque las tres sabemos lo que va a pasar.