Sully (La Hermandad 3) 26 Alaina #2
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26 Alaina #2

Los tres tienen diversas expresiones de determinación en el rostro.

Con sus ceños fruncidos a juego, el parecido es evidente.

Me esfuerzo por ocultar mi sonrisa ante la bonita estampa que forman todos ellos así alineados.

Parecen sacados de una sesión de fotos de chicos malos que huelen a problemas.

Con el pelo revuelto, vaqueros rotos y expresiones peligrosas.

Son un maldito sueño erótico.

Después de haberme recreado la vista —por ahora, pues creo que nunca tendré suficiente de ellos—, pregunto: —¿Habéis oído todo eso?

Rush es el primero en hablar. Da un paso hacia mí y dice: —Puedo explicarlo. —Su expresión es ilegible como de costumbre, pero no tenemos tiempo para esto.

Levanto la mano para detener su avance. —Tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos ahora mismo, como lo que está pasando con mi madre.

Los tres caminan hacia mí y yo giro en mi asiento para quedar de frente a ellos. Resulta abrumador cuando uno de ellos pone sus miras en mí de esta manera, pero cuando son los tres juntos, me roban el aliento.

Con la forma en que me miran, no estoy segura de necesitar volver a respirar nunca más.

—Ya llegaremos a eso, Pelirroja, pero primero tenemos que asegurarnos de que sigues con nosotros —dice Wolf arrastrando las palabras, con la mirada intensa.

Rush se me acerca y los otros dos lo flanquean. Echo la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada y un escalofrío me recorre la espalda. Me enderezo y gano un par de centímetros, pero sigue elevándose muy por encima de mí; todos lo hacen.

Y me gusta.

Rush se coloca entre mis piernas mientras desliza la mano por entre mis pechos hasta posarla en la base de mi garganta. Sus dedos tatuados rodean suavemente mi cuello y mi pulso se acelera un poco más.

—No sé a qué juego está jugando ella, pero esa conversación no fue así. —Rush roza con el pulgar mi punto de pulso y tengo que concentrarme para no cerrar los ojos ante la sensación de sus manos sobre mí.

—Sí, yo estaba allí. No fue exactamente así —coincide Sully.

Le miro y le sostengo la mirada mientras le pregunto: —¿Entonces cómo fue, Sully?

—Eso no importa —dice Rush, apartando mi atención de mi primer amor—. Lo único que importa es que no hay nadie más.

—Nunca habrá nadie más —dice Wolf, mucho más cerca de lo que estaba hace un momento.

—Jamás —susurra Sully.

Es suficiente para llamar mi atención por la sorpresa.

Eso ha sonado muchísimo a una promesa. Pero eso no puede ser correcto; mi exnovio convertido en hermanastro y luego en héroe atormentado juró una vez que nunca me perdonaría.

Esa minúscula semilla de esperanza que había estado alimentando en secreto se aviva.

Solo un poco; lo suficiente para reavivar las brasas.

—Te queremos a ti. No a Maeve ni a ninguna otra —dice Rush, apretando brevemente su mano en mi cuello.

Mis ojos echan chispas de celos. —No lo hagas —le espeto.

—Ah, ya veo que mi pajarito sigue celoso —Rush exhala las palabras contra mis labios mientras desliza la mano por mi cuello—. ¿Lo de ayer en el pasillo, fuera de donde ella estaba sentada, no fue suficiente para ti?

Se me separan los labios e inclino la cabeza aún más hacia atrás. El desmentido está en la punta de mi lengua, pero apenas vale la pena intentarlo. Verán a través de la mentira antes de que las palabras salgan de mi boca.

Así que intento algo diferente: lo acepto.

—Tienes toda la puta razón —digo entre dientes—. Pienso salir con otros tíos medio desnuda y junto a la piscina, y ya veremos cómo sobrellevas tú los celos. —La sonrisa que le dedico me resulta extraña en la cara. Y, sin embargo, el retorcimiento malicioso de mis labios es perfecto.

Me resulta doloroso ir en contra de mi naturaleza —siempre he sido alguien que busca complacer a los demás—, pero la sensación de satisfacción que siento al ver a Rush perder el hilo de su control compensa cada sensación incómoda causada por unas pocas frases.

Arqueo la espalda mientras él presiona su cuerpo contra el mío, con una mano en mi cadera y la otra todavía en mi cuello. Mi corazón se acelera y tengo que esforzarme por controlar mi respiración.

Sus pérdidas de control siempre me ponen muy caliente.

—Nuestro pajarito quiere desplegar las alas, hermanos. ¿Qué pensamos de eso? —Sus palabras parecen bastante sencillas, pero el matiz siniestro yace justo bajo la superficie.

—Yo digo que le recordemos en qué jaula está —murmura Sully. Puedo verle por el rabillo del ojo. Tiene las pupilas dilatadas mientras se acomoda la polla a través de los pantalones.

—El verde es tu color, nena —dice Wolf justo a mi lado antes de girarme la cabeza y reclamar mi boca en un beso demoledor.

Wolf me gira de modo que mi espalda choca contra algo duro, y cuando una mano sube por mi pecho hasta posarse en el hueco de mi garganta, sé que es Rush.

Enrollo mis dedos en la tela de la camiseta de Wolf, anclándolo a mí mientras me pierdo en su beso. Rush arrastra sus labios por mi cuello mientras su otra mano se enrosca posesivamente alrededor de mi cadera.

Apenas queda aire entre los tres, de lo apretados que estamos.

Y justo cuando estoy a punto de romper el beso para buscar a Sully, siento su calor a mi lado.

Rush y Wolf se desplazan el uno hacia el otro, sin dejar de sujetarme —labios o manos— para hacer sitio a Sully.

Él ocupa el espacio que han creado. En un movimiento, Wolf se retira y Sully entra, reclamando mis labios como propios.

Rush nunca afloja su agarre, y parece que no soy la única que se siente cómoda dejando que sea él quien mueva los hilos.

Las manos de Wolf comienzan su exploración por cada centímetro de piel disponible, y yo aprieto el agarre sobre su camiseta para mantenerle cerca.

Sully desliza sus manos por mis costillas mientras inclina la cabeza para conseguir el ángulo perfecto. Nuestras lenguas bailan juntas, y estoy a dos segundos de exigirles que se quiten algo de ropa.

Alguien se aclara la garganta y es como si se hubiera disparado un tiro.

Los tres se giran al unísono para protegerme de la amenaza percibida, escudando mi cuerpo con los suyos y sacando una pistola de algún sitio.

Rush saca una de la parte trasera de su pantalón, Sully se agacha para coger una de debajo de la mesa de centro antes de levantarse rápidamente, y Wolf agarra una del cajón de la mesa auxiliar.

El calor se extiende por todo mi cuerpo, diferente del potente sentimiento de lujuria. Este parece más suave, menos denso. Me siento protegida y segura.

Tardan un segundo en darse cuenta de que no es una amenaza, pero una vez que lo hacen, bajan las armas. Dave, su jefe de seguridad en Summer Knoll, está al borde del patio, con los brazos a la espalda. Para que tres tíos acaben de apuntarte con sus pistolas, está sorprendentemente tranquilo.

Me pregunto si este tipo de cosas pasan a menudo por aquí. Me apunto mentalmente para preguntarlo más tarde.

—Siento interrumpir, pero Rossi y los Blue Knights han llegado.

—Mierda —gruñe Rush. Se gira hacia mí, con los músculos tensos y una intensidad que emana de él en oleadas—. No hemos terminado, nena.

Mis labios se entreabren y lo único que puedo hacer es asentir con la cabeza. No, no, no hemos terminado. Ni de lejos.