Sujetadores en la oficina 22 El expediente de Davide
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22 El expediente de Davide

Tommaso lo escuchó desde una silla lateral, fuera del pequeño rectángulo formado por los dos consejeros independientes y la asesora externa.

Seguía al frente de innovación y de una continuidad ejecutiva limitada, pero aquello no lo convertía en investigador ni le daba derecho a la vida privada de Chiara.

Había pedido asistir únicamente a la reconstrucción temporal del procedimiento que terminó con su despido.

Su apellido había abierto muchas puertas durante años; en esa sala, serviría de poco si no aceptaba permanecer detrás de una que otros tenían autoridad para cerrar.

La presidenta independiente no negoció mucho.

—Su cooperación se protegerá de represalias y conservará todos sus derechos para impugnar cualquier medida —dijo, dejando la propuesta de Davide sobre la mesa—. No podemos prometerle inmunidad sobre hechos que todavía no conocemos.

El abogado de Davide se inclinó hacia él.

Hablaron en voz baja mientras Gabriele esperaba junto a la pantalla sin tocar el ratón.

Davide había llegado con los hombros rígidos y las manos demasiado quietas; cuando terminó aquella consulta, la rigidez seguía allí, aunque ya no podía esconderse detrás de un acuerdo previo.

—Entonces quiero que conste que actué bajo instrucciones —dijo.

La segunda independiente abrió la libreta que tenía delante.

—Constará lo que podamos sostener. Empiece por lo primero que ocurrió.

La frase desplazó al centro de la sala una sola hoja.

Gabriele había preparado una cronología con los eventos que podían verificarse hasta ese momento: nacimiento del expediente de People habría fechado el cambio y obligado a repetir la prueba.

People habría sido cómodo que los celos explicaran por completo el procedimiento y borraran cualquier error real de Chiara.

No lo hacían. Ella había ocultado la propuesta escrita de Enea después de prometer contársela.

Ese hecho seguía existiendo aunque Davide hubiera contaminado su cargo con otra cosa.

—Las dos funciones se mezclaron —dijo Davide finalmente—. La profesional y la personal. Estaba celoso. Me molestaba que ella confiara en Tommaso y no en mí. Utilicé mi puesto para formular preguntas y conservar información que no habría tratado igual con otra ejecutiva.

Su abogado movió una hoja, pero no interrumpió.

—¿Declaró ese conflicto cuando el presidente le pidió preparar los escenarios? —preguntó la presidenta.

—No. Pensé que podía separarlo.

Tommaso sintió la frase donde más dolía.

Él también había utilizado durante meses una versión más elegante del mismo verbo: separar.

Podía ser hijo de Vittorio y esperar a tener certeza antes de advertir a Chiara; podía ser pareja de ella y administrar por su cuenta qué sospecha merecía convertirse en información.

Davide había hecho otra cosa, con otro poder y consecuencias distintas, pero la familiaridad no desaparecía por eso.

La comparación terminó ahí. Tommaso no la convirtió en absolución de Davide ni en castigo para sí mismo. La presidenta volvió a la pregunta exclusiva de la sala: cuándo había empezado el procedimiento y qué se incorporó después.

Davide explicó que, tras la instrucción de Vittorio, había creado la primera matriz de escenarios.

En versiones posteriores añadió referencias al plan de participación.

Las capturas entraron más tarde, cuando el expediente ya contenía una ruta posible de terminación.

Él no verificó su origen ni su integridad.

Preguntó si estaban autorizadas para uso interno y recibió confirmación desde la oficina de Presidencia.

—¿De Vittorio personalmente? —preguntó la asesora.

Davide separó por fin dos cosas que hasta entonces habían viajado juntas.

—La instrucción inicial fue personal. El paquete de material llegó por Presidencia. No sé quién preparó las capturas.

La falta de respuesta tuvo más valor que una acusación. Tommaso vio cómo la asesora escribía una petición concreta para el origen del paquete sin añadir el nombre de su padre al campo de autoría.

Davide volvió entonces a su petición de protección.

Ya no pidió inmunidad total; su abogado solicitó que la cooperación no pudiera castigarse y que cualquier revisión de su conducta se separara del expediente de Chiara.

Los independientes aceptaron lo primero y rechazaron usarlo para resolver lo segundo por adelantado.

Davide conservaría asesoría, salario y derecho de defensa.

Lo que hubiera hecho con su cargo seguiría sujeto a investigación.

—Entrego el historial —dijo al cabo—. Quiero que conste que no renuncio a impugnar ninguna medida contra mí.

—Constará —respondió la presidenta.

La consecuencia llegó antes de que terminaran de revisar nada.

Davide dejó de administrar el material relativo a Chiara desde ese momento y quedó recusado de cualquier decisión que pudiera afectar a su reclamación.

La presidenta ordenó que el acceso al expediente pasara a asesoría externa y a los independientes.

Davide había ofrecido cooperación para conservar control; la cooperación acababa de costarle precisamente ese control.

El acceso de Tommaso también se estrechó.