Su Tesoro (Imperio de Realeza 1) 21 Sofiya
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21 Sofiya

SOFIYA

—¿Estás bien, principessa? —inquirió Angelo en voz baja mientras nos dirigíamos al restaurante donde íbamos a almorzar. Era un lindo café italiano con hiedra en las paredes y flores frescas en cada mesa. Sienna dijo que lo dirigía alguien de la Familia.

—Estoy bien. —Mi voz era ronca, y deseaba poder acostarme.

El auto ya estaba lleno de bolsas, la mayoría con ropa para mí, y estaba aterrada por la reacción de Matteo.

¿Se enojaría porque Sienna había pagado?

Había una selección de vestidos formales impresionantes, pero también ropa más casual, incluyendo dos bolsas de lencería que Sienna había insistido en comprar.

Rechazó mi argumento de que no tenía sentido que las tuviera, diciendo que merecía sentirme hermosa.

Angelo apoyó con suavidad su mano en mi hombro.

—Iremos a casa después de esto. —Levantó una ceja como desafiándome a discutir, pero solo le di un pequeño asentimiento. No quería decepcionar a Sienna acortando nuestro día; sin embargo, tampoco quería avergonzarla desmayándome dentro de una tienda de lujo.

Me senté frente a ella en una mesa en una esquina tranquila, mi andador a un lado. Había una gran ventana junto a nosotras, y uno de nuestros guardaespaldas estaba afuera mientras Angelo se quedaba adentro, lo suficientemente cerca para protegernos, aunque lo bastante lejos para no escucharnos.

—Diría que pidamos el menú, pero el chef, Edoardo, solo nos traerá lo que quiera —mencionó Sienna, sonriendo mientras ponía los ojos en blanco—. Lo que cocina es siempre increíblemente delicioso.

—Suena genial.

No pasó mucho tiempo antes de que un hombre sonriente, de cabello canoso y con uniforme de chef apareciera en nuestra mesa, aplaudiendo.

—Ahh, carina —saludó a Sienna—. Ha pasado demasiado tiempo.

—Luego se dirigió hacia mí y me hizo una pequeña reverencia—.

Señora Rossi, es un honor cocinar para la nueva esposa de nuestro Don.

—Tomó mi mano y la besó, y mis mejillas se calentaron mientras lo saludaba. Me recordaba a un abuelo amable.

—¿Tiene alguna alergia? —indagó, y yo negué con la cabeza—. Excelente. Prepárese para experimentar la mejor comida de su vida. —Besó mi mano una vez más y luego se fue rápidamente.

—Siempre es así —apuntó Sienna con una risa—. Siempre tan feliz y lleno de energía.

—Definitivamente no es lo que esperaría de un hombre de la Familia —opiné.

—Edoardo es único en ese sentido. —Sienna suspiró—. Ojalá todos los miembros de la Mafia Italiana fueran más como él.

—También los hombres de la Bratva.

Un mesero vino y colocó focaccia y aceite de oliva en la mesa, junto con dos cócteles naranjas.

—Aperol Spritz —señaló Sienna, levantando su vaso en un brindis—. Por las mujeres de la mafia, porque somos muy superiores a los hombres de la mafia.

Chocamos nuestros vasos y tomé un sorbo. La bebida era afrutada y dulce.

—Sienna, ¿puedo preguntarte cuántos años tienes? —Esperaba que no fuera una pregunta grosera, pero parecía mucho más joven que Matteo.

—Tengo veintiséis —replicó con una sonrisa—. Todavía no soy lo suficientemente mayor como para que me dé vergüenza responder esa pregunta.

Sonreí.

—Es una gran diferencia de edad.

Sienna tomó otro sorbo de su bebida.

—Mi mamá tenía problemas para quedar embarazada, por eso hay doce años de diferencia entre nosotros.

—Qué curioso. Mi hermano tiene doce años más que yo. —Al ver su expresión confundida, añadí—: Es mi medio hermano. La primera esposa de mi padre falleció. Dimitri vive en el extranjero, así que no lo veo mucho, pero amo cuando puedo verlo. Parece que tú y Matteo son cercanos.

Sienna jugó con su servilleta y se encogió de hombros.

—No tan cercanos como cuando éramos más jóvenes. Él… cambió después de que asesinaron a nuestros padres.

—Lamento que hayan muerto —dije suavemente.

—Gracias —respondió Sienna, sonriendo tristemente—. Los extraño mucho, y extraño al hermano que tenía antes.

Mi corazón sentía dolor por ella, y por lo que esta vida nos robaba a todos.

—¿Cómo eran ellos?

—Oh, eran increíbles. Ambos estaban tan emocionados de finalmente tener otro hijo que me consentían mucho.

Mi mamma era mi persona favorita. Era tan brillante y vibrante, siempre haciendo algún proyecto en la casa y redecorando.

Mi papà fingía estar molesto por eso, aun así no podía negarle nada.

Era tan dulce conmigo. A veces incluso se reunía conmigo en mi habitación y teníamos fiestas de té.

¿Puedes imaginarte al Don sentado en el suelo con una pequeña taza de té rosa?

—sollozó y se secó los ojos con la servilleta. Tomé su mano y la apreté.

»Papà siempre era más suave conmigo que con Matteo.

Decía que mi hermano necesitaba estar preparado para ser Don.

Pero todos nos amábamos. Papà amaba tanto a mi mamma.

Casi me alegra que ambos hayan muerto, porque no podría imaginar que uno viviera sin el otro.

—Tomó un sorbo de agua y aclaró su garganta—.

Me hizo estar segura de que nunca me conformaría con menos en un matrimonio.

Soy prácticamente una solterona en años de la mafia, pero no puedo conformarme.

Le hice prometer a Matteo que nunca me obligaría a casarme.

Ojalá hubiera tenido la misma vida, la misma certeza de que el amor me esperaba.

—¿Cómo cambió él después de que murieron?

Sienna miró por la ventana y me preocupé de haberme pasado de la raya. Antes de que pudiera disculparme, ella habló.

—Se siente culpable, como si debería haber sido capaz de salvarlos.

Después de que murieron, nos escondimos por dos años mientras él planeaba derrocar a nuestro tío.

Si bien estuvimos juntos, era como si ya no estuviera allí.

Piensa que la única manera de ser un buen Don es desconectarse de sus sentimientos.

Odiaba el dolor que habían experimentado y lo solos que habían estado en todo eso. No podía imaginar lo que sería no tener a Mila para apoyarme.

—Como sea, ya basta de temas deprimentes. —Sienna sonrió enormemente—. Cuéntame sobre tu familia.

—Oh… —Dudé, sin estar segura de qué compartir.

No estaba segura de que alguien en la Bratva tuviera una familia feliz—.

No hay mucho que contar. Nuestra familia es bastante pequeña, solo mis padres, Mila y Dimi.

Yo era cercana a mi abuela, de parte de mi mamá, pero murió cuando era pequeña.

—Tomé un trozo de pan para ganar algo de tiempo.

Finalmente, me decidí a revelar—. No soy cercana a mis padres.

—Estremeciéndome internamente por el eufemismo del siglo—. Pero Mila y yo somos mejores amigas.

—Me encanta eso. ¿Cuántos años tiene?

—Diecinueve.

—Aww, tan joven. Necesita venir de visita. Hay demasiada energía masculina en nuestro edificio. Necesitamos más chicas para superarlos.

Reí ante su expresión disgustada.

—¿Superarlos?

—Con nuestra energía femenina —repitió con un guiño.

—Me encantaría que ella viniera. La extraño mucho. —En ese instante, era mi turno de contener las lágrimas. Bebí un gran trago de agua.

—Bueno, ese es uno de los beneficios de tener un jet privado. Tendremos que planear una visita pronto.

No estaba segura de que el Pakhan la dejara venir de visita, pero quizás la alianza con Matteo lo haría más complaciente. Si pudiera conseguir que Matteo se lo pidiera.

La pesadez de nuestra conversación se disipó mientras Sienna hablaba sobre las renovaciones que estaba haciendo en su apartamento. Me mostró fotos de sus ideas de diseño, pidiéndome mi opinión y diciéndome que tendría que verlo en persona.

Intenté concentrarme en la conversación, en esta primera oportunidad de hacer una verdadera amiga, no obstante, mi cuerpo estaba al borde del colapso. Me sentí aliviada cuando terminó el almuerzo y Angelo dijo que debíamos regresar.

Cuando volvimos al edificio de apartamentos, Sienna me invitó al suyo, pero estaba conteniendo las lágrimas por el dolor que me atravesaba en las articulaciones. Me disculpé, despidiéndome de ella con la mano cuando se bajó en su piso, y yo me dirigía al penthouse.