Su Julieta (Imperio de Realeza 2) 61 Romeo
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ROMEO

Esperaba nunca volver a saber de una obra de arte.

Cuatro días de planificación nos habían llevado a este momento. El hacker de Leona había conseguido desactivar la seguridad de la casa y el propietario, un traficante de arte del mercado negro se había marchado hoy temprano a los Hamptons.

—Se me va a congelar el trasero —refunfuñé.

—Diablos, qué dramático eres. Ni siquiera hace tanto frío.

Leona estaba vestida con un traje negro ceñido. Yo tenía puesto un uniforme de combate negro menos ceñido.

—Tengo los dedos congelados.

Leona puso los ojos en blanco.

—Vamos. Cuanto antes hagamos esto, más pronto volverás con tu chica.

Me dolía el corazón por extrañar a Julieta. Leona y yo habíamos pasado las últimas noches vigilando esta casa y planeando nuestro robo durante días, lo que significaba que ni siquiera había podido hablar con Julieta por teléfono.

Apreté los dientes para que no me rechinaran.

—Solo para que sepas, nunca volveré a hacerte un favor.

Nos dirigimos al borde del tejado y nos colocamos los arneses y el equipo. Habíamos estudiado todas las formas de entrar a la casa antes de llegar a la desafortunada conclusión de que descender en rápel desde el techo era la mejor manera de entrar.

—¿Estás listo, galán? —preguntó Leona, con sus ojos brillando. Cuanto más tiempo pasaba con la asesina irlandesa, más me daba cuenta de lo peligrosa que era.

—Estoy listo.

Leona y yo subimos a la SUV oscura. Aidan, su chofer, le hizo un gesto con la cabeza y se alejó de la acera.

—Eso fue demasiado fácil. —Leona prácticamente estaba haciendo pucheros, con la obra de arte envuelta descansando sobre su regazo.

—¿Querías un reto más grande? —Arqueé una ceja.

—Es que es demasiado decepcionante después de tantos días de planificación.

Aidan se rio y yo puse los ojos en blanco. Me alegraba enormemente nuestro robo aburrido y sin incidentes porque eso significaba volver más rápido con Julieta.

—Supongo que tendré que conseguir mi dosis de emoción de otra manera. Le dejaremos esto a Ronan y nos iremos a New York. —Le volvieron a brillar los ojos a Leona—. Y conoceré a la chica que cautivó el corazón del galán.

No pude evitar sonreír mientras sacaba mi teléfono.

Romeo

Volveré tarde esta noche, Ángel. Mierda, me muero de ganas de verte.

Julieta

Yo también me muero de ganas de verte. ¿A qué hora volverás?

Romeo

No estoy seguro, pero hasta tarde. No me esperes despierta. Te despertaré con besos.