Su Julieta (Imperio de Realeza 2) 17 Julieta
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17 Julieta

JULIETA

Romeo

Feliz Día de Acción de Gracias.

¿Algún plan para hoy?

Me sobresalté cuando vibró mi teléfono. Últimamente solo una persona me enviaba mensajes, y el corazón me latía con fuerza cuando lo saqué de los cojines del sofá, donde se había caído.

No pude evitar sonreír al ver el mensaje de Romeo. No habíamos hablado en absoluto desde hacía dos noches, cuando me había llamado accidentalmente. No dejaba de pensar en nuestra conversación… en la forma suave y tranquilizadora en que me había dicho dulces sueños.

No habían sido dulces esa noche ni la siguiente. Nunca lo eran. Pero cuando me despertaban, repetía nuestra conversación en mi mente, intentando memorizar sus palabras.

Julieta

La verdad es que no. Acción de Gracias no es lo mío.

¿Y qué hay de ti?

Al menos, no lo había sido en los últimos años.

El último Día de Acción de Gracias que celebré fue antes de que pasara todo.

Breanna, Vivian, Daniela y yo habíamos ido a un restaurante chino de mala muerte en Harlem, cerca de nuestra casa de acogida.

Era propiedad de una pareja mayor y, a lo largo de los años, habíamos llegado a conocerlos a ellos, a sus hijos y a sus nietos.

Viv traducía su mandarín cuando era necesario y nos enseñaba frases para que se las dijéramos.

Aquel Día de Acción de Gracias, nos quedamos hasta altas horas de la noche riendo y hablando de la escuela, de pasantías y de nuestros sueños para el futuro, sin saber que todo se derrumbaría poco después y que nunca volveríamos a ese restaurante chino.

Romeo

Para mí tampoco es gran cosa. Mi mamá siempre decía que no entendía por qué debía pasar tanto tiempo cocinando un pavo cuando podíamos comer pasta.

Julieta

Voy a cenar pasta.

Spaghetti de caja y salsa de frasco. Por alguna razón no pensé que la madre de Romeo la haría así.

Romeo

Sabía que tenías buen gusto

Romeo

¿Cómo va tu día?

Julieta

Ugh la gente es tan molesta hoy. Los libros son mucho mejores.

Romeo

¿Qué hace la gente?

Julieta

Un tipo acaba de entrar a la librería y se puso tan prepotente diciéndome que los libros de romance no son “literatura de verdad” bla, bla, bla. Y tuve que ser educada.

Romeo

¿Cómo se llama, nena?

Julieta

*Risas* ¿Por qué, vas a cazarlo y a gritarle?

Romeo

Sí.

Julieta

Eres adorable.

Romeo

Dime algo bueno.

Julieta

Estoy a punto de lavar la ropa por lo que es totalmente lamentable por aquí.

Romeo

¿No acabas de lavar la ropa?

Julieta

Oh cierto, olvidé que no sabes sobre lavar ropa. Hay que hacerlo más de una vez al año.

Me quedé mirando los puntitos de la respuesta de Romeo, mordiéndome el labio mientras esperaba a que llegara su mensaje. ¿Mi mensaje había sido demasiado grosero?

Romeo

Malcriada. Simplemente compra más ropa en lugar de lavarla. La solución perfecta.

Sonreí. Nadie me había llamado nunca malcriada, y quizá me gustaba que Romeo lo hiciera.

Julieta

Vaya, qué idea más brillante

Romeo

Lo sé

Julieta

Romeo.

Romeo

Julieta.

Julieta

No puedes hacer esto.

Romeo

¿Hacer qué?

Julieta

Ni siquiera intentes hacerte el listo. No es adorable.

Romeo

Yo siempre soy adorable.

Y tú también.

Me quedé mirando la enorme montaña de ropa nueva que había sobre la cama. Habían hecho falta varios viajes desde la sección de correo para traer todos los paquetes, ninguno con remitente ni recibo.

Toda estaba perfecta. La mayoría era ropa de invierno, suéteres suaves y acogedores, más lujosos que cualquier otra cosa que hubiera tenido, leggings forrados de felpa, calcetines de lana y un precioso abrigo verde esmeralda.

Pero también había dos pares de jeans que me quedaban perfectos, un overol verde que casi parecía de terciopelo, un vestido negro de lentejuelas largo hasta el suelo con una gran abertura lateral y una gran cantidad de sostenes de encaje, ropa interior y bodies.

Las lágrimas me resbalaban por la cara mientras recorría con mis dedos un suéter especialmente suave.

Julieta

No puedo quedarme con esto

Mi teléfono vibró, pero en lugar de un mensaje de texto, Romeo me estaba llamando. Pensé en rechazar la llamada, pero al final contesté.

—Te lo quedarás todo —declaró, dejando a un lado la conversación trivial—. A menos que no te guste algo. Entonces te conseguiré otra cosa.

—No puedes —protesté débilmente.

Su risita me hizo estremecer incluso a través del teléfono.

—Desde luego que puedo.

—Pero esto no es algo que hagan los amigos.

—Claro que sí, preciosa.

—¿Los amigos te compran montones de lencería? —lancé.

—Mmm, yo mismo la elegí. ¿Te gustan?

—Romeo —dije, exasperada.

—Julieta. Sé una buena chica y dame las gracias.

—Gracias.

Se rio de mi tono arisco, y eso me reconfortó de adentro hacia afuera. Todavía no me sentía capaz de aceptar la ropa como un regalo de un amigo, mas me hacía sentir tan especial. Parpadeé mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas.

—¿Ángel? —La risa de Romeo se detuvo de inmediato—. ¿Qué pasa?

—Nada. —Moqueé mientras me secaba las lágrimas.

—Háblame. —No pude resistirme a sus suaves palabras.

—Esto es muy considerado —Volví a moquear—. Y no sé cómo conseguiste adivinar mis tallas.

—Es que no podía soportar volver a escucharte quejándote de lavar la ropa.

Una risa llorosa brotó de mi pecho y la pesadez se disipó.

—¿Así que es un regalo egoísta?

—Completamente egoísta.

Todavía sonreía cuando colgué el teléfono.