14 Julieta
JULIETA
Apoyé mi cabeza en el gran escritorio de la librería. Hoy había sido un día muuuuy lento. El clima era horrible, una mezcla de lluvia y nieve que caía en un asqueroso aguanieve que obligaba a cualquier persona cuerda a quedarse en casa.
La librería era agradable y acogedora. Lástima que no hubiera nadie más que yo para disfrutarla.
Tomé mi teléfono y navegué sin rumbo por mis redes sociales antes de dirigirme a Google. Miré a mi alrededor mientras tecleaba mi búsqueda, sintiéndome extrañamente culpable. Romeo, hombre de negocios, New York City.
Como era de esperarse, nada relevante apareció.
Nada sorprendente, ya que mi hombre misterioso no me había dado su verdadero nombre.
Ni su apellido. O una profesión. No me extrañaría que trabajara en el mundo de los negocios o las finanzas, obviamente tenía dinero, no obstante, mi suposición actual era que era un espía internacional en una misión encubierta.
Mi pulgar se dirigió automáticamente a nuestra conversación de texto. Romeo me había enviado varios mensajes para ver cómo estaba. El trabajo lo mantenía ocupado, así que hacía tiempo que no pasaba por la librería y lo echaba de menos.
Debía tener cuidado de no enamorarme demasiado de él, o acabaría con el corazón roto. Pero no tenía a nadie más a quien enviarle mensajes y estaba tremendamente aburrida, así que empecé a teclear.
Julieta
¿Cómo va tu día?
Fruncí la nariz al mirar mi teléfono. Era un mensaje muy aburrido, mas no tuve mucho tiempo para pensar en ello porque él empezó a responderme enseguida.
Romeo
Es todo gris y horrible porque tú no estás en él.
Me sonrojé, mis entrañas retorciéndose ante el texto. Romeo coqueteaba conmigo. Al menos, a mí me pareció que coqueteaba, pero quizá era así como hablaba con todo el mundo.
Julieta
Creo que es por la mezcla invernal que estamos teniendo.
Romeo
No, es porque necesito mi dosis de Julieta
¿Cómo está tu día?
Julieta
Tan aburrido. Nadie viene por culpa del clima.
Romeo
¿Tienes planes para más tarde?
Mi corazón empezó a latir más rápido. ¿Me lo preguntaba porque quería verme?
Julieta
En realidad no. Solo ropa sucia que no quiero lavar.
Romeo
No es difícil lavar la ropa, ¿o sí?
Me quedé mirando el teléfono, con el ceño fruncido.
Julieta
¿Nunca has lavado ropa?
Romeo
Claro que sí. Sería raro si no lo hubiera hecho.
Julieta
Ajá. Entonces, ¿cómo lavas la ropa?
Romeo
Uso la máquina esa.
Julieta
¡Oh, Dios mío! ¡En serio no sabes cómo lavar la ropa!
Romeo
¿Pensé que estabas aburrida y sin embargo eliges el tema de lavar la ropa?
Julieta
Puedes venir a mi casa y te enseñaré a hacerlo.
Escribí el mensaje antes de que pudiera dudar de mí misma, pero en cuanto se envió, tiré el teléfono sobre el escritorio con un chillido indigno.
Me cubrí las mejillas acaloradas y el sudor me recorrió las axilas.
¿En serio acababa de invitar a Romeo a mi apartamento de mierda para que aprendiera a lavar la ropa en el mugriento cuarto de lavado del sótano? ¿Qué demonios pasaba conmigo?
Romeo
Es la mejor oferta que me han hecho en todo el día. Por desgracia, estoy a punto de irme al norte del estado y no volveré hasta tarde.
Julieta
Sé que estás triste por perdértelo.
Romeo
Absolutamente destrozado.
Respiré aliviada. No se había portado raro con mi mensaje. Agité mi blusa, abanicándome. La tienda era vieja y tenía corrientes de aire, así que normalmente tenía frío, pero esta conversación me había dejado acalorada.
Más tarde por la noche, mientras ponía mi primera carga de ropa en la lavadora, recibí un mensaje de Romeo para que saliera. Allí encontré a un repartidor con una enorme pizza para Julieta.
Romeo
Para compensar las rebanadas que me robé.