Su Emperatriz (Imperio de Realeza 3) 54 Sienna #3
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54 Sienna #3

Sus ojos se posaron en mi teléfono y alzó las cejas en señal de pregunta.

—Mi esposo está en videollamada —expliqué. Prácticamente podía escuchar su pregunta no dicha, si tenía esposo, ¿por qué había ido sola a todas mis citas? Pero enseguida ocultó su confusión.

—Me parece bien. La ecografía de hoy no será muy larga. Solo voy a revisar el tamaño y la posición del bebé, junto con la posición de la placenta.

—¿Revisarás su corazón? —La voz de Dimi sonó por el teléfono, y no pude evitar sonreír porque yo también quería preguntar lo mismo.

—Sí, voy a echar un vistazo al corazón del bebé. Pero no espero encontrar nada —respondió Nadia.

—Oh, un segundo. —Rápidamente silencié la llamada—. No sabe el sexo.

Me guiñó un ojo.

—No pasa nada. No voy a soltar la sopa.

Me acomodé en la cama y apunté la cámara a la televisión de la pared para que Dimi pudiera ver todo. El familiar sonido de silbido llenó la habitación, y entonces nuestro bebé apareció en la pantalla.

—Oh, el bebé se está portando muy bien —informó Nadia—. Se movió a la posición de cabeza baja.

—Leí que los bebés pueden seguir cambiando de posición hasta las treinta y seis semanas —comentó Dimi—. ¿Y si el bebé se pone en posición de nalgas en las próximas semanas?

Entreabrí los labios y miré la cara de mi marido con total asombro.

—Sí, el bebé puede cambiar de posición, pero la mayoría se estabiliza a más tardar a las treinta y seis semanas. La doctora seguirá revisando la posición del bebé en futuras citas palpando la barriga.

Dimi asintió, aparentemente satisfecho con la respuesta.

El resto del escaneo pasó rápido y mis ojos se quedaron fijos en Dimi.

Nunca había visto una emoción tan abierta en su rostro.

Se veía exactamente como me sentí cuando vi a nuestra niña…

Como si estuviera completamente maravillado con la diminuta criatura que habíamos creado.

Nadia terminó la ecografía y me pasó pañuelos para que me limpiara el gel. Tras sus buenos deseos y su despedida, salió de la habitación.

—Eso fue increíble —pronunció cuando nos quedamos a solas—. Gracias por dejarme formar parte de esto.

—Por supuesto. —Se me quebró la voz y carraspeé—. Te enviaré copias de las fotos por mensaje.

Nos quedamos callados. Sin otra cosa en que centrar nuestra atención, todo lo de los últimos meses se extendía entre nosotros.

—Será mejor que me vaya —me despedí al fin.

Entreabrió los labios para decir algo, pero cambió de opinión en el último momento.

—Cuídate. Y al bebé Repollo.

Colgué con un dolor en el corazón y una sonrisa frágil en los labios.

Por fin. No es una verdura. Disfruta de esto abajo en la habitación al lado del gimnasio.

Ladeé la cabeza mientras Polina me entregaba la nota y la enorme palomera vacía para palomitas de maíz.

—Solo puedo decir que espero que mi bebé no sea tan, uhh, ancho —dije, mirando la enorme circunferencia de la cubeta.

Sonrió y negó con la cabeza.

—Le dije que se había pasado con el tamaño. —Entrelazó nuestros brazos—. Vamos, bajaremos juntas.

Vovchyk nos guio por las escaleras. No había bajado aquí desde la noche de póker. Se me alzaron las cejas al ver a Sergey con traje y de pie frente a una puerta cerrada.

—Bienvenidas, damas —saludó con un acento inglés realmente horrendo.

—Gracias por la bienvenida —agregué con un acento inglés igual de terrible—. Ahora, ¿a qué nos das la bienvenida?

Abrió la puerta con un gesto teatral. Se me cayó la mandíbula al darme cuenta de que era la habitación que quería convertir en cine.

Hasta ese momento, me había olvidado por completo de mi idea, de pie en la puerta de lo que era un cine de verdad con una pantalla enorme, sillones reclinables acolchonados en una pendiente y una zona de alimentos y bebidas en la parte trasera atendida por mis nuevos amigos.

Sveta servía palomitas en cubetas grandes, Vasya sacaba bebidas de la nevera, mientras Maxim, Lyosha y Matvey organizaban cajas de dulces del cine.

—¡Bienvenida a tu propio cine en casa! —exclamó Polina. Había un brillo en sus ojos que hizo que mi corazón latiera con fuerza—. Y nuestra película inaugural es en realidad una serie de televisión.

—Espera, no querrás decir…

Sergey me rodeó los hombros con un brazo.

—Sí, esa de hockey gay ruso que ya has visto un millón de veces pero que por alguna razón inexplicable quieres ver con nosotros.

Chillé y brinqué hasta que la pequeña Palomitas de Maíz de Cine me aplastó la vejiga y tuve que correr al baño.

Cuando volví, Sveta me llevó a mi asiento, que tenía una variedad de golosinas alrededor.

Me permití relajarme mientras veía una historia de amor imposible desarrollarse en pantalla.

Comí tentempiés y me reí con mis nuevos amigos y, por primera vez en semanas, tuve unas horas de descanso de los horrores del mundo.

Unas horas para recordar que el amor seguía existiendo.

Mis opciones esta semana eran un funnel cake o una papaya. Espero conocerte lo suficiente como para haber elegido bien.

– Dimi

Mi corazón latía con fuerza mientras revisaba las grabaciones de las cámaras de seguridad mientras me metía trozos de pastel en la boca. El hombre de la foto de vigilancia mantuvo el rostro oculto a las cámaras, pero había usado uno de los alias de Souleater para reservar tres noches en un hotel.

Una sensación de náuseas se instaló en mi pecho porque el hotel estaba en París. No era el mismo en el que me había quedado, pero lo suficientemente cerca como para hacerme sentir vulnerable y expuesta, como si este monstruo estuviera ensuciando el hogar de mi mayor aventura.

Me dieron ganas de escribirle a Dimitri, pero él no sabía nada de esta parte de mi vida y no tenía idea de cómo reaccionaría. Además, estaba visitando minas de gemas en las montañas Urales. En su lugar, abrí mi chat con Atlas.

Hedgehog

Este hombre está usando uno de sus alias en La Couronne Noire. Es un hotel en París. Parece tener la altura adecuada, aunque parece un poco frágil. No es como lo describiste

Atlas

Carajo. No sé si es él. ¿Alguna foto que muestre su rostro?

Hedgehog

No. Es como si supiera dónde están todas las cámaras y las estuviera evitando.

Atlas

Voy para allá. Envíame más imágenes y actualizaciones.

Te echo de menos a ti y al bebé Piña.

- Dimi

Un sobre grueso de manila estaba bajo la piña sobre mi escritorio. Metí la piña en el hueco de mi brazo, incluso cuando la superficie espinosa llegaba a mi piel a través del suéter.

No había nada escrito en el sobre, pero supuse que era mío. Lo piqué. Claro, porque pinchar es una forma eficaz de evaluar sobres misteriosos. Bueno, al menos no había explotado.

Lo abrí y saqué un montón de papeles legales que parecían oficiales.

Me desplomé en la silla mientras las palabras Acuerdo de Custodia flotaban ante mis ojos.

La habitación giró y mi visión se nubló.

Dios mío. ¿Me habían adormecido los regalos de Dimitri con una falsa sensación de seguridad todas estas semanas solo para darme un golpe inesperado?

Me costó varios intentos entender el primer enunciado.

El apretón en mi pecho se aflojó.

Seguí leyendo, moviendo los labios con las palabras escritas en blanco y negro, y cuando terminé la última página, mis lágrimas se habían transformado en lágrimas de felicidad. Porque en las páginas estaba escrita una garantía de que nunca podrían separarme de mi niña.

Las firmé con la mano temblorosa y envié un deseo silencioso al otro lado del mundo para que Dimi volviera pronto a casa. Porque podía ser que echara de menos a mi esposo.