52 Sienna
SIENNA
—No voy a comprarle un lobo de mascota a mi hija.
Sonreí mientras Matteo cruzaba el patio hacia Clementine, Vovchyk y yo. Clementine soltó un chillido de felicidad y extendió los brazos hacia su padre. Matteo no perdió tiempo en cargarla y acurrucarla contra su pecho.
—¿Le dirías que no a esta ternurita? —Apreté la adorable mejilla de Clem.
—Sí —replicó, pero sonaba más como un no—. ¿Por qué sonríes? —preguntó con voz áspera.
—Solo por ti, siendo el señor Super Papá. Me hace feliz. Papà estaría orgulloso.
Esperaba una respuesta sarcástica, aunque la expresión de Matteo se volvió seria.
—¿De verdad lo crees?
Fruncí el ceño ante la incertidumbre en su voz.
—Por supuesto que sí. Eres un padre increíble.
Miró al otro lado del jardín mientras balanceaba suavemente a Clementine, una mano tierna acariciando la parte trasera de su cabeza. Su pequeña mano apretó con fuerza su suéter como si supiera que ese era el lugar más seguro donde podría estar.
—¿Qué está pasando? —pregunté suavemente.
El silencio se alargó entre nosotros, y estaba segura de que cambiaría de tema, pero entonces habló.
—En ese momento supe que te estaba fallando, pero no fue hasta que tuve a Clem que me di cuenta de cuánto.
—¿Qué quieres decir?
Sus ojos se fijaron en mi rostro y contuve una respiración profunda ante el dolor crudo que vi allí.
—Me dije a mí mismo que recuperar mi imperio era lo mejor que podía hacer por ti porque te mantendría a salvo.
Sin embargo, pienso en lo joven que eras y en lo sola que debiste sentirte después de que murieran.
La idea de que Clementine crezca sin Sofiya y sin mí…
—Carraspeó, una mueca sustituyó la tristeza en su expresión—. No es que yo lo fuera a permitir nunca.
—A veces simplemente pasan cosas malas. No puedes controlarlo todo, Matteo.
—Tú tampoco, Sienna.
Ladeé la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
—En aquellos primeros días, después de escapar, te despertabas gritando cada noche. Me senté junto a tu cama mientras me repetías una y otra vez que debería haberlos salvado a ellos en vez de a ti.
—¿Qué? No lo recuerdo.
—Nunca lo recordabas por la mañana y pensé que era mejor así. Cuando dejaste de despertarte en medio de la noche, me sentí aliviado. Pero ahora me pregunto si las pesadillas realmente cesaron o si simplemente dejaste de gritar.
Me mordí el labio. Aunque no recordaba mucho de aquellos primeros años, sabía que las pesadillas continuaron durante años. Mis recuerdos eran de despertarme sola, con lágrimas silenciosas corriendo por mi rostro… Aunque, quizá no siempre había sido así.
—¿Te sentaste junto a mi cama?
—Por supuesto que sí. —Su tono era de ese gruñón seco que siempre usaba para disimular cuánto le importaba.
Mi mano fue al pecho, apretando con fuerza mientras uno de los cortes sangrantes de mi corazón destrozado se cosía lentamente. No siempre había estado sola. Mi hermano ha estado conmigo.
Tragué el nudo en mi garganta.
—Estabas en una posición imposible. Te obligaron a ser hermano, padre y Don de la noche a la mañana.
Asintió despacio.
—Tienes razón. No podía ser las tres cosas. Tuve que priorizar. Pero quiero que sepas que, si pudiera hacerlo de nuevo, elegiría otra manera.
Mi labio inferior tembló y fue mi turno de apartar la mirada. Cuando Matteo me rodeó los hombros con el brazo, un sollozo sacudió mi pecho.
—Puede que sea demasiado tarde, pero espero que sepas que mi familia es lo primero para mí, ahora y siempre. Ti voglio bene, Sienna.
Me dejé relajar en su pecho y le devolví el abrazo. Clementine se acurrucó cerca, con los párpados cayendo mientras intentaba mantenerse despierta.
—Yo también te quiero, Matteo.
El sonido de las puertas del patio abriéndose nos separó. Intercambiamos una sonrisa incómoda antes de girar hacia quien nos había salvado de la sobredosis de cursilería.
Sofiya, Noodle y Dimitri venían hacia nosotros. Sofiya usaba su andador y Dimitri rondaba a su alrededor para asegurarse de que no se cayera. Matteo estuvo a su lado en un instante.
—Está resbaladizo, Tesoro. Puedo cargarte o Dimitri podría ir a buscar tu silla de ruedas.
Me reí ante el intento descarado de Matteo de deshacerse de su cuñado.
—Creo que sobreviviré a la ventisca —objetó Sofiya con sequedad mientras empujaba su andador entre los casi tres centímetros de nieve acumulada—. Quiero ser parte de esta sesión de fotos de lobo y bebé.
—Oh, por supuesto que deberíamos tomar unas fotos de la familia —animé—. Todos, vengan aquí. —Señalé hacia donde estaba sentado Vovchyk como el buen chico que era.
—¡Sí, fotos de familia! Tenemos que tomar una de Noodle y su nuevo mejor amigo.
Noodle estaba concentrado en Sofiya mientras cruzaba el patio, pero sospechaba que su cola que se movía furiosamente, tenía que ver con su cercanía a Vovk.
—Las fotos familiares te incluyen a ti, Dimi —indicó Sofiya por encima del hombro. Me mordí el labio para no reír porque la mano de Dimitri estaba en la manija de la puerta como si intentara escapar.
—¡Mamama! —exclamó Clementine, extendiendo sus manitas hacia Sofiya, quien se quedó paralizada.
—¿Acaba de decir…?
—¡Mamama! —repitió Clementine, esta vez con un tono atrevido distintivo.
—¡Dios mío! ¡Dijo Mama! ¡Gané! —Sofiya chilló—. Ven aquí, Dochenka. Mamá está tan orgullosa de ti.
Clem había dicho su primera palabra unas semanas antes, pero para gran decepción de sus padres, fue Loodle. Matteo y Sofiya habían estado peleando por el segundo puesto después de Noodle desde entonces.
—No podemos estar seguros de que haya dicho eso —protestó Matteo con el ceño fruncido—. ¿Quisiste decir Papà, Piccolina? Papà.
—Oh, creo que habló perfectamente —agregué con una sonrisa.
Mi mano se posó en mi estómago. ¿Cuál sería la primera palabra de mi niña?
Miré a Dimitri y lo sorprendí mirándome.
Era la primera vez que lo veía desde que lo dejé anoche tras su pesadilla.
Se me rompió el corazón al verlo sufrir así, pero estaba orgullosa de haberme hecho respetar.
Me merecía un amor como el que Matteo le tenía a Sofiya… y Noodle tenía para Vovchyk.
Durante todo el tiempo que tomamos fotos, Dimitri no me quitaba la vista de encima, apartando la mirada solo cuando se le obligaba. Mantuve mi enfoque en Vovchyk y Clem, pero no pude evitar sentir que había algo inquietante en sus ojos. Algo parecido a la añoranza.