16. Christopher #2
—¿Cómo así? —Giro mi cuerpo para quedar frente a él y subo mis piernas también.
—¿Crees que cometí un error? ¿Mencionando a mi padre en el video?
Reprimo mis pensamientos reales —que Alexander siempre parece echarle la culpa a alguien más— y me mantengo diplomático.
—Creo que tenías que hacer lo que era correcto para ti. —Mi evasiva no es un reconocimiento directo de que lo que hizo estuvo bien, pero es suficiente para tranquilizarlo.
—No sé. —Alexander se jala los pellejitos de las uñas.
—Estoy seguro de que tu padre solo necesita algo de tiempo, eso es todo.
Me inclino y pongo una mano sobre su rodilla brevemente.
—¿Como el tiempo que tú necesitaste? ¿Que todavía necesitas? —Lágrimas brillan en sus ojos y su labio inferior tiembla. La suavidad de sus palabras toca una cuerda diferente, una con la que estoy dispuesto a seguir.
—Todos procesamos las cosas de manera diferente. —Agarro la botella, la abro y tomo un poco de agua—. Todavía estoy procesando todo yo mismo. Honrando tu verdad, pero también haciendo espacio para la mía. Pero me he dado cuenta de que puedo hacer eso aquí contigo, en vez de separado de ti.
Regreso mi mano a su rodilla y la dejo ahí esta vez.
Nuestras miradas se encuentran y la mía dice lo que mi boca no necesita decir.
Va a estar bien. Vamos a estar bien.
Tú y tu padre van a estar bien.
—¿Pero qué tal si no me perdona?
—Las familias discuten. Las familias necesitan espacio a veces. No me vas a decir que no ha habido un momento en que hayas pasado un rato sin hablarles. Solo necesitas ser un poco más paciente.
—Creo que ya me conoces lo suficiente para saber que no soy paciente.
—Una sonrisa pícara cruza su cara. Intencionalmente empuja mi pierna con la suya mientras baja la suya un poco.
Mi mirada es atraída hacia ellas, notando una falta de ropa interior debajo de sus shorts.
Su pene perfectamente cortado me devuelve la mirada.
—Alex. —Me levanto y casi me tropiezo con su mochila negra al final del sofá.
—Vamos, no me puedes culpar por intentar. Han pasado sesenta y nueve días desde la última vez que, ya sabes. —Su sonrisa se ensancha.
Como si necesitara que me lo recordaran.
Lucho contra mi urgencia primitiva de responder y empujo su mano cuando la estira hacia mí.
—Apenas llevo diez minutos contigo.
Sus ojos de cachorro y labios caídos jalan mis fibras sentimentales cuando se levanta y da un paso hacia mí. Mi cuerpo ya no está dispuesto a alejarse cuando la sensación nueva y desconocida de su barba roza contra mi piel. Sus labios bailan sobre los míos.
—Alex —digo con firmeza pero suavidad. Lo empujo ligeramente hacia atrás, tratando de evitar que la última gota de sangre abandone mi cerebro y fluya directo hacia mi verga.
—Perdón. —Baja la cabeza mientras toma mis manos y murmura algo entre dientes antes de mirarme—. Las viejas costumbres tardan en morir, supongo.
—Tal vez deberíamos hablar de esa carta tuya.
Me siento de nuevo en el sofá y le hago señas para que haga lo mismo.
He tenido dos semanas y media para procesar todo lo que dijo.
He repasado cada palabra de las cuatro páginas, y me siento más abierto ahora a lo que podría desarrollarse.
Pero sigo siendo cauteloso sobre volver a involucrarme después de junio y septiembre.
Y todavía hay algunos vacíos que mi mente necesita llenar.
Alexander juega con su reloj y mira hacia las cortinas cerradas.
Empiezo a hablar cuando finalmente voltea a verme.
—Gracias por mandarme la carta. No me imagino que haya sido fácil escribirla. Y perdón por tardarme hasta ahora en responder. Me imagino que, después de junio, sentiste que te estaba castigando otra vez, pero necesitaba reconciliar todo en mi cabeza.
En realidad, fue más para dejar que la rabia se calmara, pero no necesito ir ahí. No ahora.
—¿Reconciliar? —Los hombros de Alexander se tensan.
—Necesitaba cuadrar la idea del tipo que conocí en junio, y el tipo en las páginas de tu carta, con el tipo que me dejó tirado en el hotel de Londres. El tipo que dijo esas cosas en el cuarto del hotel en Nueva York en septiembre.
—Oh. —Los hombros de Alexander caen.
—Lo principal que estoy tratando de decir es, sí, todavía tengo sentimientos por ti. Claro que sí. Pero si le voy a dar otra oportunidad a esto, necesito más honestidad, más transparencia. Y tomar las cosas con más calma esta vez.
Alexander toma mi mano.
—Haré lo que sea necesario. —Hay un anhelo en sus ojos.
Debato si hacer las preguntas que todavía me persiguen antes de respirar profundo y lanzarme al vacío.
—No sabía de tu batalla con la adicción. Todavía estoy tratando de descifrar si Samuel fue más que un asistente para ti. Quiero—
—Era mi ex. —Alexander me interrumpe—. Es para quien escribí My Anchor, el día antes de que muriera. Es de quien tratan todas las canciones de mi último álbum.
Me estremezco ante su respuesta y empiezo a retirar mi mano, pero me detengo.
He querido honestidad radical de él desde que me dejó en junio, y aquí está dándomela.
Sin embargo, no puedo evitar sentir celos de Samuel al instante.
Medirme inmediatamente contra un tipo que nunca conocí.
Preguntándome si, igual que en la canción de Alexander Compare To You, no estaré a la altura.
Alexander aprieta mi mano y jala mi brazo.
—Voy a responder cualquier pregunta que tengas, pero prométeme que, sea lo que sea que responda, intentarás entender antes de juzgarme.
Se pasa la mano libre por el pelo cuando le cae sobre la frente, y respiro profundo. Asiento y repaso la lista de preguntas en mi cabeza, sopesando cuál hacer después.
Tengo la sensación de que será una noche larga.
Lunes
El resplandor del sol de la tarde inmediatamente me hace lamentar no haber traído mis lentes de sol.
La brisa fresca de la tarde proporciona otra razón para lamentar la ropa que empaqué.
Estaba demasiado enfocado en asegurarme de que Andrew estuviera bien como para fijarme en lo que necesitaba para la semana.
Mi confiable polo blanca no es lo suficientemente abrigadora para evitar que se me erice la piel.
Había asumido erróneamente que la escena de Alexander hoy se grabaría adentro, pero aquí estamos afuera de una cuadra de tiendas acordonada en el centro de Albuquerque.
Connie y Paul se sientan en las sillas de director frente a mí, apenas reconociendo mi presencia.
En cambio, miran al monitor, dejándome de pie detrás de ellos.
Miro fijamente la respuesta de Chloe a la solicitud de Paul de cubrir los gastos de viaje de Alexander.
—Respondieron diciendo que cubrirán un tercio de los costos.
—Presiona y pide el cuarenta por ciento —dice Paul. Su tono es despectivo y su atención permanece fija en la pantalla, la escena de Alexander desarrollándose mientras camina junto a un hidrante.
Una descarga de enojo me recorre.
¿Quién demonios se cree que es? Ni siquiera tiene la decencia de voltear a verme cuando le hablo, como si yo fuera uno de los lacayos que puede mangonear a su antojo. Marcho desde detrás de las sillas y me paro frente a los dos, bloqueando su vista del monitor cuando el director grita corte.
—Es un tercio, y la garantía de que cada programa hable sobre la campaña de Brewed. Tómalo o déjalo. —Mi voz es cortante y llena de rabia.
Se acabó la negociación.
El tira y afloja entre Paul y Brewed ha sido implacable —no solo sobre el presupuesto— sino sobre cómo incluir la campaña de Brewed en las entrevistas de Alexander.
Han peleado por todo, desde la presentación de sus bebidas navideñas exclusivas hasta quién las va a entregar.
Incluso he tenido al sello discográfico de Alexander presionando para que los conductores de los programas mencionen que las copias físicas de su cover It's the Most Wonderful Time of the Year estarán disponibles para compra, las cuales han fabricado a toda prisa para capitalizar la exposición.
La aparición ahora está muy lejos de la visión original donde Alexander aparecería, iluminaría el tema del abuso sexual, y se anunciaría como embajador de RAINN, la organización de la Red Nacional contra la Violación, el Abuso e Incesto.
Giro el cuello al escuchar hojas crujiendo, y veo a Alexander caminando hacia nosotros con paso largo. Sus botas levantan las hojas rojas y naranjas esparcidas por el pasto.
—¿Qué está pasando aquí? —pregunta cuando nos alcanza.
—Paul justo estaba aceptando los últimos detalles de las entrevistas de televisión —digo. Mis fosas nasales se dilatan cuando Paul me lanza una mirada asesina.
—Sí, justo le estaba confirmando a Christopher que podemos aceptar todos los términos de Brewed. —Agarra el brazo de madera de su silla.
—Te ves frío —dice Alexander, frotando sus manos arriba y abajo de mis brazos. Rápidamente se retira cuando nota a un paparazzi detrás de un camión de comida cercano—. Lucy, ¿puedes ir a vestuario a ver si tienen algo que Christopher se pueda poner?
Voltea hacia ella y agarra su celular, que ella ya tiene extendido hacia él.
La piel de gallina reaparece instantáneamente en mis brazos mientras el vello se eriza en mi nuca. No por la brisa que hace caer un par de hojas de las ramas sobre nosotros, sino por el gesto amable de Alexander de tomarse un momento para pensar en mí.
Tal vez la conversación de anoche para limpiar el aire ayudó.
Tal vez puede ser más atento y considerado con los demás.
Me detengo antes de dejarme llevar demasiado.
Pasitos, Christopher. Pasitos.
—No hay problema.
Lucy sale disparada hacia vestuario mientras Connie se levanta de su silla, reajustando el chal de lana rojo que le cubre los hombros y encerrando a Alexander en un abrazo apretado.
—Eso estuvo genial.
—Sí. Buen trabajo. —Paul se inclina hacia adelante en su silla y le da palmaditas en el brazo a Alexander como a un perro.
—Creo que terminé por hoy.
Alexander mira hacia el director, parado junto al carro de policía, y recibe un pulgar arriba, confirmando sus sospechas.