3. Alexander #3
Laura ya está de pie y cerca de la salida. Brian la sigue y le ofrece su camisa de franela para protegerla de la lluvia que cae afuera. Ella la rechaza y él se encoge de hombros como diciendo: Allá tú.
Rob viene detrás de nosotros y abre la puerta. Los flashes de las cámaras me ciegan momentáneamente mientras Rob nos guía hacia la camioneta.
—¿Eran aliens? —Brian se recarga contra la ventana polarizada. Luces brillantes aparecen del otro lado.
—¿De qué hablas? —Laura opta por sentarse entre nosotros, en lugar de en la fila de enfrente, mientras Rob cierra la puerta y se sube al asiento del copiloto junto al conductor.
—Las luces. ¿Están intentando abducirnos? —Brian se inclina sobre Laura y jala mi cabeza hacia la ventana. Los flashes vienen más rápido y más frecuentes mientras las figuras se empujan entre sí y la camioneta arranca.
—No. Son zombis. Están intentando comernos —el pánico me invade, me envuelve, ante el pensamiento.
Domingo
¿Por qué uno de los condones está al revés?
Me esfuerzo por ver bajo la luz fluorescente del baño mientras me estiro desde el asiento del inodoro para sacarlo del bote de basura junto al lavabo. Inmediatamente me arrepiento de mi decisión y lo lanzo de vuelta cuando siento lo pegajoso contra mis dedos.
Mi visión sigue borrosa mientras me levanto del inodoro y apoyo las manos en el lavabo, notando un montón de maquillaje regado por el mesón.
Espera.
¿No estamos en el cuarto de Brian?
Un destello de luz se cuela por las cortinas cuando reentro a la habitación, produciendo una línea delgada sobre la cama. Brian sigue en el medio donde lo dejé, pero Laura está a su izquierda, desmayada. Un pecho expuesto se asoma por las cobijas que ocultan el resto de su cuerpo.
¡¿Qué carajos?!
Esto no puede ser posible.
Intento armar las piezas a través del shock abrumador, del pánico puro que me envuelve completamente como una manta sofocante, pero no puedo pensar con claridad, no puedo organizar mis pensamientos.
Los eventos de anoche, todas esas horas perdidas, se niegan a venir a mí, a presentarse claramente, a revelar su verdad maldita.
Brian es hetero, y no hay manera de que me haya acostado con Laura.
Ella no es mi tipo.
Las mujeres no son mi tipo.
Tal vez solo me desmayé en el cuarto mientras esos dos se lo montaron.
Debato lo que debería hacer durante todo el tiempo que me toma parpadear, y rápidamente recojo mi ropa, que está tirada al lado de la cama, cerca de donde Brian se mueve.
Me pongo los bóxers y los jeans, y jalo la camisa por encima de mi cabeza, intentando desesperadamente no despertar a ninguno de los dos.
Me apoyo en la mesa de noche mientras me pongo los calcetines, y meto los pies en mis botas justo cuando Brian se estira y abre los ojos.
—Bueno, esa fue una gran manera de terminar una filmación —dice, sonriendo, relajado.
Brian se arrastra hacia el borde de la cama mientras miro a Laura. Un leve ronquido sale de su nariz.
—Ah, no te preocupes por ella. Podría dormir a través de un concierto de heavy metal, a través de cualquier cosa.
Mi atención regresa a Brian cuando levanta el edredón para revelar su torso desnudo, y alcanzo a ver su largo pene erecto. Ahora puedo ver aún más por qué tiene tanta reputación en Hollywood. Me descubro mirando un segundo de más y regreso mi enfoque a su cara.
—¿Qué pasó?
—¿De verdad no recuerdas? —Balancea las piernas hacia un lado y se agacha para agarrar sus bóxers.
Hago una pausa mientras se los sube y mete su erección adentro.
La cabeza sobresale bien por encima de la banda de Calvin Klein y hacia la izquierda.
La tela apenas puede contener la cobra que tiene escondida ahí abajo.
Mi mente salta a todo tipo de conclusiones, ninguna de las cuales calma el latido acelerado de mi corazón.
—No —digo, queriendo sacudir la respuesta de él.
Un ronquido ligeramente más fuerte rompe el silencio entre nosotros mientras agarra su celular y revisa la pantalla.
—Tengo que irme para alcanzar mi vuelo. Pero estoy seguro de que podría quedarme un poco más, si quieres que te refresque la memoria —deja caer su celular en la cama y coloca un pulgar a cada lado de sus bóxers.
—¿No lo hicimos? ¿Yo no? Pero tú eres... —Las palabras se tropiezan al salir de mi boca. Mi mirada va de él a Laura y luego baja a sus bóxers de nuevo, los cuales empieza a bajar con los pulgares. Su erección sube y baja, como una serpiente intentando ponerme bajo su hechizo.
Seguramente debo estar soñando esto, ¿no? No hay manera de que esto esté pasando, ¿o sí?
Lucho contra el impulso primitivo dentro de mí y me volteo, corriendo hacia la puerta y por el pasillo del hotel hasta el elevador, dejando a Brian atrás.
Presiono frenéticamente el botón de llamada, rogando que el elevador llegue antes de que él pueda alcanzarme, y casi salto adentro cuando las puertas se abren.
Me recargo en la pared una vez que empieza a subir hacia mi departamento y suelto un profundo suspiro. Deslizando las manos en mis bolsillos, encuentro un objeto extraño, y lo saco.
El MDMA.
Mierda.
Por eso no recuerdo lo que pasó.