Segundo epílogo Dos semanas después Hedda #2
Lars le roba su sándwich, le da un bocado y dice tan pancho:
—Me aburría.
Rowan abre la boca para soltarle algo, pero le hago un gesto con la cabeza para que lo deje estar.
De mala gana, mi novio se marcha a darle las gracias a Ylva por la comida mientras mi hermano se come el sándwich con los gritos furiosos de Matti de fondo.
Cuando termina, se chupa los dedos y le suelta sin mirarla:
—Eres un puto dolor de cabeza, Mathilde.
Nunca lo había oído llamarla por su nombre completo.
En ese momento Ylva, la abuela de Matti, se cuelga del brazo de Lars y le dice algo al oído que lo hace fruncir el ceño.
No sé qué le habrá contado esa anciana que siente debilidad por él, pero de nada sirve que le apriete el antebrazo.
Mi hermano le da un beso en la mejilla y se aleja hacia el bosque echando chispas.
Antes de desaparecer entre la gente, busca a Matti con los ojos.
Es una mirada fugaz, pero lo bastante intensa como para que algo se me encoja en el pecho.
La fiesta continúa entre risas, comida casera y vecinos que entran y salen del taller para cotillear.
Me dispongo a soplar las velas de una tarta enorme de chocolate hecha por Matti.
Ya tengo todo lo que quiero, así que, al soplar las velas, pido que mi hermano y mis amigas sean tan felices como yo.
Ahora que por fin tengo mi final de cuento de hadas, empiezo a sospechar que debería preocuparme más por ellos. Porque Anita está cada vez más perdida con su enamoramiento imposible por Magnus, a Matti últimamente la noto alicaída y, en cuanto a Lars…
—¡LARS! —grito al verlo estrangular a Aksel.
Mi hermano tiene las manos alrededor del cuello del novio de Matti, al que ha inmovilizado contra un árbol. Søren Ashcroft, el gemelo malvado de Magnus, observa la escena mientras se bebe una cerveza. Solo le faltan las palomitas.
No sé qué demonios hace aquí. Rowan le hizo la cruz el día que Lars le contó que Søren se hizo pasar por Magnus y me besó hace mil años.
Fue un beso sin importancia que ninguno de los dos disfrutó, pero bastó para que Rowan rompiera de forma inmediata su efímera amistad con él.
No voy a fingir que no me alegro. Søren siempre me ha parecido un provocador nato que disfruta haciendo miserable la vida de los demás.
Prefiero tenerlo lejos de mí y de las personas a las que quiero.
Ahí está, vestido de negro, con su cara de desprecio absoluto por la humanidad.
—Tú —le suelto—, haz algo útil y separa a esos dos.
Aunque, en realidad, a quien tiene que separar es a Lars del pobre Aksel .
El novio de mi amiga se está poniendo pálido mientras mi hermano lo estrangula contra el árbol.
No puedo evitar acordarme de la forma en que Ylva le ha susurrado algo al oído hace un rato, ni de cómo Lars ha echado a andar hacia el bosque dispuesto a matar a alguien.
Adoro a esa anciana, pero siempre ha sido un poco metomentodo y lleva meses pregonando por ahí que Lars y Matti son almas gemelas.
Si las almas gemelas compiten por quién le dedica el insulto más cruel al otro, entonces sí, mi hermano y mi mejor amiga están hechos el uno para el otro.
Søren se termina la cerveza, saca un cigarro, lo enciende y exhala el humo sin apartar los ojos de la escena.
—No me junto con chusma.
—¡Suéltalo ahora mismo! —grita Matti.
Mi amiga echa a correr hacia Lars y le estrella los puños en la espalda. Eso no basta para que mi hermano suelte a su novio.
Un corrillo de gente se va formando a nuestro alrededor. Todos le gritan a Lars que suelte a Aksel, pero ninguno se atreve a intervenir. No los culpo: mi hermano es un armario empotrado de casi dos metros.
—¡Rowan! —Me giro para buscarlo y siento un profundo alivio al verlo detrás de mí. El muy sinvergüenza observa la escena con una sonrisa ladeada, como si entendiera algo que los demás no vemos—. ¡Vamos, sepáralos!
Rowan asiente. No necesita más para caminar hacia ellos y… ponerle la zancadilla a Aksel. El jefe de policía cae al suelo con un resuello. Lars intenta abalanzarse sobre él con la intención de rematar la faena, pero Rowan lo agarra por la chaqueta y lo aparta de un tirón.
—Tío —le dice a mi hermano—, no puedes cebarte con un hombre que está tirado en el suelo. Hay que tener un mínimo de deportividad.
—¡Rowan! —le reprocho.
Rowan me enseña el pulgar.
—Ya los he separado, cariño.
—¡No tenías que tirar al suelo a Aksel!
—No podía pegarle a tu hermano. Ahora somos familia —dice con tono práctico—. Y Aksel ya estaba medio estrangulado, así que empujarlo al suelo me ha parecido la opción menos traumática para todos. ¿Lo ves? Me estoy convirtiendo en un hombre pacífico, cariño.
Matti se arrodilla para auxiliar a Aksel, que está tosiendo con una mano en la garganta. Mi hermano se inclina hacia él con la cara deformada por la rabia, así que Rowan le planta una mano en el pecho para evitar que vuelva a tocarlo. Lars lo ignora y señala al jefe de policía con un dedo.
—Te dije lo que pasaría si hacías algo así. La próxima vez —sus ojos se clavan en Aksel con desprecio—, no habrá placa ni Dios que te salve de mí, porque te mataré.
—¡Que lo dejes de una vez! —le grita Matti con las lágrimas saltadas—. ¡Animal! ¡Eres un bruto!
Pues… está siendo un cumpleaños la mar de entretenido.
Al fondo veo a Anita gesticulando con los brazos. Hay un hombre de pelo negro y brazos tatuados que la tiene acorralada contra una de las furgonetas. Søren Ashcroft se diferencia de su hermano Magus por dos motivos: los tatuajes y su falta de escrúpulos.
El demonio de su brazo izquierdo es un aviso de sus malas intenciones.
Voy directa hacia ellos, dispuesta a defender a mi joven amiga de ese canalla.
—Aléjate de mí, Hyde —le ordena Anita con voz temblorosa.
La chica levanta la barbilla. Antes de que yo llegue a pegarle tres gritos a ese monstruo, un hombre aparentemente idéntico a él lo agarra del brazo y lo aparta de Anita de un empujón.
Anita observa a Magnus con ojos de corderito enamorado.
—¿Qué te crees que estás haciendo? —le reprocha Magnus a su gemelo.
Søren ni siquiera se inmuta.
—No veo por qué no puedo divertirme un poco con esta cosita tierna e inútil si a ti no te interesa.
—¡No soy una cosita tierna e inútil! —protesta Anita, con la cara roja.
Søren ladea la cabeza en su dirección.
—Deja hablar a los mayores, niña.
—Aléjate de ella, Søren. —Su hermano lo va empujando hacia su moto—. No me pongas a prueba.
—¿Por qué iba a alejarme si es tan buena ocultando que lo disfruta y a ti puedo sacarte de quicio?
—¡No lo disfruto! —exclama Anita, pegando un pisotón en la hierba.
Søren se sube a la moto, se pone el casco y le hace un gesto con la mano.
—Adiós, mocosa.
Antes de que pueda decidir si debería ir detrás de Anita o volver con Matti, escucho a Lars gruñir a mi espalda:
—¡Quítame las putas manos de encima, Steel! ¡Ya me voy! Que todo el mundo siga con la fiesta.
Rowan lo suelta, pero, por si acaso, lo acompaña hasta su coche para evitar que Lars decida volver a lanzarse sobre Aksel. Mi hermano se pasa una mano por la nuca, resopla por la nariz y levanta la cabeza hacia mí. Ahora parece avergonzado.
—Perdona, Heds —murmura, cabizbajo—. No quería arruinar tu cumpleaños.
Rowan regresa a mi lado con expresión agotada, justo cuando Roxie sale pitando hacia el coche de Lars.
—Eh, ven aquí, rata traidora —la llama Rowan.
Roxie lo ignora. Lars abre la puerta del conductor y la perra se sube de un salto ante la mirada atónita e indignada de mi novio.
—Deja que le haga compañía. —Le acaricio el brazo—. Es la única con la que no se enfada.
—Se come mi comida, se sienta entre nosotros en el sofá y me roba a mi perra —masculla Rowan, observando cómo se aleja el coche con la niña de sus ojos en el asiento del copiloto—. ¿Cuándo decías que se va de misión?
—¡Rowan!
Él me rodea la cintura con un brazo y me atrae hacia su cuerpo.
—¿Qué? —se hace el inocente—. Lo pregunto por organizarme emocionalmente.
Intento fulminarlo con la mirada, pero empieza a darme besos lentos en el cuello, justo en ese punto que conoce demasiado bien, y mi enfado se convierte en una cosa blanda y ridícula que no sabe sostenerse en pie.
Este hombre tiene una facilidad insultante para desarmarme con su boca.
Me apoyo en su pecho y observo el coche de Lars alejarse con Roxie dentro, muy tiesa en el asiento, como una copiloto profesional.
Luego miro a Matti, que sigue temblando de rabia junto a Aksel, más pálido que una estatua, y luego a Anita, que finge estar indignada mientras busca a Magnus entre la gente.
Intuyo que voy a necesitar ayuda para el drama que se avecina. Mucha ayuda.
Me temo que mis amigas y mi hermano me tendrán muy entretenida de ahora en adelante.
Quizá sea justo. Durante mucho tiempo, ellos han estado pendientes de mí.
Ahora, me toca a mí cuidarlos. Por suerte, no estoy sola.
Cuento con un exboxeador apasionado, protector y devoto que haría cualquier cosa por mí.
Y sí, eso implica ayudarme a cuidar de los míos, así que agradezco no verme sola en esto.
Rowan me atrae contra su pecho y me besa la sien.
—Feliz cumpleaños, Ojazos. No te preocupes, tú y yo podemos con todo.
Lo abrazo por la cintura e inspiro su olor reconfortante. Tiene razón. No importa cuántas trabas encontremos en el camino, porque las superaremos juntos.
Es mi hogar. Mi familia. Mi todo.
—Contigo hasta el final, Rowan Steel.