Steal (Los Cazadores MC nº 3) 23
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Steal – Una semana después

—¿Qué pasa con The Huntsmen y Huntsmen Angels? —pregunta Anchor, y hago una mueca mientras Piston suspira.

Mierda, sabía que se me olvidaba algo…

—Siguen siendo rentables, pero no han subido como el restaurante y el estudio de tatuajes.

Algunos clientes del bar se quejan de Katie.

Le interesa más emborracharse que atenderlos.

Espera que le inviten a copas, algo que tenemos que cortar de raíz cuanto antes, y el club de striptease, no sé qué ha pasado allí; nos faltan cuatro días de ingresos —responde, y todos los hermanos me miran.

Maldita sea, Cassidy tiene suerte de que la quiera…

Suspiro y admito:

—Cherry decidió cagarla en Huntsman Angels.

Los hermanos me miran con el ceño fruncido.

—Le ofreció a un cliente un polvo en el cuarto trasero por mil dólares, y resultó ser un federal.

Los hermanos maldicen.

—Conseguí demostrar, con grabaciones, que no consentimos mierdas así, y que ella nunca lo había hecho antes, pero tuve que cerrar el local unos días mientras investigaban. La muy zorra tiene suerte de que no la arrestaran.

—¿Cómo es que nos estamos enterando ahora? —pregunta Pitbull con curiosidad.

Gruño:

—Porque mi mujer es un coñazo.

Pitbull frunce el ceño antes de que sus ojos se abran como platos al atar cabos, y de repente sonríe, ya sabiendo que ella tuvo algo que ver.

Cannon, sin pillar la indirecta, pregunta:

—¿Qué tiene que ver Cass con que no nos hayan informado?

Lo fulmino con la mirada y suelto:

—Ah, no sé, quizá porque ella fue quien llamó a los federales, y de alguna manera convenció a Cherry de ofrecerle al tío favores sexuales por dinero, así que me he pasado los días intentando no matarla o follármela, mientras limpio el desastre que ha montado con sus truquitos.

Acid escupe el agua sobre la mesa, flipando, mientras los hermanos me miran como si ella hubiera perdido la cabeza, y Cannon tartamudea:

—¿E-ella está intentando que la eches otra vez?

Asiento.

—La tía está haciendo todo lo posible para alejarme sabiendo que no puede huir por Moira, pero le está saliendo el tiro por la culata porque nunca la dejaré ir.

Simplemente no tuve tiempo de poneros al día, hermanos.

Me está sacando de quicio, y sinceramente, le está haciendo la competencia a Annalise.

Ayer, dejó que nuestra hija pintara mi despacho de rosa y morado; el suelo, las paredes, mi escritorio cubierto, con purpurina de regalo.

Todos me miran con absoluto asombro de que ella aún no esté dispuesta a darme una segunda oportunidad. Aunque me he asegurado de pasar todo mi tiempo con ella y nuestra hija, tienen que darse cuenta de que merezco este trato. Tengo que aguantarlo.

Piston se ríe y luego pregunta:

—Dios, ¿fue ella quien disparó cañones de purpurina en el club ayer y llenó la despensa de espuma?

Vuelvo a gruñir.

—Sí, fue ella, y todos culpamos a Annalise hasta que llegué a casa y la vi con esa sonrisita de suficiencia, y cuando fui a mi lado del armario, estaba cubierto de purpurina, y no olvidemos el café que me preparó con sal en vez de azúcar, y las llamadas que llevo recibiendo de tíos y tías ofreciéndose para pasar un buen rato, y las revistas porno gay que llegan al club todos los días.

Los hermanos se quedan callados un instante antes de estallar en carcajadas, pero niego con la cabeza.

—Es algo que tengo que aguantar, algo que sé que merezco —admito—. Y todavía me queda un largo camino de súplicas por delante, para demostrarle que ella siempre será mi prioridad, ella y nuestra hija. Solo es cuestión de tiempo.

Y tiempo es algo que debo darle.

Tenerla de vuelta ante mis ojos, y saber que tenemos una hija, joder, es desgarrador darme cuenta de que les fallé durante todos estos años.

—¿No le has contado por qué hiciste lo que hiciste? ¿Por qué pusiste al club, pusiste a Faith por delante? —pregunta Anchor, confundido.

Estos tíos no tienen ni puta idea cuando se trata de mujeres.

Asiento.

—Sí, y ella lo entiende; simplemente ha decidido priorizarse a sí misma, como debería.

Se ha labrado una vida fuera de este club.

Ha criado a nuestra hija sola. Da igual por qué elegí a Faith o al club.

La di por sentada. Me perdí su graduación, los aniversarios de la muerte de su padre, nuestros aniversarios, las citas que yo mismo organicé, todo porque tenía miedo de fallarle al club, miedo de fallarle a mi padre.

—Esperabas que ella siempre estuviera ahí porque dejaste claro que ella era la que llevaría tu parche —añade Piston, y asiento.

—Sí —admito—, y fui un gilipollas. Ahora, si quiere hacerme la vida imposible durante un tiempo, pues vale, lo aguantaré. No pienso perderla a ella ni a mi hija.

—¿Qué más va a hacer falta para que te perdone, para que nos perdone? Estamos ahí para ella todos los días; cada día va un hermano diferente al hospital con ella e intenta hablar con ella, pero se ha cerrado en banda —comenta Cannon.

Me encojo de hombros.

—No lo sé. La Cassidy de hace cuatro años es diferente a la de ahora. No es ninguna blandengue, y no está dispuesta a aceptar un «lo siento»; todavía está dolida, y no la culpo, pero creo que os perdonará a vosotros, hermanos, antes de que siquiera se plantee perdonarme a mí.

—No ayuda que la tengas secuestrada —murmura Acid con una sonrisilla, y lo fulmino con la mirada, haciéndolo reír.

—Además, tampoco ayuda que no le permitas pasar tiempo a solas con el «tío Tanner», como lo llama Moira, según Nat… —añade Piston, y pongo los ojos en blanco mientras los tíos se ríen.

—¿Cuándo vamos a conocerla? —añade Anchor.

Me encojo de hombros.

—Cuando Cassidy esté lista para dejar que los hermanos se acerquen a ella. Mientras Cass trabaja, me quedo en casa con ella y curro desde mi despacho recién pintado de rosa y morado, pero no voy a tentar a la suerte trayendo a Moira al club; ahora mismo tenemos que respetar los tiempos de Cassy.

Todos los hermanos asienten y suspiro. Echo un vistazo al papeleo y digo: —Bien, Huntsmen Angels vuelve a estar en marcha; Cherry ha sido degradada a camarera en vez de bailarina, aunque parece que mi encantadora mujer sacó casi tres mil de mi cuenta, así que, para cuando vuelva a bailar, será como si nunca la hubieran degradado.

—Los hermanos resoplan—. Deberíamos recuperar el dinero fácilmente en un mes.

Y en cuanto a Katie —miro a Pitbull, que se va a encargar de la gestión del local—, dale una advertencia.

Si la caga una vez más, está fuera. —Asiente. Miro a Acid. Me dedica una sonrisa.

—Está bien —confirma. Asiento con alivio mientras él sonríe.

Sé que Perrie lo está pasando mal con el embarazo; tiene miedo de perder a este bebé como castigo por haberse vengado de sus violadores, pero no va a pasar.

Ese bebé va a ser muy afortunado.

—Muy bien, si eso es todo, Piston, tienes que volver con tu mujer antes de que te estrangule por tardar tanto. Me mandó un mensaje antes de la reunión: tienes que estar en casa en una hora. —Lo miro. Sonríe y admite—: Está cansada…

Los hermanos se ríen, nada sorprendidos. Ha tenido el hijo de Piston, y el crío es igualito a su padre, siempre reclamando la atención de Nat.

—Bien, eso es todo —digo, y doy un golpe con el mazo. Los hermanos se levantan y van saliendo de la sala mientras Anchor gruñe, se pone de pie y se estira la espalda.

—¿Estás bien? —le pregunto.

Resopla.

—Por lo visto, mi mujer ha vuelto a salir con gente.

Hago una mueca.

—Sí, ya me enteré.

Su hijo llamó y confesó que había estado intentando sabotear las citas de su madre. Quiere que sus padres vuelvan a estar juntos, pero Heaven no ha podido perdonar la traición de Anchor, ni siquiera después de diez años. Lo quiere, pero hay cosas que cuesta mucho superar.

Niega con la cabeza.

—Lo sé, la cagué. Nunca debí emborracharme después de nuestra discusión, y desde luego nunca debí follarme a Ginger, pero han pasado años, hermano, jodidos años, y sigue sin perdonarme.

Me levanto suspirando y le recuerdo:

—Su padre le puso los cuernos a su madre toda la vida. —Se estremece al oírlo—. Sabes que para ella la infidelidad era una línea roja.

Me mira.

—Lo sé, y desde entonces no he dejado de intentar demostrarle que ella lo es todo para mí. A estas alturas deberíamos tener al menos cinco hijos, no uno. Mi hijo quiere un hermano, pero parece creer que no va a ser conmigo y con su madre, y eso no puedo aceptarlo, joder, no pienso hacerlo…

Cruzo la mirada con él y al instante lo pillo. Ah, joder…

—No —espeto señalándolo, pero él sonríe con suficiencia.

—¿Qué? —pregunta haciéndose el inocente.

Niego con la cabeza.

—Ni se te ocurra, Travis.

Sonríe.

—Demasiado tarde.

Gruño y dejo caer la cabeza con las manos en las caderas.

Dice:

—Llevamos diez años follando cuando nos apetece, y los dos sabemos que no se habría acostado conmigo si no me siguiera queriendo.

—Eso no te da derecho a manipular sus anticonceptivos, cabrón —espeto. Sé perfectamente que mi vicepresidente va a perder la vida, o peor, los huevos.

—Oye, podría haber seguido tu ejemplo y encerrarla en mi casa en el terreno del club —dice con chulería.

Suelto una risa sombría y lo señalo:

—Si te mata, te resucito y te mato yo mismo. Es peor que Cassidy, Travis; Heaven va a matarte. —Niego con la cabeza—. ¿Cuándo manipulaste sus anticonceptivos?

Se lo piensa un momento y admite:

—Hace dos meses.

—¿Y si se ha acostado con otro? —pregunto, porque está claro que el cabrón no lo ha pensado bien.

Me fulmina con la mirada.

—No lo ha hecho, porque Micha la llama durante sus supuestas citas.

Joder…

—¿En serio has metido a tu hijo en esto? —espeto.

Se encoge de hombros.

—Él quiere que sus padres estén juntos. Se ha pasado toda la vida sin ver a sus padres juntos porque yo la cagué.

Quiero recuperar a mi mujer, quiero recuperar a mi familia, y estaría muy bien, joder, que los hermanos supieran que sigo casado y tengo un hijo.

Micha tiene toda una familia que ella no quiere que forme parte de su vida.

Suspiro.