22
Cassidy
Un brazo pesado sobre mi estómago es lo primero que siento al despertar lentamente de la mejor noche que he dormido en cuatro años.
No necesito abrir los ojos para saber que ya no estoy en el sofá, y desde luego no necesito abrirlos para saber que Steal está dormido detrás de mí.
Siempre dormí mejor en sus brazos. ¡Maldito cuerpo traidor!
En momentos así desearía no tener el sueño tan profundo, porque al menor quejido de Moira me despierto de un salto, pero Steal me coge en brazos y me quedo como muerta.
No soy estúpida, sé que es mi subconsciente demostrando que confío en él a pesar de todo. Pero mi cabeza no cederá.
—Sé que quieres moverte, gritar y echarme la bronca, pero por favor, Trouble, dame solo cinco minutos antes de que te levantes y me regañes... —dice Steal somnoliento detrás de mí, su cálido aliento en la nuca provocándome escalofríos por la columna mientras su brazo me estrecha con más fuerza.
Aunque mi cuerpo me suplica que me quede en sus brazos, que permanezca envuelta en su calor, me aparto de su abrazo, lo que le arranca un gemido.
—Vamos, Cassy...
Pero lo ignoro y echo un vistazo a la amplia habitación.
En los cuatro años que estuvimos juntos, nunca vine a su casa.
Si me quedaba a dormir, normalmente era en su habitación del club.
No acepté su chaleco, así que no me parecía correcto quedarme aquí, y que Faith me estuviera dando la tabarra constantemente con que supuestamente seguían acostándose tampoco ayudó, aunque sí que monté mucho de paquete en su moto, lo cual era emocionante cada vez.
Mis ojos recorren las paredes de un gris claro.
La pared del fondo, detrás de su cama, es negra, con tres grandes marcos blancos: fotos de él y de mí a cada lado, y una de mí sola en mi graduación universitaria en el centro, una foto que sé que hizo Perrie.
Los muebles son de roble oscuro, y la habitación está ordenada y limpia.
Está bastante bien para ser un hombre y eso...
—¿Dónde está mi hija? —pregunto, que no soy tonta, mientras intento ignorar las fotos que tiene de mí. Sabía que tenía mi teléfono después de echarle la bronca al pobre Killen, y sé que probablemente le envió un mensaje a Tanner haciéndose pasar por mí, y seguro que cotilleó en el móvil.
Me entran unas ganas tremendas de dispararle de nuevo, sabiendo que ha invadido mi privacidad, todo porque ha decidido hacerse el macho alfa que de repente me quiere.
Vale, no de repente, sé que me ama, sé que me reclamó como suya y se tatuó mi nombre en el dedo anular, algo que me dejó de piedra. Pero aún así no está bien.
Él se lo buscó, ahora que se aguante...
—¡Nuestra hija, Trouble! —espeta Steal, y me vuelvo hacia él con un suspiro.
—¿Dónde está nuestra hija? —reformulo. No tengo energía para ponerme a discutir, sobre todo sin haber tomado café todavía, porque probablemente le dispararía de nuevo.
Se deja caer de espaldas, y bajo la mirada hacia su pecho duro y tatuado, que, sí, me hace la boca agua, pero lo ignoro mientras admite:
—En la habitación contigua. Estaba dormida cuando la cogí.
Asiento aunque no me está mirando, luego me giro y veo tres puertas, pero solo una está abierta, así que camino hacia esa habitación.
Mis ojos se posan en mi hija dormida, con la boca bien abierta y el brazo colgado por fuera de la barandilla rosa de la cama.
La habitación está bastante vacía. Hay algunos peluches tirados en el suelo y latas de pintura rosa y azul cerca de la pared. Trago saliva.
Siempre pensé que lo de Steal y yo sería para siempre. A pesar de priorizar mis estudios, tenía el típico sueño de chica: irme a vivir con mi amor, casarme, tener hijos y construir una vida juntos.
Aunque, sí, tuve al bebé, no me fui a vivir con él ni me casé. En cambio, me pusieron una pistola en la cabeza, maté al hombre que me agredió y luego le disparé en el brazo al hombre que amo.
Joder, podría haberlo matado o, peor, haberle disparado entre las piernas, y eso habría sido una maldita lástima.
Moira suspira en sueños y sonrío un poco, pero la sonrisa se me borra cuando un brazo se desliza lentamente alrededor de mi cintura y el cuerpo de Steal se aprieta con fuerza contra mi espalda. De nuevo me reprendo en silencio por querer derretirme.
Me besa suavemente el cuello antes de susurrar:
—Y lo mejor ahora mismo es que no me vas a dar una patada en los huevos porque nuestra hija, que es preciosa, está dormida a pocos metros, así que puedo aprovecharme de la situación un rato porque, joder, te he echado de menos...
Sonrío con suficiencia.
—También es igualita a mí y puede dormir aunque se caiga el mundo, ¿y de quién es la culpa?
Él emite un murmullo de asentimiento y vuelve a besarme el cuello, lo que hace que mi clítoris palpite, y de nuevo lo reprendo en silencio.
—Es culpa mía, y asumo toda la responsabilidad, y los dos sabemos que no te arriesgarás a despertar a nuestra hija, sobre todo cuando necesito que me cosas el brazo.
No ha dejado de sangrar desde que me disparaste, y aunque me encantaría conocer a nuestra hija como es debido, no me apetece traumatizarla —susurra contra mi piel, y me doy la vuelta para mirarlo con sorpresa, los ojos muy abiertos mientras se me van al brazo.
Dios mío...
El vendaje está empapado de sangre, y el corazón se me para antes de que la ira se apodere de mí. Lo miro fijamente a los ojos, fulminándolo con la mirada.
Él sonríe, y le digo entre dientes:
—¡No tiene gracia, Colt Brody!
Su sonrisa se ensancha al oír su nombre legal, pero lo ignoro y continúo:
—Podría infectarse, idiota, ¿y entonces qué, eh? ¿Que te corten el brazo por sepsis?
Niega con la cabeza divertido, me agarra de las caderas y me aleja de nuestra hija dormida para llevarme de nuevo a su habitación. Luego me hace girar, lo que me arranca un jadeo, y me guía hacia la puerta del medio donde, por supuesto, hay un cuarto de baño de ensueño.
Una bañera profunda, una ducha de obra y un tocador doble en negro y crema, para él y para ella...
Maldito sea.
Steal me rodea mientras lo asimilo todo, pero entonces abre un armario debajo del lavabo y se vuelve hacia mí con un botiquín rojo en la mano.
Ladea la cabeza.
—¿Quieres hacerme sufrir un poco y coserme?
Sé que quiere hacerme sonreír, sé que quiere quitarle hierro al hecho de que nos secuestró a mí y a nuestra hija pero, sinceramente, la idea de hacerle daño me resulta muy tentadora en este momento. Así que suspiro, cojo el botiquín y señalo la cama con la cabeza.
Sonríe, sin saber lo que le espera, y obedece, sentándose en calzoncillos. No puedo evitar recorrerle el cuerpo con la mirada.
Vale, debería haberle dicho que se vistiera primero…
Respiro hondo y me acerco a él. Abre las piernas, y sí, se le marca el paquete en los calzoncillos, pero lo ignoro y le quito la venda del brazo sin demasiada delicadeza.
—¿No se supone que los médicos son más delicados? —pregunta con tono burlón mientras levanta un poco el brazo.
Pongo los ojos en blanco mientras cojo la gasa y el desinfectante y empapa el algodón.
—Curiosamente, no eres el primero que me lo pregunta…
Sonríe.
—Déjame adivinar: Acid y Piston.
Me encojo de hombros mientras limpio la herida con cuidado y admito:
—Son mis hermanos en todo menos en la sangre.
—¿Y yo qué soy? —pregunta, y mi mano se detiene mientras lo miro a los ojos. Respondo:
—Mi ex.
Entrecierra los ojos.
—Sabes que soy más que eso, Trouble. No somos ex; sabes que lo nuestro está escrito…
Termino de limpiar la herida y retiro la sangre antes de tirar la gasa a la papelera junto a la cama. Cojo la aguja y el hilo y resoplo:
—Sí, hasta que el club decida que no soy de fiar o hasta que Faith llame.
—Cassidy —espeta, y volvemos a mirarnos a los ojos—. Faith está huyendo. Bull está muerto, igual que los otros cuatro hermanos que estaban metidos en esto, y tres más que no sabían que teníamos los teléfonos pinchados.
Trago saliva y bajo la mirada mientras enhebro la aguja.
—Eso no cambia nada, Colt —susurro—. Todo pasó igualmente, y no puedes cambiar el pasado.
—No, no puedo —admite, y vuelvo a mirarlo—, pero puedo explicártelo todo desde mi punto de vista para que entiendas por qué decidí apuntarte con una pistola a la cabeza.
Niego con la cabeza.
—Te lo repito, ya no importa, Colt —suspiro, le junto los bordes de la piel y clavo la aguja sin miramientos, lo que le hace hacer una mueca, pero no dice nada—.
Traerme aquí, traer a Moira aquí, no va a cambiar nada por arte de magia.
No voy a aceptar tu parche, no voy a mudarme a tu casa, y nuestra hija tampoco.
Si quieres verla, será con supervisión. Nada ha cambiado, y nunca volveremos a estar juntos.
He pasado los últimos cuatro años criando a nuestra hija sola, he pasado los últimos cuatro años priorizándome a mí misma y superando por fin mi pasado, nuestro pasado.
Mientras hablo, le paso la aguja por la piel, negándome a mirarlo. Sé que está enfadado, no, enfadado no, furioso, lo noto, pero no tiene derecho a comportarse así conmigo, no tiene derecho a enfadarse.
Me apuntó con una pistola a la cabeza, y aunque, sí, conseguí dispararle como venganza, eso no cambia el hecho de que lo hizo después de arrastrarme del pelo, llamándome puta y cazaparches, cuando yo no había hecho más que anteponerlo a todo en mi vida.
Y no olvidemos los cuatro años en los que solo fui un segundo plato para él.
Se perdió los aniversarios de la muerte de mi padre, mi graduación, joder, eligió a Faith el día que entré en el gimnasio de mi padre y me encontré a mi hermana haciéndole la RCP.
Lo quiero, siempre lo querré, pero lo nuestro no va a volver a pasar; no puede ser. Me respeto demasiado.
Steal no dice nada mientras lo coso, cosa que agradezco, y cuando termino, corto el hilo con cuidado y cojo una venda nueva para cubrirle la herida. Solo cuando voy a apartarme es cuando él se mueve.
Me agarra de las caderas para que no me mueva, y suspiro.
—Suéltame, Colt, por favor. Tengo que vestirme y despertar a Moira.
—No te vas —dice tajante, y lo fulmino con la mirada, pero no se inmuta. En cambio, me aprieta las caderas con más fuerza y afirma—: Iba a hacer esto aunque no me hubiera enterado de lo de Moira, Trouble. Te necesito en mi vida, y los últimos cuatro años han sido un puto infierno sin ti.
Me echo hacia atrás, obligándolo a soltarme, y siseo:
—¿Y de quién es la culpa? —lo señalo con el dedo—. Fuiste tú quien me dijo que me fuera de Nueva York.
Se levanta y se me acerca, y dice con voz ronca:
—Porque sabía que Bull te pegaría un tiro sin pensárselo dos veces.
Te conozco, Cassidy, te conocía entonces y te conozco ahora —su mirada va de un ojo al otro—.
Durante cuatro años rechazaste mi parche, y no soy idiota, sé que el primer año fue por los estudios, pero el resto fue por Faith, por el club —me acaricia la mejilla—, ¿no lo entiendes?
Si hubieras aceptado mi parche, te habría puesto a ti primero.
Me burlo:
—Ah, o sea que es culpa mía que me trataras como una mierda durante cuatro años. ¡Genial, Colt!
Hace una mueca.
—No es lo que quise decir, y lo sabes… Estaba tomando el relevo de mi padre, y algunos hermanos, los que Bull y Brute reclutaron, no querían que yo asumiera el mando, y aunque era el club de mi padre, el club de mi familia, intentaban usar cualquier cosa en mi contra para hacerse con el control.
Si no atendía a Faith, cuestionaban mi posición, y no es excusa; debería haberte puesto a ti primero desde el primer día, y no lo hice, pero hice lo que tenía que hacer durante todos esos años para mantener el club como el legado de mi padre, de mi abuelo.
Niego con la cabeza mientras se me llenan los ojos de lágrimas. Sé lo que el club significa para él, para su familia, pero no le habría costado nada darme algo a cambio, y nunca lo hizo.
Susurro:
—Da igual…
—Sí importa —espeta, apretándome la mejilla con más fuerza—. Importa porque te perdí, importa porque te hicieron daño… Importa porque pensaste que Faith era más importante que tú, y no era así; nunca lo fue…
Niego con la cabeza. Ella sí fue su prioridad, lo quiera creer o no.
Sorbiendo las lágrimas, admito:
—Da igual, porque lo nuestro se acabó. No hay forma de superar tanto dolor. He rehecho mi vida, y ahora deberías hacer lo mismo…
Se le dilatan las aletas de la nariz, pero antes de que pueda decir nada, oigo un llanto. Me suelto de su agarre y corro a la habitación, sabiendo que estará asustada al despertar en un lugar desconocido.
Al verme, deja de llorar y su carita se ilumina mientras baja de la cama a toda prisa.
—Hola, cariño —susurro mientras la cojo en brazos y la estrecho contra mí.
—Mami… —murmura, y sonrío hasta que susurra—: Papi…
Se me parte el corazón.
Todos los días le he hablado de Steal y le he enseñado fotos, y ahora mismo no sé si alegrarme o entristecerme de que por fin se conozcan.
Me doy la vuelta despacio y lo veo en el umbral, ahora con unos vaqueros puestos, el pecho todavía desnudo, la mirada clavada en mí y en su hija.
Joder, todo sería más fácil si no estuviera tan bueno…
Ladeo la cabeza hacia él, ignorando cómo mi cuerpo se inclina hacia el suyo, y pregunto:
—¿Te vas a quedar ahí plantado o vas a venir a conocer a tu hija?
Traga saliva antes de acercarse despacio. Cuando llega, Moira le tiende los brazos y él la coge de los míos con ansia. Se le iluminan los ojos cuando ella le rodea el cuello con sus bracitos y le da un beso en la mejilla áspera. Me mira y dice:
—No pienso rendirme. Si quieres que entregue mi parche, lo haré, pero no voy a renunciar ni a ti ni a ella.
Trago con dificultad, a punto de replicar, pero me deja de piedra cuando dice:
—Sé que esta semana trabajas de noche. A partir de ahora, Killian te acompañará al trabajo, y nuestra hija se quedará aquí conmigo. Se acabó esa guardería, y si quieres verla durante tus turnos de día, te la llevaré a la hora de comer, pero no voy a dejar que me dejes, no otra vez…
Me quedo boquiabierta mientras se da la vuelta y sale de la habitación, susurrándole:
—Muy bien, mi pequeña pelirroja, ¿te apetecen unas tortitas con fresas?
Oigo el gritito de alegría de Moira, y lo único que puedo hacer es quedarme aquí plantada, atónita, mientras la rabia va creciendo en mi interior.
Me hizo daño, me destrozó, y aun así cree que lo que él dice va a misa, usando a nuestra hija como moneda de cambio.
Entrecierro los ojos mientras empiezo a tramar mi venganza.
—¿Quieres que estemos aquí, Colt Brody? Pues muy bien, aquí nos tienes… —murmuro para mis adentros antes de entrar con paso decidido en su habitación y sonreír.
Voy a convertir su vida en un infierno por todos los años que se olvidó de mi existencia, salvo cuando quería mojar el churro. Pronto me estará suplicando que me vaya…