Steal (Los Cazadores MC nº 3) 18
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Cassidy – Una semana después

Tamborileo suavemente con el dedo sobre el muslo mientras me apoyo en la pared del ascensor, viendo cómo se encienden los números.

Acabo de terminar mi turno y voy a recoger a Moira de la guardería, algo que apenas he hecho desde que Steal volvió a mi vida.

En vez de eso, Tanner ha ido a buscarla y la ha llevado a mi apartamento hasta que yo llego.

Sé perfectamente que Steal está sentado fuera de mi apartamento cuando Tanner se marcha y que seguramente piensa lo peor, pero me da igual.

Mi principal preocupación es mantener a mi hija a salvo, una hija a la que apenas he visto por todo lo que está pasando. Saber que los hermanos que la amenazaban ya no están, algo que Killian, mi guardaespaldas no deseado, me explicó con la aprobación de Steal, me quita un peso de encima.

La verdad es que Killian es majo. Me ha mantenido al tanto de lo que pasa, y sé que no puedo seguir abusando del tiempo de Tanner.

Quiere salir de marcha, y se lo merece.

Ya es hora de que deje de esconder a mi hija. Si Steal quiere verla cuando se entere de su existencia, que lo hará, pues vale, pero será con supervisión, en un parque del barrio, y ella no pisará el club. Nunca.

El ascensor emite un pitido. Suspiro cuando se abren las puertas y salgo.

Solo una persona aparte de mi hermana sabe que Moira existe, y fue por accidente.

La única razón por la que Natalie no ha dicho nada es porque gané una apuesta.

He de reconocer que me siento mal por obligarla a guardar silencio, pero no estaba preparada para que el club supiera de Moira, y no esperaba meterme en el ascensor para llevarla a la guardería y encontrarme a Natalie con los ojos como platos, de camino a ver a su obstetra.

—Oh, Dios mío —jadea Natalie, con los ojos muy abiertos al ver a Moira, que se esconde detrás de mis piernas y se asoma para mirarla.

—Hola —susurra Moira con timidez, y trago saliva mientras entro despacio en el reducido espacio; Moira me agarra con más fuerza al seguirme.

—Cass… —susurra Nat, clavando sus ojos en los míos.

Se me llenan los ojos de lágrimas y digo con voz ronca:

—No puedes decírselo a nadie, ni siquiera a Piston.

Abre la boca, pero me adelanto:

—Estoy cobrando ese favor.

Se estremece.

—Pero... pero esto es diferente. Es clavadita a... O sea, Steal es su—

La corto:

—Me agredieron sexualmente. Después, el hombre que decía que me quería, que siempre antepuso a su club y a Faith, me sacó de la cocina a rastras tirándome del pelo y me puso una pistola en la cabeza.

Se queda boquiabierta.

—Ese día me había enterado de que estaba embarazada y de que podía perderla.

Steal no tiene derecho a saberlo; él eligió su camino y yo recorrí el mío sola, criándola sola.

No quiero que lo sepa, todavía no, porque no estoy preparada.

Y cuando lo esté, no podrá verla cuando quiera; las visitas serán supervisadas porque perdió mi confianza.

Se le llenan los ojos de lágrimas, pero asiente y me abraza. Se aparta cuando Moira nos abraza las piernas a las dos.

Moira se encariñó con Natalie, lo que no me sorprende nada, sobre todo siendo maestra y con ese aura que tiene. Solo me fastidia haberla obligado a guardar el secreto.

Espero que no le caiga mucha bronca por esto.

Niego con la cabeza, entro en la guardería y sonrío al ver a mi pequeña correr hacia mí.

—¡Mami! —chilla, y la cojo al vuelo antes de lanzarla al aire, lo que la hace reír a carcajadas.

Le doy un beso en la cabeza y me la pongo en la cadera.

La cuidadora me pasa su bolsa y le doy las gracias antes de ir hacia la puerta, intentando ignorar cómo me martillea el corazón sabiendo lo que está a punto de pasar.

Vuelvo al ascensor, lista para la batalla.

—¿Has tenido un buen día, mi ángel? —le pregunto al entrar en el ascensor. Asiente y apoya la cabeza en mi hombro; todo está bien en mi mundo. Cierro los ojos y la estrecho contra mí.

Lucharé hasta la muerte por esta niña, aunque sea contra su padre.

Con Moira pegada a mí, salgo por las puertas dobles hacia mi coche. Esperaba ver a Killian, pero me quedo paralizada al ver a Steal apoyado en su moto en su lugar. Se me bloquea todo el cuerpo.

Sus ojos se posan en mí y la sonrisa se le borra lentamente del rostro al ver a la pequeña en mis brazos. Se aparta de la moto de inmediato.

Trago saliva, intentando deshacer el nudo que tengo en la garganta, y avanzo. En lugar de pararme junto a Steal, voy al asiento trasero de mi coche y abro la puerta. Coloco a Moira con cuidado en su sillita y la abrocho mientras intento calmar la respiración.

Le sonrío, intentando que no note nada raro, y le doy el libro de Caperucita Roja, que coge enseguida. Dejo su bolsa en el hueco de los pies y murmuro:

—No tardo nada, cariño.

Cierro la puerta con cuidado.

—Mírame, Trouble —exige Steal al ver que no me giro, y de repente el corazón me late tan fuerte que creo que me va a dar algo.

Retiro lo dicho: no estaba preparada para esto.

Respiro hondo, me giro despacio y me encaro con él. Tiene el rostro rojo, lleno de dolor e ira, los puños apretados a los costados. Cuando nuestras miradas se cruzan, pregunta:

—¿Es mía?

No puedo hablar; las palabras no me salen. Solo asiento una vez. Él retrocede, apartándose de mí. Se lleva las manos entrelazadas a la nuca y se dobla como si sufriera un dolor insoportable.

No digo nada; ni siquiera creo que pueda respirar. Me limito a observar cómo Steal asimila que tiene una hija.

—¿Perrie lo sabe? —exige unos minutos después, incorporándose de golpe y girándose hacia mí. Trago saliva antes de admitir:

—Le envié una foto el día que di a luz. La conoció cuando retomamos el contacto.

Se estremece, pero mis palabras no lo frenan.

—¿Piston, Acid, Natalie?

Carraspeo.

—La única otra persona que lo sabe es Nat, pero fue un accidente. Cobré un favor para que no dijera nada.

Resopla con incredulidad y niega con la cabeza antes de espetar:

—¡Me ocultaste a mi puta hija!

Está enfadado conmigo, ¿en serio?, ¿después de haberme apuntado con un arma a la cabeza? Entiendo que sea un shock, pero no tiene ningún derecho. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¡Me llamó puta, por Dios!

Entorno los ojos y le recuerdo:

—Me arrastraste fuera de la cocina tirándome del pelo, le creíste a tu amiguita —él se estremece—, sin siquiera preguntarme por qué tu capitán de ruta estaba muerto, me apuntaste con un arma a la cabeza y me dijiste que me largara de Nueva York.

¿Por qué demonios iba a contarte lo de nuestra hija, eh?

—Cass... —empieza, pero lo corto:

—No. Estaba embarazada cuando hiciste eso, Colt —sus ojos se abren de par en par—.

Fui a urgencias y me dijeron que estaba embarazada y que podía perder a nuestra hija.

Así que, ¿por qué demonios iba a contarte lo de ella cuando ambos sabemos que me habrías acusado de querer cazarte a pesar de que rechacé tu parche durante años porque tú siempre ponías a Faith por delante de mí?

Niego con la cabeza, lo rodeo y subo a mi coche antes de echar el seguro.

Sonrío mirando a mi hija por el retrovisor, que afortunadamente se ha quedado dormida, y arranco el coche, ignorando a Steal plantado junto a mi puerta. De repente, veo una figura cerca de la puerta de salida.

—Ah, mierda —murmuro al ver que mi madre me está mirando con la boca abierta, y al instante sé que o ha oído la discusión con Steal, o ha visto a Moira.

Genial…

No he sabido nada de ella en unos meses, lo cual es estupendo, pero ahora sé que va a insistir más.

Suspiro, salgo de mi plaza y maniobro el coche hacia la entrada para evitar que mi madre intente pararme.

Ni de coña voy a permitir que se acerque a mi hija; fue una madre pésima, ¡y tampoco pienso dejar que Steal me haga sentir como una mierda por no haberle contado lo de su hija!