14
Cassidy – Una semana después
Sonrío mirando a Moira mientras se ríe con la televisión.
—Prométeme que no vas a pelear esta noche, Pez…
La oigo suspirar al otro lado del teléfono, y mientras me lo encajo entre la oreja y el hombro, cojo la mochila de Moira, meto los crayones y el libro de colorear, y suelto:
—¡Perrie, tienes una costilla dañada de anoche! Te lo digo ahora, no como tu hermana sino como médica: ¡no vas a pelear esta noche!
—Vale, vale, te prometo que no pelearé esta noche —dice con tono divertido, y suspiro aliviada.
Cuando mi hermana pequeña no sabe lidiar con sus emociones, pelea, y no me gusta, pero es mejor que la alternativa de antes. Después de que papá muriera, empezó a cortarse, y cuando la pillé haciéndolo, pensé que me moría.
Se despeja la cabeza cuando pelea, y por ahora me basta con eso.
Aunque, si tan solo hablara con Acid…
Me llevo el teléfono a la oreja y miro a Moira mientras trago saliva.
Sé que no tengo derecho a darle consejos sentimentales a mi hermana; a ver, tengo una hija con un hombre que me puso una pistola en la cabeza y ni siquiera sabe que existe, pero Acid está destinado a Perrie. A estas alturas ya deberían ser pareja.
Él la quiere, y sé que ella lo quiere a él, pero ha tenido una vida dura. Se le nota en los ojos, y yo diría que incluso más dura que la de Piston, lo que significa que no se cree lo bastante bueno para mi hermana pequeña, pero lo es, y necesito que ella abra los ojos.
Carraspeo.
—Perrie, ¿ya has hablado con Acid?
La oigo gruñir antes de soltar:
—Cass, no voy a seguir teniendo esta conversación contigo —sabe perfectamente adónde quiero llegar, y suspiro.
—Solo digo que le des la oportunidad de explicar su versión, Perrie. ¿Qué daño puede hacer? —digo, aunque hago una mueca al oír mis propias palabras.
Antes de que pueda gritarme, continúo rápidamente:
—Lo quieres, Perrie, lo quieres desde el momento en que te mandó a paseo hace años y lo tumbaste de culo.
Se convirtió en tu mejor amigo, en tu todo, pero estaba lidiando con cosas que ninguno de nosotros sabíamos, que todavía no sabemos, y él también te quiere, Perrie; cualquiera puede verlo, tú incluida.
Se queda callada un momento, y me muerdo el labio inferior mientras espero.
Finalmente, admite:
—Sí lo quiero. Cuando nos conocimos, estaba muy enfadado. Sabía que su padre era un cabrón, y también que por eso no quiso ir más allá conmigo cuando lo besé a los dieciséis. Sabía que sentía algo por mí, pero lleva todo este tiempo intentando protegerme de sí mismo…
—Entonces, ¿por qué no escucharle? —susurro vacilante.
Solloza.
—Porque se acostó conmigo, luego me dejó sola, vulnerable, y después se acostó con Andrea. Aunque ella mienta sobre el embarazo, igualmente se acostó con ella.
Ah, sí, la encantadora Andrea, fingiendo un embarazo como la zorra que es mientras nuestra madre le hace el caldo gordo.
Perrie no está diciendo toda la verdad. Lo sé, y ella también. La violación la afectó más de lo que quiere admitir, una violación que la dejó embarazada y tuvo que abortar, una violación que ocurrió después de una pelea. Carraspeo y digo:
—Pero esa no es la razón por la que no lo harás, y las dos lo sabemos. Lo de Andrea, sí, es desgarrador, pero también es perdonable; no te engañó, cometió un error.
—Cass… —suplica.
Replico:
—No. Lo que pasaste fue horrible, pero no pienso quedarme de brazos cruzados mientras arruinas tu oportunidad de ser feliz.
Solloza:
—¿Qué oportunidad, Cassidy? Me violaron, destrozaron mi inocencia, y se aseguraron de que solo pudiera follar por detrás, de pie, inclinada para que nadie me agarre del pelo. Ni siquiera puedo correrme. Estoy arruinada, rota…
Me lleno de rabia al oírla decir eso, y suelto:
—No estás rota, Perrie, y ya me contaste que te acostaste con Acid después del ataque. ¿Te agarró del pelo? ¿Fue por detrás?
Siento que me tiembla todo el cuerpo mientras admite:
—Fue en el mostrador de la cafetería. Estaba sentada encima, y su-su mano estaba en mi pelo…
—¿Y no entraste en pánico? —confirmo, y suspira, dándome la respuesta que quiero, así que continúo:
—¿Lo ves? Es el hombre de tu vida. Tenéis que sentaros a hablar, Perrie, y sinceramente, Acid necesita abrirse sobre por qué cree que no es lo bastante bueno para ti, y sí, eso es lo que transmite.
Te quiere, Perrie, pero creo que te mantuvo como amiga por alguna razón, y necesitas saber cuál es.
No dejes que te aparte, no te dejes vencer por el miedo…
Vuelve a suspirar y me recuerda:
—Se acostó con Andrea, Cass…
Sí, no creo que lo hiciera, pero no creo que Perrie esté lista para oír eso todavía, así que asiento y digo:
—Sí, lo sé, pero está claro que fue un error, y ella no está embarazada, Piston lo confirmó.
No dejes que ese pequeño error, que esa zorra, arruine tu oportunidad de ser feliz por fin…
Quiero recuperar a mi hermana, Perrie, y ahora mismo estás fría y cerrada, y aunque sí, tenías todo el derecho después de lo que has pasado, sigo queriendo recuperar a mi hermana, y creo que Acid es la solución.
Perrie se queda callada un momento hasta que un golpe resuena y Moira grita, lo que me hace girarme de golpe. Gruño al ver que se ha tirado la silla del comedor encima de la pierna.
Joder, hace un minuto estaba tan tranquila viendo la tele.
Suspiro y digo:
—Tengo que dejarte. Piensa en lo que te he dicho, ¿vale? Te quiero, hermanita —y cuelgo mientras niego con la cabeza mirando a mi hija, que llora.
Corro hacia ella y la cojo en brazos mientras llora:
—Mami…
—Ya está, cariño, ya pasó… —murmuro mientras la abrazo, le froto la pierna y ella se aferra a mí llorando.
Solo pensar que la lastimen como a mi hermana...
Prometí mantenerme al margen, dejarlo pasar porque ella ya se vengó cuando apuñaló a los hermanos Aldo, los que la violaron, pero no creo que pueda; hay que ocuparse de ellos, y hay que hacerlo ya, y solo conozco a una persona que hará lo que necesito.
Eso implica volver a un lugar al que juré no regresar jamás, pero por Perrie haré lo que sea, sobre todo después de haberla dejado sola.
Hundo la nariz en el cabello rizado y pelirrojo de Moira e inhalo.
Trago saliva con dificultad y susurro:
—Mo-Mo, ¿quieres pasar un rato con el tío Tanner?
Moira asiente levemente y sonrío mientras cojo el móvil y lo llamo enseguida, contenta de que tengamos horarios parecidos, lo que significa que hoy libramos los dos.
Ha llegado el momento de acabar con los demonios de mi hermana para que pueda seguir adelante con Acid.
Una hora después, aparco frente a las puertas del club y trago saliva, con el pulso acelerado porque he vuelto aquí.
El prospecto de la puerta frunce el ceño y se acerca mientras bajo la ventanilla.
Sus ojos verde oscuro me observan con recelo antes de decir:
—Lo siento, cariño, las fiestas del club son los fines de semana.
Dicho esto, da un golpecito en la puerta y se dispone a marcharse.
—Perrie Halliwell es mi hermana.
Me mira sorprendido y tartamudea:
—Tú, eh, ¿eres Cassidy Halliwell?
Asiento.
—La misma, y necesito ver a Steal. Es sobre Perrie...
Asiente una vez y saca el móvil. Pulsa algo y se lo lleva a la oreja.
—Eh, Anchor, Cassidy Halliwell está aquí...
Suspiro y me recuesto en el asiento mientras escucha lo que dice Anchor. Luego cuelga.
—Adelante, cariño.
Sonrío y subo la ventanilla mientras abre el portón. Entro con el coche, aparco cerca de la camioneta del club y bajo.
Con un nudo en la garganta e intentando ignorar mis temblores, camino hacia la puerta principal y veo a Anchor salir. El cuerpo se me relaja.
—¿Va todo bien? —pregunta, y se me llenan los ojos de lágrimas.
Niego con la cabeza y susurro:
—No, es Perrie, y es grave...
Se endereza, asiente y me tiende la mano. La acepto.
Nunca pensé que volvería a pisar este edificio, pero aquí estoy, y lo hago por mi hermana.
Anchor abre la puerta y me guía al interior. En cuanto se cierra de golpe, todas las miradas se vuelven hacia nosotros. Todos los hermanos se callan al verme, y se me eriza la piel por el miedo que intento reprimir.
Pitbull grita:
—¡Vaya, mira lo que ha traído el gato! ¡Ya era hora de que volvieras a casa, cariño!
Le dedico una sonrisa tímida al grandullón, evitando mirar hacia donde seguramente está sentado el hermano de sangre de Brute, y camino con Anchor hacia las oficinas sin que nadie pregunte por qué estoy aquí.
—¿Qué coño hace esa zorra aquí otra vez? —oigo chillar a Faith mientras las putas del club me observan pasar.
La ignoro, igual que todos los demás, lo cual me sorprende un poco, pero Anchor susurra:
—Steal por fin puso a esos cabrones en su sitio en lo que respecta a Faith...
Trago saliva, intentando ignorar el vuelco que me da el corazón con sus palabras, porque llega ocho años tarde. Le susurro:
—¿Y por qué no tengo una pistola apuntándome a la cabeza ahora mismo?
Noto que Anchor sonríe mientras me besa la cabeza y me lleva por el pasillo. No responde a mi pregunta, pero me rodea con el brazo cuando giramos hacia el despacho de Steal. Mi mirada se cruza con la puerta de la cocina, al otro lado del pasillo, y me estremezco.
«Todas esas veces que paseabas por aquí con la cabeza bien alta, tan creída, pensando que eras mejor que nosotras, metiéndote entre Steal y Faith...»
Se me acelera la respiración con el recuerdo; el dolor que me atravesó cuando me metió los dedos a la fuerza vuelve a golpearme, pero lo aparto de mi mente mientras entramos en el despacho de Steal sin llamar.
—Prez... —dice Anchor, pero Steal no levanta la vista y sigue escribiendo mientras declara:
—Anchor, he dicho que no quería que me molestaran; tengo planes que resolver.
Anchor me mira y sonríe:
—Ah, sí, ¿y qué planes son esos?
Lo miro frunciendo el ceño, confundida, y entonces la sorpresa se apodera de mí cuando Steal dice:
—Planes para secuestrar a mi chica sin que me detengan, ya lo sabes...
Será...
El cuerpo de Anchor tiembla de risa contenida mientras me cruzo de brazos y espeto:
—¡Me gustaría verte intentarlo!