10
Cassidy
Me muerdo el labio inferior para ocultar la sonrisa mientras una chica sin ningún sentido del espacio personal le ronronea a Tanner.
Él le agarra la muñeca con suavidad y la aparta de su pecho cuando ella intenta apoyarse contra él.
Está claramente incómodo, sobre todo cuando ella intenta pasarle los dedos por el pelo rubio oscuro, que lleva muy corto.
Lo absurdo es que ni siquiera está bajo los efectos de ningún analgésico que la tenga atontada, así que esto es cosa suya.
Le gustó lo que vio cuando él pasaba por el control de enfermería para entregarle a la enfermera jefe sus notas sobre un paciente, y la mujer se interpuso en su camino.
La enfermera jefe, Clara, y yo observamos con miradas expectantes, preguntándonos cuánto tardará esta mujer en salir corriendo cuando descubra que es auxiliar médico y no doctor.
Tiene «cazafortunas» escrito en la frente, y está claro que papá ha dejado de pasarle dinero. El hecho de que esté aquí en lugar de con su cirujano, el que le hizo la operación original, lo demuestra.
Sonrío de oreja a oreja cuando Tanner se retuerce. Nunca he visto a un hombre de metro ochenta tan incómodo. Sus ojos azul claro se posan un instante en mí y los entrecierra cuando le sonrío aún más, justo antes de apartarse de la rubia pechugona cuando ella le toca la cara. Clara resopla.
—¡Trauma entrante, RCP administrada en el lugar y en ruta! ¡Cassidy, conmigo, tú diriges!
La mujer intenta restregarse contra su pecho, pero olvida que tiene uno de sus implantes de silicona reventado —la razón por la que está aquí— y se le cae encima.
Tengo que toser para disimular la risa, pero Tanner me pilla y me fulmina con la mirada.
Sin embargo, antes de que pueda usarme como excusa para quitársela de encima —algo que siempre hace aunque yo tenga los genitales equivocados—, el Dr. Carmichael entra corriendo en urgencias y grita:
Clara corre hacia los guantes y las batas, y yo voy justo detrás. Los cojo rápidamente y me pongo los guantes. Tanner se acerca por detrás y me ata la bata mientras susurra:
—Puedes hacerlo.
Asiento y salgo corriendo tras varios doctores y enfermeras.
Cuando la ambulancia se detiene y las puertas se abren, todos intentan acercarse, pero el Dr. Carmichael los aparta mientras el paramédico informa:
—Natalie Mathews, accidente de tráfico, sin cinturón de seguridad. La sacaron del coche y la tiraron por el puente de Brooklyn. RCP en curso a nuestra llegada. Parada cardíaca. Dos descargas, y volvió a entrar en parada en ruta…
Cojo rápidamente el historial de manos del paramédico, sin prestar atención al nombre de la paciente.
—Vale, llevémosla a trauma uno. ¿Alguien conoce a la familia?
Corro tras ellos hasta que alguien dice en voz alta:
—Soy su marido.
Al instante reconozco la voz. Miro bruscamente hacia Piston y nuestros ojos se encuentran; su mirada refleja la sorpresa de verme.
—¿Piston? —pregunto conmocionada, antes de que el nombre de la paciente resuene en mi mente. Sus palabras retumban en mi cabeza y me giro hacia la sala de trauma uno con el corazón en un puño.
No, no, no, no…
Miro hacia atrás, hacia un hombre al que siempre vi como un hermano, que dice con voz ahogada:
—Salva a mi mujer, Cass, por favor. N-no puedo perderla…
Oh, por favor, no.
Por fin ha declarado su amor, pero ahora…
Se me llenan los ojos de lágrimas, pero asiento y prometo:
—Haré todo lo que pueda.
Luego me doy la vuelta y me adentro en el caos.
El Dr. Carmichael me mira a los ojos, y sé que puede ver lo que siento porque ya he tratado a Natalie antes, la noche que perdió a su bebé…
«Cassidy, por favor, no, por favor, no puedo haberlo perdido», solloza Natalie mientras se aferra a mi bata blanca. La abrazo contra mí y dejo que mis lágrimas caigan con las suyas mientras su cuerpo tiembla contra el mío…
Sorbo por la nariz y asiento al Dr. Carmichael para que sepa que puedo con esto, justo cuando la enfermera grita:
—¡Ha entrado en parada otra vez!
¡Mierda! Inspiro hondo y rodeo la cama rápidamente mientras empiezan la RCP. Me preparo para intubar.
—Vamos, Nat, no te rindas… —murmuro mientras miro la pantalla cuando le dan la descarga.
—Ha vuelto —declaro mientras cojo el laringoscopio de la bandeja junto a mí. Le inclino la cabeza hacia atrás y guío el laringoscopio en su boca con rapidez pero con cuidado. Luego cojo el tubo endotraqueal que me pasa Tanner y lo guío por su garganta, observando atentamente.
—Listo…
Retiro el laringoscopio, fijo el tubo con esparadrapo y miro el monitor.
—Necesita un TAC craneal y una resonancia magnética, pero primero hay que ponerle mantas térmicas para subirle la temperatura y analizar su sangre para descartar un posible embarazo.
—La saturación está bien. ¿Qué sigue, Dra. Brody? —pregunta el Dr. Carmichael, y activo mi modo profesional: en lugar de ver a mi amiga en la mesa, la veo como a cualquier otra paciente.
Dios, espero que no. Natalie no puede perder otro bebé…
El Dr. Carmichael me mira con orgullo y nos ponemos a trabajar. Sabemos que Nat probablemente tiene hemorragia interna.
Veinte minutos después, entro corriendo en la sala de espera con el chaleco de Nat en la mano. Sé que la están preparando para el quirófano: mi primera cirugía en solitario, algo que intenté rechazar, pero el Dr. Carmichael no me dejó.
Todas las miradas se dirigen hacia mí, incluida la del hombre del que huí, pero las mías se clavan en los ojos verde oscuro de Piston, llenos de dolor.
Con un nudo en la garganta, le paso el chaleco de Nat a Acid.
Ignoro a Steal, que me mira como si hubiera visto un fantasma, y corro hacia Piston. Me arrodillo frente a él.
Se le llenan los ojos de lágrimas y se me parte el corazón mientras susurro:
—Piston.
Le cojo las manos.
Sorbe con fuerza.
—Dímelo sin más, Cass.
Le aprieto las manos y le digo:
—Tiene una conmoción cerebral y hemorragia interna. Por suerte, no hay huesos rotos, lo cual es un milagro, pero hay que extirparle el bazo. Tenemos que operar…
Asiente.
—Pues hazlo, Cass. Salva a mi mujer.
Trago con dificultad, intentando no llorar como una niña, y le aprieto las manos con más fuerza antes de destrozarle el mundo.
—Piston, cuando estábamos evaluando a Natalie, le analizamos la sangre… Está embarazada…
Se le abren los ojos de par en par por la conmoción, y continúo:
—Hace tres años, durante mis primeros días de residencia, yo era la doctora de guardia cuando Honey la trajo. Hay muchas probabilidades de que vuelva a perder el bebé, sobre todo durante la cirugía.
Y eso la destruirá. Honey, que entonces era su mejor amiga, y yo tuvimos que sujetarla entre las dos.
—Joder —suelta con voz ronca mientras agacha la cabeza. Ahora mismo daría cualquier cosa por quitarle ese dolor.
Ha pasado por tanto, los dos han sufrido mucho, y merecen ser felices.
Le aprieto las manos y consigo que me mire. Le digo:
—Está de unas cinco semanas, y haré todo lo que esté en mi mano para salvarlos a los dos, pero, Elijah —contiene el aliento cuando uso su nombre de pila, porque sabe que voy en serio—, estuvo sin oxígeno mucho tiempo; la reanimaron tres veces.
Aunque sobreviva a la cirugía, aunque el bebé también lo haga, puede que no despierte nunca. Tienes que saberlo...
Cierra los ojos con fuerza. Me levanto y le rodeo la cabeza con los brazos, intentando transmitirle algo de fuerza.
—Haré todo lo que pueda, te lo juro...
Le beso la cabeza y salgo de la habitación, con la mirada de Steal clavada en mi espalda.
Horas más tarde, suspiro apoyada contra las taquillas de la sala de personal. Tanner me observa como un halcón mientras la mejilla me arde como el demonio.
—Estoy bien —le digo, pero niega con la cabeza.
—No, no lo estás. Tu hermana te ha dado una bofetada, y todavía no me lo creo.
O sea, sé que fue duro para ella cuando entraste en esa habitación, pero pegarte...
Joder. Y tu ex, el padre de tu hija, anda merodeando por el hospital como un mal olor, y no olvidemos que acabas de operar, tu primera cirugía en solitario, a tu amiga que puede que no despierte, que podría perder al bebé...
—Vale, hoy ha sido una mierda —digo con la voz entrecortada, y él asiente y me estrecha entre sus brazos.
Conocer a Tanner en la facultad de medicina y tenerlo de mi lado fue lo mejor que me ha pasado en la vida. La verdad, no sé dónde estaría sin él.
—Bueno, tu motero vestido de cuero sigue en el hospital, y sé que quieres ir a ver a tu hermana.
¿Por qué no recojo a Mo-Mo y la llevo a tu casa mientras tú vas a verla?
—abro la boca para negarme, porque ya de por sí no paso suficiente tiempo con mi hija, pero él continúa—: Sé que no te gusta perderte las tardes con ella, pero creo que necesitas hacer esto, cariño...
Suspiro, pero asiento y lo abrazo más fuerte antes de apartarme a regañadientes y coger el bolso.
Respiro hondo, cuadro los hombros y salgo.
Paso por delante de la habitación de Natalie y asomo la cabeza sin fijarme en el hombre que vigila la puerta. Veo a Piston dormido, con la cabeza apoyada en la cama y su mano cogiendo la de ella, y se me encoge el corazón.
—Por fin ha abierto los ojos y se ha dado cuenta de que quiere a su mujer —dice una voz a mi lado. Sonrío un poco al reconocerla.
Cierro la puerta y miro a mi izquierda. Mis ojos se encuentran con los ojos marrones oscuros de Anchor. Me observa de arriba abajo antes de decir:
—Es un placer verte, Cassy.
Se me llenan los ojos de lágrimas y admito:
—Hace años que nadie me llama así...
Asiente y murmura:
—Me lo imagino —antes de atraerme hacia él. Me dejo abrazar y le rodeo la cintura con los brazos—. Joder, te hemos echado de menos, cariño —dice con voz ronca. Asiento antes de apartarme, y sus ojos buscan los míos.
—Intentó violarte, ¿verdad? —pregunta. Bajo la mirada, incapaz de admitirlo.
—¡Cassy! —espeta. Lo miro y me encojo de hombros.
—Ya no importa, Anchor. Steal tomó su decisión.
Anchor suspira.
—¿Y no se te ocurrió que lo hizo para que la vieja generación no te matara allí mismo?
Trago saliva y admito:
—Sí, en algún momento lo pensé, pero luego recordaba todas las veces que antepuso al club, que antepuso a Faith, y me dejó al margen. Han pasado cuatro años, ya no importa.
—Sabes que Brute intentó violar a Heaven, ¿verdad? —dice, y asiento.
—Lo sé. Lleva años diciéndome que vuelva a contactar con Steal, pero no puedo. He seguido adelante con mi vida y me niego a dar marcha atrás porque, la verdad, priorizarme a mí misma es la mejor sensación del mundo.
Anchor se queda boquiabierto mientras tartamudea:
—T-tú, o sea, tú todavía... —ladeo la cabeza y arqueo una ceja, y él espeta—: ¿Todavía ves a mi mujer?
Sonrío y le doy una palmadita en la mejilla.
—Por supuesto. Al menos una vez al mes.
Dicho esto, le beso la mejilla y me alejo, dejándolo de piedra.
Heaven va a matarme, pero la verdad es que no puedo seguir escuchando las excusas que se inventa sobre por qué Steal me apuntó con una pistola a la cabeza.
A mí me da igual. Lo hizo, punto final, y lo que dije iba en serio.
Priorizarme a mí misma es increíble, aunque eso me convierta en egoísta.
En el aparcamiento del personal, rebusco en el bolso buscando las llaves y refunfuño para mis adentros porque, una vez más, se me olvidó vaciarlo antes del trabajo.
En cuanto engancho el dedo en el llavero, su voz resuena. Odio cómo se me tensa el estómago... y cómo me tranquiliza a la vez.
—¿Cuándo volviste a la ciudad? —pregunta con calma, y el clítoris me palpita para recordarme cuánto lo eché de menos. Le ordeno mentalmente a la zorra que llevo dentro que se calle.
Priorízate, me recuerdo antes de girar la cabeza para verlo apoyado en su moto, cerca de mi coche, con los brazos cruzados sobre el pecho musculoso y los ojos recorriéndome el rostro.
Sé que tengo un aspecto algo diferente. El pelo más largo, bolsas bajo los ojos, y sí, estoy un poco más rellenita después de dar a luz.
El embarazo me ayudó a desarrollar las curvas, y me encanta.
La ropa ya no me queda holgada, sino que marca mi figura, y joder, el culo me queda genial en unos vaqueros.
—Nunca me fui —admito, y él me mira atónito—. ¿Qué solía decir Piston, Steal?
Se estremece cuando uso su apodo de club, pero murmura:
—Si quieres huir, escóndete a plena vista.
Me encojo de hombros. Él gruñe:
—Nunca le devolviste las putas llaves a tu casero, ¿verdad?
Le dedico una sonrisa coqueta antes de darme la vuelta hacia mi coche y abrirlo.
—¿Podemos hablar, Cassy... antes de que vaya y mate a tu casero? —pregunta en tono severo.
Niego con la cabeza mientras tiro el bolso dentro del coche, aliviada de pronto de que Tanner haya tenido la sensatez de quitar la sillita de Moira.
—Imposible. Soy una zorra cazachalecos, ¿recuerdas?
Lo miro y digo:
—¿Por qué no vuelves con Faith? No me extrañaría que siga por ahí, arruinando más vidas.
Subo al coche mientras le suena el teléfono, y suelto una risa amarga, sabiendo perfectamente quién llama por lo tenso que se pone.
Sin mirar atrás, arranco el coche y me marcho rumbo al gimnasio donde mi hermana lleva viviendo desde que murió papá, algo que Acid desconoce.
Mi hermana, Perrie, una mujer que ha pasado por tanto en su corta vida, tanto que yo debería haber estado a su lado, para evitarlo, para ayudarla a superarlo. Y no estuve.
Le fallé de la peor manera...