Steal (Los Cazadores MC nº 3) 4
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Cassidy

Me muerdo el labio inferior mientras recorro la multitud con la mirada. Mis ojos se detienen en mi hermana pequeña, que parece perdida en su propio mundo. Eli, Acid y Aurora, que es como una hermana para ellos, están sentados cerca de ella, charlando animadamente, pero ella no presta atención.

Se me cae el alma a los pies cuando vuelvo a buscar entre la gente, pero no veo a Colt.

Ayer me prometió que iba a empezar a hacer cambios y que yo me convertiría en su prioridad, igual que él ha sido la mía, y sin embargo, no está aquí.

Seguro que no se ha olvidado de mi graduación, ¿verdad?

El corazón me late con fuerza en el pecho cuando el presentador pide a los familiares que tomen asiento. Cojo el teléfono rápidamente, busco el número de Colt y pulso el botón de llamada.

Suena varias veces, y justo cuando creo que va a saltar el buzón de voz porque quizá solo llega tarde, contesta.

—Hola, Trouble —responde, y abro la boca para preguntarle cuándo va a llegar, pero la cierro cuando oigo:

—Oye, Steal, cariño, ¿tienes un dólar? Me falta un poco…

Faith.

Se me encoge el corazón y las lágrimas me nublan la visión mientras pregunto:

—¿Estás con ella? ¿Hoy?

Lo oigo suspirar.

—Sí, Cass, así es —y luego le dice a ella—: Aquí tienes.

—Mira, Trouble, sabes que todavía tengo que estar cerca de ella. Es del club, es familia, y además, al prospecto que tenía que acompañarla al supermercado lo llamaron para otra cosa, y no tengo ni puta idea de dónde están Acid y Eli —dice.

Niego con la cabeza y levanto la vista cuando el presentador anuncia:

—Padres, abuelos, tíos, amigos, por favor, un aplauso para nuestros graduados…

—Cassidy, ¿qué ha sido eso? —exige saber, y se me llenan los ojos de lágrimas.

Sorbeo la nariz.

—Nada importante para ti…

Cuelgo y apago el teléfono antes de seguir a mis compañeros graduados hasta sus asientos. La multitud vitorea mientras yo siento que no puedo respirar.

Cruzo la mirada con Perrie, cuya sonrisa desaparece al instante. La preocupación se refleja en su rostro, pero le dedico una sonrisa temblorosa y me giro en mi asiento.

Se olvidó. No puedo creer que se haya olvidado.

En cada evento del club, en cualquier cosa que fuera importante para él, yo estaba allí, ayudaba, me involucraba, incluso sabiendo que su club no me quería cerca. Y sin embargo, uno de los días más importantes de mi vida y se olvidó, igual que con todo lo demás.

Mamá no está aquí, seguramente estará con Andrea, papá está muerto, y mi novio se olvidó…

Y yo que creía que siempre estaba en su mente.

Paso la mayor parte de los discursos de graduación en mi propio mundo, simplemente mirando al frente, sin poder aceptar que, una vez más, la eligió a ella.

No puede ser normal querer estar siempre cerca de la mujer que fue tu polvo habitual durante años, a menos que sienta algo por ella. O sea, sé que está intentando demostrar su valía al club, pero me está haciendo daño en el proceso.

Quizá sea mejor que lo dejemos…

Solo pensarlo me revuelve el estómago, pero me lo trago mientras mi fila se pone de pie. Yo hago lo mismo y camino con ellos hacia el escenario. Van llamando los nombres uno por uno, la multitud vitorea, y mi corazón se rompe.

De verdad que no está aquí…

—Nuestra siguiente graduada, que se gradúa un año antes que sus compañeros y se dirige a la Facultad de Medicina de Nueva York, Cassidy Halliwell —anuncia la decana con orgullo, y respiro hondo mientras subo las escaleras hacia el escenario, rodeada de gritos y silbidos.

La decana me dedica una sonrisa y dice:

—Enhorabuena, Cassidy. Tu padre estaría muy orgulloso.

Le dedico una sonrisa llorosa y le estrecho la mano mientras cojo el diploma con la izquierda, y paso junto a ella. Miro hacia la multitud y veo a Eli y Acid sujetando a Perrie, uno a cada lado, mientras ella me vitorea con lágrimas que le corren por las mejillas.

Me dirijo a las escaleras, pero a mitad de camino lo siento, siento que él está ahí, y se me tensa el estómago.

Levanto la vista al llegar al último escalón y veo a Colt de pie justo al fondo del campo, con las manos detrás de la cabeza, respirando con dificultad mientras busca entre los graduados que tengo detrás.

Cuando me ve al pie de las escaleras, maldice y se da la vuelta, dándose cuenta de que se perdió mi momento.

Luego vuelve a mirarme y nuestros ojos se encuentran.

Aparto la mirada al instante y sigo caminando hacia mi asiento, tratando de idear un plan para salir de aquí sin hablar con él, porque creo que esto se acabó.

Se olvidó…

—Gracias, familiares, por venir a celebrar este día —dice la decana veinte minutos después, con sus brillantes ojos azules resplandecientes de felicidad por sus estudiantes—. Y graduados, lo habéis conseguido, habéis terminado la carrera. ¡Enhorabuena!

Todo mi cuerpo se relaja y me pongo de pie con todos los demás. Lanzo el birrete al aire con una pequeña sonrisa, celebrando el momento, y levanto la cabeza hacia el sol.

—Lo logré, papá —murmuro, y se me llenan los ojos de lágrimas. Entonces siento unos brazos que me rodean y me giro para abrazar a mi hermana pequeña con fuerza mientras se me escapa un sollozo.

—Estaría tan orgulloso de ti, Cassy, tan jodidamente orgulloso como yo lo estoy —me susurra al oído, y asiento mientras la abrazo más fuerte, hasta que me arrancan de sus brazos. Ella protesta—: Eli…

Me hace reír mientras lo abrazo con fuerza, y luego a Aurora, antes de que Acid me tome en sus brazos.

Abrazo a Acid más fuerte y me relajo en sus brazos mientras susurro:

—Gracias.

Él asiente y me besa la cabeza.

Siempre ha estado ahí para nosotras; desde que papá murió, ha sido nuestra roca.

—Trouble… —dice Colt, y Acid y yo nos separamos. Entonces cruzo la mirada con esos ojos grises de los que me enamoré.

Los suyos brillan, llenos de culpa, y los míos se llenan de lágrimas. Niego con la cabeza y me alejo con el diploma en la mano.

—Cass —dice en voz alta, pero lo ignoro.

—Dale un poco de espacio, Steal, está dolida —oigo decir a Eli, pero Colt replica bruscamente:

—¿Qué, y dejar que me ignore otros dos meses más para luego decidir que hemos terminado? ¡Ni de coña!

Acelero el paso, pero él me agarra del brazo y me gira hacia él.

—Se me olvidó —dice, y yo me suelto de un tirón y resoplo.

—¡No me digas, Sherlock!

Él hace una mueca.

—Cass, por favor, dame un respiro; tengo muchas cosas en la cabeza.

La rabia me invade y suelto:

—¡Más bien tienes la cabeza demasiado metida bajo las faldas de Faith!

Sigo caminando, pero él se coloca rápidamente delante de mí y me fulmina con la mirada.

—Nunca te he engañado y nunca lo haré, ¡lo sabes! La cagué, lo sé, pero lo estoy intentando, Cass. Durante dos meses no me hablaste; ha sido mi única preocupación. No pretendía olvidarme de tu graduación, y lo siento muchísimo…

Se me caen las lágrimas y bajo la mirada, negando con la cabeza, harta del dolor que no deja de causarme.

—Creo que necesitamos un descanso —susurro, y él gruñe, pero continúo—:

—Desde que empezó nuestra relación, he estado en segundo plano para ti a pesar de haberlo dado todo por ti, especialmente desde que te entregué mi virginidad.

Lo miro.

—Es como si la emoción de la conquista hubiera desaparecido para ti y después ya no te importara.

—Eso no es verdad y lo sabes, Cass. ¡Eres el amor de mi vida! —gruñe, pero me encojo de hombros.

—Y sin embargo te perdiste mi graduación.

Él se estremece.

—Pasaste el velatorio de mi padre, un momento en el que más te necesitaba, con tu amiguita.

Cada vez que quedábamos, la mayoría de las veces por planes tuyos, me dejaste plantada; cada sorpresa que te preparé, o no apareciste o te fuiste antes de la mitad, y la única vez que te pedí que celebráramos que había sacado matrícula en mi trabajo, no apareciste, dejándome empapada bajo la lluvia por preferirla a ella, mientras ella me pinta como la novia celosa que intenta separarnos, ¡y tú se lo permites!

Doy un paso atrás.

—Necesito un descanso porque merezco algo mejor que esto.

Dicho esto, me alejo de él y me dirijo a mi coche, intentando contener los sollozos, sabiendo que hago lo correcto.

Sorbo por la nariz mientras me seco las lágrimas.

Han pasado tres horas desde que le dije a Colt que necesitamos un descanso, y no me he movido de mi sitio en la cama de mi cuarto en la residencia, un cuarto que tengo que dejar mañana, lo que significa volver a casa porque no puedo conseguir alojamiento para la facultad de medicina a menos que encuentre un apartamento barato.

Soy copropietaria de la casa con Perrie, pero la idea de estar allí sin papá me mata. Todavía cojo el teléfono casi todos los días solo para escuchar su voz en mis mensajes.

Llaman a la puerta, pero lo ignoro y subo las rodillas, me bajo la camiseta sobre ellas y apoyo la frente mientras los sollozos silenciosos sacuden mi cuerpo.

Hoy debería haber sido un día feliz, pero fue todo lo contrario.

Sin papá, y con un Colt que llegó tarde y se olvidó…

Oigo que abren la puerta, pero no levanto la vista, segura de que es Perrie. Incluso cuando oigo que vuelven a cerrar con llave, sigo sin levantar la vista, hasta que siento unas manos fuertes que me agarran los tobillos desnudos.

—Cassidy… —susurra Colt con dolor, y se me escapa un sollozo que lo impulsa a actuar. Me tira de los tobillos y me deslizo por la cama; entonces se coloca encima de mí, entre mis muslos, y sus manos fuertes me agarran las mejillas para secarme las lágrimas.

—Lo siento, lo siento muchísimo —susurra, con los ojos grises llenos de dolor—. Odio saber que soy yo quien te hace llorar cuando lo único que quiero es hacerte sonreír. Sé que la estoy cagando; me estoy ahogando porque siento que te me escapas entre los dedos.

Me besa suavemente las lágrimas antes de admitir:

—No sé cómo gestionar todo esto, bichito. Intento demostrarle a mi club que siempre los pondré primero, pero al mismo tiempo te mantengo a distancia cuando no te lo mereces. No sé cómo encontrar el punto medio, Cass, cómo compaginar nuestra relación y el club.

Suspira, apoya la frente contra la mía y admite:

—Me da miedo que los hermanos me vean como el niño mimado que estrelló la moto de su padre, que no soy lo suficientemente bueno para hacerme cargo, por eso siempre pongo al club primero, pero al hacerlo te he llevado al límite…

Nunca quise una vieja, Cass, al menos todavía no, pero entonces te conocí y supe que eras mía…

Me besa en los labios antes de susurrar:

—Te quiero, Cass, y te prometo que lo haré mejor. Me esforzaré al máximo para que seas mi prioridad, e incluso te daré el espacio que quieres, pero no esperes que me aleje de ti porque, si tuviera que elegir, dejaría el club antes.

Se me entreabre la boca de la sorpresa por sus palabras y la sinceridad en sus ojos. Me dedica una sonrisa triste y admite:

—Amo a mi club, me encanta que mi padre crea que seré un buen presidente, pero te amo más a ti, y si tengo que elegir, siempre serás tú, que es lo que debería haberte dicho ayer.

Me vuelve a besar, esta vez con más fuerza, antes de romper el beso y hundir la cabeza en el hueco de mi cuello para susurrar:

—Dos semanas, eso es todo lo que te doy, antes de recoger tus cosas y mudarte a la sede del club, que es donde perteneces.

Le rodeo la cabeza con los brazos y lo abrazo fuerte con el corazón en un puño, sin estar dispuesta a decirle que eso no va a pasar porque las palabras no significan nada, son los actos. Y sin embargo, una parte de mí le cree, la parte estúpida.