Capítulo 55
Luke
El hombre que estaba de pie en una esquina tranquila de Fitzroy Road empezaba a preguntarse por qué estaba tardando tanto. No solía llegar tarde y, sin embargo, debería haber llegado diez minutos antes.
Volvió a su repaso de porno inmobiliario en Rightmove, donde comprobó una vez más sus posibilidades prácticamente inexistentes de poder permitirse un piso más grande con su sueldo actual.
Cambió a la app del Kindle y siguió leyendo Los mares del Sur , de Manuel Vázquez Montalbán —las desventuras de un investigador privado barcelonés que le había recomendado cierta barcelonesa— mientras aguardaba a que su socia llegara por fin.
—¿Harto de este encargo ya? —la voz de Divya interrumpió la lectura de Luke cuando se acercó por detrás, lista para relevarlo en la vigilancia.
Tras aquel segundo caso para Meshflixx, habían vuelto a una sucesión estable de divorcios, disputas de custodia, comprobaciones de antecedentes y pesquisas sobre acoso laboral.
Con todo eso habían regresado también las necesarias horas de vigilancia.
Pero Divya y Luke estaban intentando mantenerse alejados de algunas de las prácticas menos éticas habituales en su antigua agencia.
—En realidad, no —dijo Luke, sonriéndole a su socia—. Y en general no estoy muy harto de nada últimamente.
—Ya imagino —dijo Divya, con una sonrisa cómplice—. Dale recuerdos a Sol de mi parte. Y dile que mañana estaré allí a las diez en punto para responder a todas sus preguntas urgentes sobre el trabajo. ¿Seguro que prefieres que lo haga yo en vez de tú?
—Sabes que no me pongo celoso —contestó Luke.
—Sí, claro —se burló ella.
Sol
Sol estaba escribiéndolo todo antes de que se le escapara de la cabeza cuando oyó el timbre. Miró la hora y se dio cuenta de que probablemente sería Luke. ¡Y parecía que todavía no había instalado la app de la cerradura inteligente en su móvil para poder entrar solo!
—¡Ay! —protestó, bajando corriendo las escaleras.
Abrió la puerta, lo atrajo hacia dentro agarrándolo de la camiseta, lo besó deprisa y lo dejó plantado en el recibidor.
— Ara torno —le dijo, ya subiendo las escaleras—. Solo tengo que terminar una frase.
Desde que había decidido lanzarse —inspirada por la aventura empresarial de Divya y Luke— y escribir una novela de misterio ambientada en Londres —inspirada en el trabajo de Divya y Luke— había entrado en una especie de frenesí creativo.
Había dado un giro en su vida profesional, pero al final no se había ido a algo aburrido.
—¡Vale, ya está! —gritó desde el despacho dos minutos después.
Bajó las escaleras y encontró a Luke preparándose una taza de té en la cocina.
—¿Te he besado? —preguntó. Había estado tan despistada al abrir la puerta que no estaba del todo segura.
—Sí —dijo él, con la misma sonrisa seductora que había dirigido hacia ella desde el primer día que se conocieron—. Pero tampoco hay motivo para que no lo hagas otra vez.
—¿Verdad? —lo abrazó y entonces se dio cuenta de algo—. ¿Vas a ir así?
Luke revisó su ropa de trabajo, directamente sacada de las peores pesadillas de Sol relacionadas con Greg Knight.
—He traído ropa y me cambiaré después del té —explicó.
—¿Después de té té o quieres decir que hay tiempo para té ? —preguntó Sol, repentinamente sedienta.
—Por mucho que me encantaría tomar ambos tipos —dijo él, consultando la hora en su móvil—, la cosa empieza en treinta minutos y llegaremos justos tal como vamos.
—¿Y estás seguro de que me gustará este sitio? —preguntó ella, sin intentar disimular su decepción.
···
Un cambio de ropa, un trayecto en metro y una apresurada taza para llevar de té negro TWG 1837 después, ambos se estaban descalzando.
—¿Tendré que cantar om ? —preguntó, horrorizada. ¿Por qué había accedido a acompañarlo? Ah, sí: él había desplegado todo su magnetismo para convencerla.
—No tendrás que hacerlo si no quieres —respondió él, divertido.
Aunque el yoga era ese tipo de ejercicio de bajo impacto pero completo que encajaba a la perfección con su estilo de vida y cumplía todos sus requisitos favoritos de entrenamiento, Sol nunca había logrado aficionarse.
La asustaba su parte espiritual y, la vez que lo intentó, se había quedado profundamente dormida durante la Shavasana. Nunca volvió a intentarlo.
Y aun así Luke había conseguido arrastrarla hasta Kilburn —que ni siquiera estaba cerca de casa de ninguno de los dos— para probar una clase de yoga que él juraba que le encantaría.
Sol no tenía ni idea de en qué se basaba esa afirmación hasta que entraron en el estudio, esterillas en mano, y la vio.
Ella ya había colocado su esterilla en el centro, sobre el suelo de madera y estaba haciendo estiramientos. Miró a Sol y a Luke al llegar.
—Hola, Luke —dijo—. Veo que vienes acompañado.
—Hola, Emma —dijo Luke, colocando su esterilla no muy lejos de donde la actriz se estiraba—. Ella es mi pareja, Sol. Pareja romántica —añadió, usando el término que ambos habían acordado. A Luke le encantaba diferenciar entre su pareja profesional y la romántica.
—Encantada, Sol —dijo Emma y volvió a sus estiramientos.
Sol se quedó inmóvil en mitad de la sala unos segundos más, hasta que se sentó junto a Luke, todavía sin entender nada.
—¿Por qué no me habías dicho que Emma Thompson era tu compañera de yoga? —le susurró.
—Quería ver tu cara al darte cuenta —dijo él y ella ni siquiera supo clasificar su sonrisa absurdamente provocadora—. Ha valido la pena.
Los ojos de Sol brillaron.
—Quiero que sepas que te perdono por completo por habernos hecho saltar el té por esto.
Muchas gracias por leer Sospechosamente tuya .