Capítulo 34
Sol
Un par de horas después de la que había sido, objetivamente, la peor y más exasperante entrevista de toda su carrera, Sol iba en otro coche rumbo al aeropuerto. Seguía repasando la entrevista en su mente, una y otra vez: cada una de las respuestas groseras de Richard y sus propias réplicas.
Estaba furiosa. Debería haber reaccionado de otra manera.
Tenía dos décadas de experiencia en ese tipo de trabajo y, aun así, se sentía como una completa novata.
Casi cualquier principiante habría manejado mejor la situación…
o se habría marchado entre lágrimas. Quizá si no hubiera intentado ser tan complaciente y educada—y le hubiera dicho a Richard lo que realmente pensaba de su oeuvre y de su actitud—él se habría quedado toda la entrevista y habría interactuado con ella. Pero ya era demasiado tarde.
Si al menos Mark hubiera podido terminar de darle aquel consejo sobre su antiguo compañero de trabajo, pero su irritante hijo lo había interrumpido.
En cualquier caso, era tarde para pensar en qué hubiera podido pasar si las cosas fueran distintas.
Lo único que sabía era que, con el material que tenía, no podría escribir gran cosa.
Tras unos minutos de nerviosismo, consiguió calmarse un poco.
Le explicaría a Fionna lo sucedido. Todavía había una forma de escribir algo sobre Fynn y su falta total de interés por promocionar una secuela que había tardado trece años en poder estrenarse.
Había una historia ahí, aunque no fuera la que Conceit Fair le había encargado inicialmente.
Miró la hora en su pulsera inteligente. Era mucho más tarde de lo que había previsto y aún estaba lejos del aeropuerto. El tráfico era un desastre, recordándole una de las razones por las que había dejado la ciudad.
Empezaba a temer que llegaría tarde a su vuelo de regreso a Londres cuando recibió un mensaje de alguien a quien había logrado mantener fuera de sus pensamientos. Y se vio obligada a recordar la verdadera razón por la que se había marchado de Los Ángeles.
El Aburrido
Me entero por redes de que estás en LA. Podrías al menos haber avisado. Tus trastos siguen por todas partes.
Sol frunció el ceño. Lo último que necesitaba era lidiar con David: exmarido número dos y persona número uno en hacerle perder la paciencia —que de por sí no era muy abundante—.
Estaba a punto de responderle que podía deshacerse de todo lo que quedara allí y enviarle la factura por los gastos o, mejor aún, que por fin le mandara sus cosas, cuando llegó otro mensaje.
El Aburrido
Seguro que sí tuviste la cortesía de hablar con el exmarido número uno cuando estuviste en España hace unos días.
Además de ser la persona más exasperante que Sol conocía —tenía un talento único para irritarla—, parecía que David había estado siguiendo sus movimientos por redes sociales.
Cuando el teléfono volvió a vibrar, estuvo tentada de bajar la ventanilla y tirarlo por ella. Pero el nuevo mensaje no venía de la persona más molesta que había conocido y consiguió que se olvidara de Richard Fynn, de David y hasta de la posibilidad de perder el vuelo.
Luke (Detective sexy)
¿Sigues disfrutando del sol de Los Ángeles?
Habían cambiado muchas cosas en el estado de ánimo y los sentimientos de Sol hacia la ciudad californiana desde su último intercambio de mensajes.
Luke (Detective sexy)
El tiempo en Londres es de unos templados 13C y solo lloverá la mitad de la semana.
Pero por favor, no nos lo tengas en cuenta.
Sol no pudo evitar sonreír al leerlo. El clima londinense sonaba terrible, sobre todo comparado con aquel día gloriosamente soleado en Los Ángeles.
Y, sin embargo, ahora quería coger ese dichoso vuelo de regreso más que nunca.
Casi la sorprendía admitirlo: en realidad echaba de menos la ciudad británica y el hogar que había construido allí.
Volver a Los Ángeles —la ciudad donde había vivido tantos años— le había recordado que ya no era la persona que había dejado Barcelona con veintitantos ni la que había dejado LA en la treintena.
Ya no era simplemente barcelonesa ni angelina.
Encajar en cualquier parte sería difícil, pero era el camino que había elegido.
Sol Novo
No lo haré :)
Aunque lo que describes no suene demasiado tentador.
Luke (Detective sexy)
¿He mencionado que también estoy yo aquí?
Sol soltó una carcajada sincera —la primera genuina y nada forzada del día— y se sintió aliviada cuando el conductor se detuvo en LAX. Parecía que, después de todo, pronto estaría de regreso en Londres.
···
Esperaba en la puerta de embarque de su vuelo vespertino a Heathrow cuando recibió una llamada de Luke. Contestó de inmediato.
— Ciao, bella —dijo él, en un tono que la hizo sonreír—. Siento molestarte durante tu estancia angelina.
—En realidad estoy en el aeropuerto. No molestas, pero puede que llamen a mi grupo de embarque en cualquier momento.
—Iré directo al grano, entonces. Sobre todo, porque parece que no nos abandonarás por California, después de todo.
No pudo evitar reír.
—Desde luego que no.
—Me alegra oírlo. Siéntete libre de criticar Los Ángeles y ensalzar la superioridad de Londres cuando quieras.
Sol puso los ojos en blanco ante su orgullo londinense, aunque en el fondo le recordaba a sus propios sentimientos hacia su ciudad natal.
—Luke —dijo, aún riendo—. Acaban de llamar al grupo uno. Por desgracia, yo estoy en el tres. ¿Pero querías algo…?
—Josie me ha enviado la grabación de la clase del 23 de febrero —le dijo—. Gracias otra vez por pedírsela.
—No hay de qué —respondió Sol. La conversación habría sido mucho más entretenida si no tuviera que subirse al avión en breve y apresurarla. Pero, por otro lado, ese avión la acercaría mucho más a él.
—Avísame si quieres que te pase el enlace para repetir la clase. Sé que te encantó la rutina de “glúteos en llamas” —la voz de Luke destilaba diversión.
Sol supuso que la llamaba para aclarar algún detalle del caso, quizá hacerle otra pregunta sobre The Privateers . Pero él, sin pudor alguno, estaba hablando de su trasero.
—Luca —dijo, intentando sonar autoritaria. Sabía que a él le gustaba cuando usaba su nombre italiano—. Por mucho que me esté gustando esta conversación…
—¿Te está gustando? —preguntó él, medio sorprendido, medio satisfecho.
—Sí, pero acaban de llamar al grupo dos y tengo la impresión de que necesitabas preguntarme algo.
—Muchas cosas. Aunque puede que no quieras responderlas todas.
— Mare meva! Cada minuto te vuelves más italiano. ¿Podrías ir al grano, por favor?
—A regañadientes —dijo él, con un cambio en la voz—. ¿Recuerdas si había alguien más en clase el 23 de febrero? Me refiero aparte de ti, Josie, Sara, Philippa, Mark, Lashana y Martha.
—La verdad es que no —respondió, intentando recordar—. ¿Por qué?
—En la grabación aparece una octava persona durante unos segundos, al fondo, pixelada. No podemos identificarla.
Aunque echaba de menos su tono seductor, el nuevo giro del caso captó toda la atención de Sol.
—¿Podría ser Leonardo Pascual? —preguntó él, pillándola completamente desprevenida.
—¿El actor?
—Sí.
—No.
—¿Seguro?
—Créeme cuando te digo que recordaría perfectamente si Leonardo hubiera aparecido en mi estudio de pilates —dijo Sol—. Por desgracia, nunca lo he visto en persona. Ese hombre es irrefutablemente sexy.
—Eso dice todo el mundo, sí —concedió Luke, aunque no sonó convencido.
—Déjame pensarlo y a ver si recuerdo algo sobre esa persona misteriosa que no era Leonardo Pascual —dijo Sol—. Al fin y al cabo, me esperan once horas de vuelo.
—Sería fantástico —dijo él—. ¿Estás a punto de embarcar?
—Sí.
Sol se unió a la cola de su grupo.
—¿Alguna posibilidad de que quieras verme cuando vuelvas a Londres? —preguntó él.
La última vez que se lo había preguntado, ella estaba en Barcelona y mucho menos segura de la respuesta.
—Me encantaría —dijo—. Pero tengo que irme ya. Adeu , Luca.
— Ciao, bella . Nos vemos en Londres.
A Sol le gustó aquella promesa.