Sospechosamente tuya (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Luke

¿Qué hacía Sol allí? Luke había aterrizado aquella tarde.

Había hecho el check-in en el hotel, salido a dar un paseo y entrado en el primer bar que vio cuando le apeteció una pinta.

Pero descubrió que se trataba de un elegante local de gin-tonics donde no servían cerveza. Y, de repente, allí estaba ella.

Como buen londinense, tenía la costumbre de considerar otras ciudades pequeñas, incluso provincianas, pero ¿podía Barcelona ser tan diminuta? No podía ser simple casualidad. No se suponía que tenía que empezar a buscar a Sol hasta la mañana siguiente.

—Soy Sol —dijo ella, dejándolo un poco perplejo. Él sabía perfectamente quién era—. Y lo siento, pero no recuerdo tu nombre —añadió tras una pausa incómoda.

Entonces Luke cayó en la cuenta.

Para ella, él no era más que un tipo cualquiera de pilates.

—Soy Luke —respondió y en el mismo instante se dio cuenta de que había usado su nombre real en lugar del de su alter ego. Encontrarla allí lo había pillado completamente desprevenido. Aun así, parecía que ella no había notado que en las clases de Josie se llamaba de otra manera.

—¿Qué haces en Barcelona? —preguntó ella.

Estaba siendo, con diferencia, la versión más habladora y simpática que había conocido de Sol.

—Cosas de trabajo —dijo él, esperando que no se le activara el modo periodista y empezara a hacerle mil preguntas sobre qué trabajo y qué cosas eran exactamente las que estaba haciendo allí—. ¿Y tú qué haces aquí?

—Ah, yo no necesito motivo. Soy de aquí —respondió.

¿Estaba riéndose? No, Luke debía de imaginarlo.

—Un segundo, que tengo que pedir algo de comer y por fin me hace caso el camarero —dijo ella y se puso a hablar con la única persona detrás de la barra.

Luke intentó seguir la conversación a toda velocidad.

Hablaba italiano con sus padres y hermanas, así que el catalán no podía ser tan difícil, ¿no?

Pues sí lo era. Alcanzó a entender algo sobre comer, quizá.

Al menos algo sonaba parecido a mangiare y ahora un par de mujeres sentadas en una mesa cercana también participaban en la conversación frenética.

Quizá se equivocaba y su familia no era tan escandalosa como siempre había pensado. Aquella gente sí que era ruidosa.

—Nos tenemos que ir —le dijo Sol—. Por lo visto, aquí no tienen nada para comer. Ni unas patatas ni unas olivas —puso los ojos en blanco—. Aún no hemos cenado. Vamos a buscar otro sitio donde podamos comer algo y esperar a otra amiga que siempre llega tarde.

¿Sol siempre hablaba tan rápido?

—Si te quedas unos días en la ciudad, llámame. Te la puedo enseñar un poco —añadió.

¿Acababa de invitarlo a salir?

Hasta entonces, la impresión que había tenido de ella en sus breves encuentros en pilates le hacía pensar que apenas lo toleraba y que lo encontraba irritante.

—Yo… no tengo tu número —balbuceó él—. ¿Te escribo un DM?

No quería parecer demasiado entusiasmado y no acababa de entender qué estaba pasando. Pero si ella lo estaba invitando, él no iba a oponerse.

—Ya —dijo ella y se marchó.

Luke no tenía ni idea de cómo comportarse con ella. Tenía que haber dicho algo mal. ¿Pero qué?

Sin embargo, volvió casi enseguida, con el móvil en la mano. Lo desbloqueó y se lo dio. Él la miró.

—Tu número —dijo ella, como si lo que acababa de hacer fuera lo más obvio del mundo.

Y probablemente lo era, pero el cerebro de Luke no funcionaba con mucha agilidad teniendo a Sol delante. Llevaba un vestido de tirantes negro sobre una camiseta blanca y unas botas Dr. Martens clásicas y él tenía debilidad por todo lo que tuviera un aire de los noventa.

Se aseguró de escribir su nombre y apellido como le gustaba registrar los contactos en su propio teléfono, añadió su número y le devolvió el móvil. Ella lo llamó y el suyo vibró en su bolsillo trasero.

—Ahora ya tienes el mío también. Me tengo que ir. Adeu !

Se marchó con sus dos amigas y Luke esperó que no tuvieran que andar mucho antes de encontrar un sitio donde cenar. Estaban claramente borrachas.

Estaba a punto de coger el móvil para escribirle a Divya y contarle todo el encuentro cuando se dio cuenta de que no solo le había dado a Sol su nombre real, sino también su número personal.

Y lo había hecho sin pensárselo dos veces, aunque ella encajara a la perfección en el perfil del ladrón que estaba intentando atrapar.