Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 32Drew
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Capítulo 32Drew

CAPÍTULO TREINTA Y DOS

Drew

L ogan:

Es poco probable, pero ¿está Skyla contigo?

La sola mención de su nombre despierta en mi interior una necesidad que se está volviendo imposible de ignorar.

No. ¿Por qué? ¿Está bien?

Logan:

Teníamos una reunión a las tres y no ha aparecido. No te preocupes, probablemente esté en casa haciendo las maletas y se haya olvidado de nuestra cita. Se va mañana. ¿Sigues viniendo a la cena de ensayo de la boda esta noche?

¿Mañana?

Se me encoge el estómago y corro al baño.

No, no voy a ir al ensayo. Creo que tengo una gripe estomacal. Pero mamá va a llevar a Callie. Te veré mañana.

Guardo el teléfono e intento no sentirme mal por dar plantón. Nadie me necesita en un ensayo de boda y, sinceramente, no me veo capaz de afrontarlo. Los últimos días han sido un infierno y casi he roto mi promesa de dejar a Skyla en paz más de una docena de veces.

Pero el mensaje de Logan me ha dejado trastocado. Sabía que se marchaba de forma inminente. No debería sorprenderme, pero aquí estoy, sintiéndome... devastado.

No volveré a ver cómo su sonrisa contagiosa lo ilumina todo nunca más.

No es propio de Skyla faltar al trabajo y, aunque intento ignorar mi preocupación, la tentación de usar el mensaje de Logan como excusa para contactar con ella es abrumadora.

Marco su número y escucho su dulce voz diciéndome que deje un mensaje después de la señal.

Luego cuelgo y vuelvo a marcar. Directo al buzón de voz otra vez.

A la tercera vez que escucho su mensaje, se me ha cerrado la garganta y apenas puedo tragar.

Se me revuelven las entrañas y no porque haya mentido diciendo que tengo gripe estomacal.

Siento una necesidad abrumadora de ir a ver cómo está. Luego me recuerdo a mí mismo que, de todas formas, ella no querrá verme.

En lugar de eso, me obligo a quedarme en casa con la perra mientras Tate y mi hermana escoltan a mamá y a Callie al ensayo de la boda.

El final de la tarde se arrastra hasta la medianoche y mis pensamientos oscilan de un lado a otro: de Skyla y lo mucho que la echo de menos a lo que dijo Callie...

que utilizo mi papel de padre para protegerme de seguir adelante.

¿Es eso lo que estoy haciendo?

No lo creía, pero aquí, solo, sin nada más que tiempo para pensar, de repente me pregunto si eso es lo que he estado haciendo. Incluso Skyla lo dijo: —Hay padres solteros por todas partes embarcándose en relaciones, viviendo vidas felices—. ¿Qué es lo que me impide pedirle a Skyla que me quiera?

Me aterra no ser suficiente.

La carta que ha estado quemándome en la cabeza desde que llegó al buzón de mi apartamento en Nueva York está doblada en el bolsillo trasero de mis vaqueros. Cada vez que intento abrirla, me detengo.

No puedo hacerlo.

Pixie lloriquea y olisquea la alfombra donde se hizo caca hace cinco minutos.

—¡Oh, demonios! ¡Eso ni hablar! —La cojo en brazos y agarro su correa mientras nos lanzo a los dos hacia el ascensor que espera.

El portero de mi ático se ríe entre dientes mientras paso con la perrita estirada en mis manos hasta que soy capaz de depositarla en el trozo de césped bajo una palmera fuera del vestíbulo del ático.

—Por esto no quería un perro —le digo a Pixie mientras se pone de cuclillas—. Aunque eres un poco adorable.

Fuera, el cielo está negro y refresca. Callie se queda a dormir en casa de mamá, ya que Logan la convenció para que fuera dama de honor después de todo.

Así que Callie se despertará allí y habrá un equipo de estilistas para arreglar a Tabs, a mamá y a Callie.

Dana dormirá en su propio ático para cumplir con la tradición de no ver al novio antes de la boda.

Mañana, Tate, Logan y yo nos prepararemos en el ático de Logan, pero por mucho que intente disuadirle de casarse con Dana, no logro convencerle de lo contrario.

Maldito idiota.

Si tan solo él y Dana tuvieran algo como lo que teníamos Skyla y yo, tendría una oportunidad de ser feliz.

Me prohíbo seguir con ese pensamiento y me centro en todas las razones por las que estaba seguro de que no funcionaría.

La diferencia de edad.

Claro, Skyla es más joven que yo, pero no es inmadura.

Callie.

Apenas he recibido un mensaje de Callie en toda la noche. Nos mudamos para estar más cerca de la familia y ha ido mejor de lo que me atrevía a esperar. Accidente aparte, está haciendo amigos e integrándose perfectamente en la vida de aquí. Es feliz. Y quiere a Skyla.

A medida que el reloj se acerca a la medianoche y al final del último día de Skyla en el complejo, me preocupo. Esta noche será como la anterior, dando vueltas en la cama, pensando en Skyla sin tener ni idea de cómo hacer felices a todos.

Skyla.

Dios, la echo tanto de menos.

Pensé que podría ceñirme a mis reglas. Pensé que podría ignorar su magnetismo, pero este dolor en el pecho no se va.

Saco el teléfono, tentado de intentar llamarla, pero decido no hacerlo.

No quiero que se vaya. Necesito que vuelva y es algo que debo decirle en persona. No es que siquiera merezca otra oportunidad, pero soy demasiado débil para no suplicar por una.

Recojo lo que ha dejado Pixie en una bolsa, la deposito en la basura fuera del ático y tiro de Pixie en dirección al apartamento de Skyla.

Intento planear qué decir, esperando que se niegue incluso a dejarme entrar en su casa.

Mi resolución empieza a aflorar y decido que, aunque tenga que ir y volver de Miami para demostrarle que estoy comprometido con ella, lo haré.

Solo necesito demostrarle que vale la pena arriesgarse por mí.

Y de repente, creo que puedo ser un hombre mejor. Por ella, puedo ser cualquier cosa.

Al doblar la esquina, veo a otra persona que tiene todo el derecho del mundo a odiarme.

—Jessie. ¿Eres tú?

Lleva puesto el pijama y tiene la cara pálida. —¡Drew, gracias a Dios! Venía a verte. ¿Está Skyla contigo?

—No. No la he visto desde que... —le rompí el corazón—. Hace tiempo. ¿Qué ha pasado?

—El padre de Skyla me ha llamado. Él y ella tuvieron...

un desacuerdo sobre su madre. He preguntado a todo el mundo en el complejo y nadie la ha visto desde esta mañana.

Ha estado fuera todo el día y se supone que íbamos a quedar para nuestras copas de despedida esta noche en el bar de la playa.

No hay forma de que Skyla no apareciera sin un mensaje o una llamada, o sin enviar una cesta de frutas y una tarjeta de disculpa —dice con sarcasmo, pero percibo la preocupación real en su voz—. Esto no es normal en ella.

El sudor se me pega a la nuca. Me he sentido intranquilo toda la tarde desde que faltó a su cita con Logan.

Lo achacaba a que la echaba de menos y a que me inventé una excusa solo para contactar con ella, pero Jessie tiene razón; no presentarse a trabajar ni a ver a su mejor hermana sin decir nada no es propio de Skyla.

—¿Cómo que no ha vuelto a casa? ¿Dónde podría estar?

—¡Que. No. Ha. Vuelto. A. Su. Puta. Casa. Atontado! —Jessie me señala con el dedo—. Nunca se ha ido así antes. Su padre ha dicho que tuvieron una pelea enorme y que estaba muy alterada. Él está muerto de preocupación por ella y yo también.

Sigo teniendo el móvil en la mano, así que lo levanto y empiezo a llamar. Su dulce voz me pide que deje un mensaje, así que le dejo una súplica inconexa para que me llame.

—¿Directo al buzón?

Asiento.

—Se fue corriendo de Le Bateau. ¿Lo conoces?

Vuelvo a asentir.

—Coge tu coche. ¡Tenemos que encontrarla!

Conducimos en dirección al restaurante, pero hace tiempo que ha cerrado para cuando llegamos, y las calles están casi vacías de los habituales bebedores nocturnos que salen de los bares.

—¿Qué pasó con su padre? —pregunto, conduciendo sin rumbo buscando cualquier señal de Skyla.

—La ha cagado pero bien. Casi tanto como tú —responde Jessie, con una rabia que emana de ella.

—Sé que la he cagado. Soy un capullo.

—Sí, lo eres. —Acaricia a la perrita en su regazo y luego habla directamente con Pixie—.

Tú no eres un capullo, sin embargo. Eres supermono.

Absolutamente adorable, de hecho. ¡A mi Macy le encantarías!

—Besa a la perra y luego me mira de reojo.

Sus ojos se entrecierran con amargura y luego mira dulcemente a Pixie—.

Tú no eres un perdedor total, no como tu dueño.

Tú nunca le pisarías el corazón a nadie, ¿verdad, cielo?

—Me preocupaba arruinarlo con Skyla, así que yo...

—Lo echaste por tierra. Muy buena esa; de esa forma consigues hacer daño absolutamente a todo el mundo.

Nuestras miradas se cruzan con furia. —¡Lo sé, de acuerdo! No hace falta que me hagas sentir peor de lo que ya me siento.

—No estoy de acuerdo. Creo que hace toda la falta del mundo porque, si no hubieras pasado de ella, quizá habría sido más capaz de encajar las noticias sobre su madre.

Jessie suelta una tonelada de insultos merecidos y yo los acepto como si fuera su blanco personal y voluntario. El dolor de cada golpe bajo ayuda a recordarme por qué es tan importante que la encuentre.

La quiero.

Y saber que está sufriendo me está destrozando.

Giro a la izquierda por la carretera de la playa y la sigo hasta el final.

Cuanto más tiempo pasa, más grande se hace la bola de tensión en mi estómago.

El cielo está iluminado por las estrellas y rezo una oración silenciosa para que la encontremos pronto y esté bien.

Luego pienso en mi padre y sé que si está ahí arriba, estará mirando hacia abajo, queriendo que ambos estemos bien.

Él era ese tipo de hombre. Así que le rezo a él también en silencio.

—Tiene que estar por aquí en alguna parte. ¿Cómo de alterada estaba? ¿No creerás que ella...?

—Estaba disgustada. Ha tenido la semana más de mierda de todas las semanas de mierda. Pero es una mujer fuerte, así que estará bien. Tenemos que encontrarla. No quiero imaginármela caminando por las calles, borracha y disgustada, en mitad de la noche.

—Yo tampoco —respondo—. Y, para que conste, siento haberla herido. Voy a compensárselo.