Capítulo 13Skyla
CAPÍTULO TRECE
Skyla
— A ver si lo he entendido bien: te ha dado dos orgasmos, le has soltado un puñetazo en la cara, le has dejado un ojo morado y luego has salido de allí pavoneándote como la reina de Saba.
No estoy segura de haber visto nunca a una persona soltar una carcajada de tal calibre, pero ahora sé que sí.
—Ha sido mi rodilla la que le ha dejado el ojo morado, no mi puño.
Fue un accidente total; estaba fuera de control —me sonrojo al recordar lo bien que se sentía estar fuera de control—.
No sabía que se podía sentir algo así. Y no fui a su casa buscando sabiduría y riqueza, como hizo Saba con Salomón, yo...
—¿Entonces a qué fuiste? —Sus cejas casi bailan de alegría.
—Fui con Callie para darle unos consejos sobre salones de peluquería y luego Callie nos dejó. Solos. Juntos. Y entonces me di cuenta de que tenía la oportunidad de sacarme un extra y di el paso.
A nuestro lado, Macy está jugando en la alfombra del apartamento de personal de Jessie, así que bajo la voz.
—No esperaba que la noche diera ese giro.
Me gustaba la idea de seducirlo, pero cuando fui a su ático con Callie no tenía ni idea de que ella se marcharía y...
no estaba preparada, ni siquiera había pensado en qué iba a hacer o cómo lo iba a hacer...
—¡Te doy un sobresaliente por tu actuación! Parece que lo de la seducción lo bordaste. ¿Cómo se siente tener el himen roto?
—No está roto —suspiro y dejo caer la cabeza hacia atrás sobre el sofá un momento—.
Sally subió al ático, así que me vestí más rápido de lo que se tarda en decir «servicio de habitaciones», y cuando se fue, salí pitando de allí.
Ella no me vio, pero si se enterara de que estaba teniendo relaciones ocasionales con el hermano de nuestro jefe, se enteraría todo el complejo...
— Si Sally se entera. Si alguien se entera —se mofa Jessie—. ¡Que les den por culo! —Baja la voz y suelta el taco con la mano sobre la boca—. ¿Una reputación? ¿Eso es lo que te detuvo? ¿Es que hemos viajado en el tiempo a los años veinte mientras yo no prestaba atención?
—Sabes a lo que me refiero. Después de Mike, y antes de aquel Brad, el contratista que trabajaba en el sistema de riego, y luego Barry, el del bar... la gente va a empezar a pensar...
—¡La gente lo que tiene que hacer es cerrar la boca y meterse en sus malditos asuntos!
Ni siquiera te acostaste con esos tíos, no es que a nadie deba importarle si lo hubieras hecho.
Puedes salir con tantos Brad, Barry y Mike como te dé la gana, y quien tenga una opinión al respecto, ¡que se vaya a freír espárragos!
Enséñales el dedo corazón. ¡Nadie va a llamarte fresca mientras yo esté presente, y si lo intentan, rodarán cabezas!
En serio, Skyla, a nadie en este complejo le preocupa lo que hagas, la mayoría se están acostando unos con otros de todos modos.
Tú a lo tuyo, tía, y ya que estás, dale también a Drew.
Me incorporo un poco más y el cosquilleo en mi vientre regresa. —Tienes razón. Basta de críticas moralistas —deletreo y luego admito—: Lo saboteé.
—¿No lo estabas disfrutando?
—En una escala del uno al diez, era un treinta y seis.
Jessie sonríe. —Me imaginaba que sería bueno. A veces simplemente se nota. Pero entonces, ¿por qué te fuiste?
Me encojo de hombros, sintiéndome estúpida, pero Jessie no me juzga en absoluto. Su voz es suave y sensible cuando pregunta: —¿Crees que tienes miedo a la intimidad?
—No pensaba que lo tuviera. Estaba disfrutando muchísimo de mis orgasmos, pero en cuanto se presentó una excusa para marcharme, huí de allí, lo cual es de locos porque él ha sido amable y me ha hecho sentir segura y valorada.
Incluso antes de intentar acostarse conmigo, me dijo que era hermosa y le creí. Quizá fueron los nervios.
—¿A qué le tienes miedo?
Me encojo de hombros. Nunca he reflexionado mucho sobre el tema, pero las respuestas acuden pronto a mí. —Al abandono. Al juicio. A que no le guste yo, o a que no me guste yo misma después.
—¿Y crees que Drew te haría sentir así?
—No —respondo con énfasis—. Quiero decir, sé que no vamos a empezar una relación, y me parece bien.
Entiendo que sus motivos no tienen que ver conmigo.
A menos que... —Un recuerdo me asalta y desencadena algo—.
Jessie, ¿alguna vez te conté lo que dijo mi padre cuando mi madre se fue?
—Ella niega con la cabeza—. Dijo que mi madre no volvería porque se había largado con un tío y que ahora todo el mundo la llamaría la buscona del pueblo .
—¿Qué? Es algo horrible que decir.
—Lo sé. Solo lo dijo una vez, pero parecía muy preocupado por lo que pensara todo el mundo.
Fue justo después de que ella se marchara; él estaba enfadado y dolido.
Recuerdo que lloraba, y él no era de los que lloran.
Después de eso, se negó a hablar de ella.
Fue como si hubiera muerto. En el ático de Drew, mientras él estaba fuera de la habitación hablando con Sally, supongo que me entró el pánico al pensar que la gente se enteraría de que estaba teniendo sexo casual y me juzgaría.
Jessie me atrae para darme un abrazo. —Skyla, no puedes pasarte el resto de tu vida evitando la intimidad.
Lo que dijo tu padre estaba mal. Quién sabe por qué se fue tu madre, pero estoy segura de que tendría sus razones.
—Se echa hacia atrás y me mira con sinceridad—.
Tienes que sacar valor y conquistar este miedo.
Drew es perfecto para practicar. Es mayor, más sabio y ya has dicho que te hace sentir valorada.
—Pero podría torcerse... ninguno de los dos quiere una relación con el otro. Y todavía tengo que trabajar aquí. ¿Y si todo el mundo piensa que soy Skyla la gorda de RR. HH., la mujer fácil que no puede mantener interesado a un hombre?
—Deja de darle vueltas a la cabeza y deja de despreciar a mi mejor amiga.
Drew es perfecto porque con él no tienes ninguna expectativa de futuro.
Todas las relaciones son una apuesta, pero con él, el final es seguro.
Quizá saber que hay un límite de tiempo te ayude a centrarte en el momento en vez de en todo el drama.
Mientras tanto, trabaja en cambiar esos pensamientos intrusivos, porque la gente que importa sabe que Skyla Manning es una mujer inteligente y moderna que se ocupa de sus necesidades. ¡Y que además tiene un culo estupendo!
—Culo. Culo. Culo —canturrea Macy desde la alfombra y yo arqueo las cejas hacia Jessie.
—En serio, ¿esa es la palabra que la niña lista de mamá elige repetir?
—Jessie niega con la cabeza mirando a Macy—.
Guau, guau; perrito, recuerda, esa es la palabra que hemos estado practicando.
—Mira a Macy con esperanza, pero la pequeña arruga su naricilla y vuelve a derribar sus bloques de construcción.
—Veo que la charla sobre el plátano grande va de maravilla. —Me esfuerzo por no reír.
Jessie sonríe con ironía. —Bueno, como ya sabes, los plátanos grandes requieren trabajo. Ah, es verdad, no lo sabes porque te dejaste el plátano grande sobre la mesa. Ahora, tienes que llevar tu melocotón de vuelta allí, armarte de valor y terminar lo que empezaste.
Niego con la cabeza. —No puedo. Me da mucha vergüenza. El pobre hombre probablemente tenga el mayor caso de «uvas azules» de la historia. Siento que debería disculparme. Quizá debería enviarle flores o ciruelas...
—Qué va, ¡creo que lo que quiere son melones, o quizá un taco! ¡Mientras estés allí, podrías agenciarte una buena ración saludable de berenjena!
Esta vez soy yo la que suelta la carcajada. —Probablemente no vuelva a verlo. Él está construyendo una casa, y si tengo cuidado no hay razón para que yo... —Me tapo la cara con las manos—. ¡Maldita sea!
—¿Qué pasa?
—Su hija todavía necesita el número de teléfono de mi peluquería.
—Ah, pues más vale que vayas. Si vas ahora mismo, Callie no estará allí —Jessie guiña un ojo con ánimo.
—Tienes razón. Debería pasarme mañana cuando Callie esté en casa para darle el número.
—Sabes, con lo mucho que te resistes, es un milagro que llegaras a tocar el plátano grande. ¿Estás segura de que quieres deshacerte de tu V?
—Claro que sí. Estoy preparada.
—¿Era grande?
Mis mejillas se encienden y una sonrisa se apodera de mi rostro.
—¡Lo sabía! ¡Esos chicos Blingwood tienen todos un buen trabuco!
—Parece que hablas por experiencia... —la presiono, pero ella me corta.
—Pura suposición —responde, dando vueltas a su móvil en las manos y comprobando la pantalla.
—¿O sea que no te acostarías con Tate Blingwood si tuvieras la oportunidad?
—Ni loca. No. Además, por lo que sé de Tate Blingwood, piensa con el plátano, el muy capullo.
—¿Por qué le odias tanto? Es el chico de oro de Estados Unidos.
—Pues el mío no lo es —se pone a mirar el móvil—. Mira esto: «Tate Blingwood pillado con su coprotagonista». «Tate Blingwood se divierte con una camarera». «¿Sale Tate Blingwood con su asistente?». —Tira el teléfono sobre la mesa de centro con asco—. Cabeza de calabacín gigante.
—Jessie, apenas le conoces. Esas historias podrían ser todo mentiras.
—Sé lo suficiente para saber que no es lo que parece. ¿Chico de oro? ¡Ja! ¡Más bien un pedazo de mierda! Ahora, basta de hablar del hermano malvado, dime qué vas a hacer con el santo Blingwood.
Jessie es tan entusiasta que sería fácil pensar que es tan sencillo como llamar a un follamigo increíble y sin compromiso a través de Just Fuck .
Joder, si eso funcionara, quizá hasta podrían traer pizza para después.
Pero eso no existe. Nada bueno puede salir de considerar a Drew como un follamigo...
excepto orgasmos increíbles que te hacen perder el sentido y el alma.
Tengo que dejar de centrarme en el gran O, de lo contrario nunca olvidaré a Drew Blingwood y sus magistrales y múltiples habilidades.
—No voy a hacerme un Drew, voy a hacer pilates. ¿Te apuntas?
—¡No tienes ninguna gracia! —resopla Jessie—. ¿Cuándo empezamos?