Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1) Capítulo 2Drew #3
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Capítulo 2Drew #3

Leo un correo de mi asistente en Nueva York informándome de que todo va sobre ruedas desde mi marcha.

Luego le respondo preguntando qué tal va el proyecto de Dubái y, cuando levanto la vista de la pantalla, veo a la jefa de RR.

HH. de Logan saliendo del agua y pasando una pierna tonificada por el borde.

Con un bañador negro simple que realza un cuerpo curvilíneo, está divina, resplandeciendo bajo el sol de última hora de la tarde.

Cuando se acerca, me fijo en algo.

Es joven.

Demasiado joven para cómo está reaccionando mi cuerpo.

Veintipocos, quizá.

Debo llevarle por lo menos diez años.

Tiene el pecho lleno y firme. Las caderas anchas pero en perfecta proporción con la cintura, y cuando se vuelve para comprobar que Callie la sigue, todo lo que veo es su culo. Grande, redondo y jodidamente perfecto.

Saca la mente de la alcantarilla. Es demasiado joven para ti.

Callie la alcanza a su lado y yo me bajo las gafas de sol y aparto la mirada. Me obligo a dejar de mirar a la joven que ha captado la atención de mi hija, aunque por motivos completamente distintos.

Al cabo de unos instantes, Callie se deja caer a los pies de mi tumbona y se enrolla una toalla al cuerpo. Mientras tanto, el pelo de Skyla gotea en un camino que cae justo entre unos pechos tan firmes y llenos que me pregunto si serán naturales.

Decido que son cien por cien naturales; no es que me importe, pero son un par muy impresionante.

—Hola. Tu hija es toda una bebé acuática —dice con una sonrisa de labios llenos, sin tener ni idea de la importancia de su comentario.

—Ya lo creo. Espero que no te haya importado que invadiera tu rato de natación.

Callie pone los ojos en blanco, lo que provoca que Skyla suelte una risita y sonría de oreja a oreja.

—Papá, qué vergüenza das. A Skyla no le ha importado divertirse conmigo, ¿verdad? —Mira a Skyla, expectante.

—En absoluto. Eres más divertida que la mayoría de las mujeres de mi edad.

—Skyla me guiña un ojo, y en mi mente hiperactiva eso se siente de lo más seductor.

—En fin, he pensado que será mejor devolverte a Callie antes de irme a cambiar.

Gracias por el rato. —Skyla se da la vuelta y se va, y yo levanto las gafas de sol un centímetro mientras fijo la mirada en la deliciosa curva de su culo.

—¡Papá! Deja de mirarle el culo. Primero se pide permiso, se llama consentimiento.

Es imposible que Skyla no haya oído eso. Y, como para confirmarlo, se queda clavada donde está. Suelto las gafas de sol y se me deslizan hasta la punta de la nariz, pero el daño ya está hecho.

—¿Sabías que Skyla no tiene novio? —dice Callie—. Lo sé porque se lo he preguntado y me lo ha dicho. Deberías pedirle el número de teléfono y así podrías invitarla a salir.

Los hombros de Skyla se tensan.

Paralizada.

—Gracias, Cal. ¿Quién da vergüenza ahora? —Le doy un codazo cariñoso, pero por dentro lo que quiero es que la tumbona en la que estoy sentado se pliegue y me engulla.

Sigue caminando, Skyla.

Corre mientras estés a tiempo.

—Su padre trabaja en una plataforma petrolífera, así que tuvo que ir a un internado porque su madre se fue, pero no de la misma forma en que se fue mamá —dice Callie, y Skyla se da la vuelta despacio y me dedica una sonrisa de labios llenos, casi de disculpa.

Lo cual es chocante, porque la pobre no tiene nada que disculpar.

Lo que hemos hecho mi hija y yo roza cotas nuevas y muy incómodas.

—Yo… eh… Callie hace muchas preguntas —dice Skyla, que ha dado unos pasos de vuelta hacia nosotros y empieza a explicarse, y enseguida me siento identificado.

—Sí que las hace. Lo siento…

—No, lo siento yo. Seguramente he contado demasiado…

—Está bien —respondo, y los hombros de Skyla se relajan—. Callie es toda una interrogadora.

Callie me clava un codazo.—No es verdad.

Estaba conversando. Tú no hablas con nadie, al menos con mujeres.

Deberías hablar con Skyla, es muy maja… Y te gusta su culo; se te notaba porque se te salían los ojos de las órbitas, así…

—Callie pone una cara ridícula y me pregunto cómo puede empeorar aún más esta interacción.

—Podríamos ir todos a por cupcakes y un batido…

—¡No! —decimos Skyla y yo a la vez.

—Quiero decir, me encantaría, pero, por desgracia —se apresura a decir Skyla—, tengo que prepararme para una cosa del trabajo. ¿Otro día?

—Yo también. Definitivamente otro día —añado.

—¿Mañana? —pregunta Callie.

—Ya veremos —le digo a mi hija, sabiendo que no va a dar el brazo a torcer tan fácilment.

—Tengo que irme de verdad. Encantada de conoceros a los dos —dice Skyla y aprovecha para escapar, prácticamente corriendo hacia los vestuarios.

—Creo que ha ido bien —dice Callie con una sonrisa de oreja a oreja.

—Creo, enana, que tenemos que hablar de los límites. —Me sorprende que asienta con seriedad.

Quizá haya esperanza de evitar que esto vuelva a pasar.

—Tienes razón, papá. Tenemos que hablar de los límites y del consentimiento. Definitivamente deberíamos hablar del consentimiento. —Callie arquea las cejas y, de repente, siento que el que está en apuros soy yo.