Sombras del Oasis 27 ORIÓN
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27 ORIÓN

Habían pasado cinco días desde aquella noche en el club.

El Cairo seguía vibrando más allá de mi ventana, con su bullicio y su caos, pero yo me sentía desconectado de todo.

Me dejé caer en el sillón, una copa de vino tinto en la mano, mientras el suave jazz llenaba la habitación, mezclándose con el sonido lejano de la ciudad.

Estaba solo, revisando por enésima vez los detalles del plan.

El robo estaba a tres días de distancia, y en lugar de concentrarme en los pasos que tenía que dar, mi mente no dejaba de divagar hacia un solo punto: Yris.

Desde que todo comenzó, ella era solo una pieza más en el tablero, alguien a quien mover según nuestras necesidades.

Pero las cosas se habían complicado. No podía dejar de pensar en ella, en la forma en que nuestras miradas se cruzaban, en los momentos que habíamos compartido.

Me llevé la copa a los labios, saboreando el vino, pero era como si todo el sabor se hubiera desvanecido.

No debería haber permitido que esto sucediera.

No debería haber dejado que ella se colara tan dentro de mi cabeza.

Recordé los primeros días, cuando la seguía sin que lo supiera.

La estudiaba, aprendía sus movimientos, todo con la intención de usar esa información en su contra.

Pero luego, todo cambió. No fue un momento específico, sino una acumulación de pequeños gestos, de palabras dichas en los momentos precisos.

Yris se había convertido en algo más que un objetivo.

No podía definir lo que sentía, pero era intenso, como un fuego que quemaba por dentro.

Me levanté del sillón y caminé hacia la ventana, observando las luces de El Cairo titilar a lo lejos.

¿Desde cuándo había empezado a dudar de todo?

Siempre había sido claro en mis intenciones, nunca dejaba que los sentimientos se interpusieran en mis decisiones.

Pero ahora, la idea de traicionar a Yris, de utilizarla como un peón, ya no me resultaba tan sencilla.

Ella había dejado de ser solo una herramienta.

Me preguntaba cómo habíamos llegado hasta aquí, cómo había permitido que esto se complicara tanto.

Pensé en los momentos que habíamos pasado juntos desde aquella noche en el club.

No solo había sido un encuentro apasionado, sino algo más profundo, más complicado.

Habíamos compartido risas, miradas cómplices, y aunque sabía que debía mantenerme frío, cada día me costaba más.

¿Cómo iba a seguir adelante con el plan cuando cada vez que la veía, algo dentro de mí quería protegerla en lugar de manipularla?

Me serví un poco más de vino y volví al sillón, tratando de encontrar una respuesta en el fondo de la copa.

El plan estaba en marcha, y retroceder a estas alturas parecía imposible.

Pero cada vez que pensaba en lo que se avecinaba, sentía una punzada de duda, una sensación de que estaba a punto de cruzar una línea de la que no habría vuelta atrás.

Encendí un viejo tocadiscos, dejando que la música me envolviera.

Me hacía pensar en los momentos que habíamos compartido, no solo en el club, sino en las noches que habíamos pasado juntos después.

Había algo en ella, algo que me hacía querer dejarlo todo atrás.

Pero la realidad era otra. Sabía que este sentimiento era peligroso, que estaba arriesgando más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Miré mi teléfono, revisando los mensajes que había ignorado todo el día.

Ninguno de ellos tenía las respuestas que buscaba.

Las luces de la ciudad parpadeaban como un recordatorio de lo efímero que era todo.

En este mundo, uno aprendía rápido que la lealtad era un lujo, y que el amor, si existía, era una debilidad que podía costarte la vida.

Pero ¿cómo había llegado a este punto, donde estaba dispuesto a arriesgarlo todo por una mujer que se suponía era solo una parte más del plan?

Me preguntaba si era demasiado tarde para cambiar de rumbo, si aún podía deshacer este nudo sin que todo se desmoronara.

Sabía que, cualquiera que fuera mi decisión, habría consecuencias.

Yris, yo, ambos podríamos salir heridos de esto.

Y aunque lo sabía, no podía dejar de pensar en lo que sentía cada vez que estaba con ella.

Salí al balcón, dejando que el aire fresco de la noche despejara un poco mi mente.

El sol ya se había puesto, y solo quedaba un rastro de luz en el horizonte.

La ciudad parecía tranquila desde aquí, pero dentro de mí, todo era caos.

No estaba listo para tomar una decisión, no cuando sabía que cualquiera que fuera el camino que eligiera, cambiaría todo para siempre.

A veces, pensaba en lo que todo esto significaba.

En las decisiones que tomamos, en cómo una sola elección podía definirnos.

Me quedé mirando la ciudad, sintiendo el peso de lo que estaba por venir.

Sabía que el tiempo se estaba acabando, que tenía que elegir.

Pero esta vez, la elección no era tan simple como antes.

Mientras la música seguía sonando en el fondo, dejé que mis pensamientos vagaran un poco más.

No tenía todas las respuestas, y quizás nunca las tendría.

Pero sabía que, de una forma u otra, todo esto me cambiaría.

Y aunque aún no sabía cómo, estaba empezando a aceptar que a veces, no podemos escapar de las consecuencias de nuestros propios sentimientos.

Al rato me vibró el móvil varias veces.

Amira : ¿te apetece ir a una cocktail party conmigo en Oasis? Es mañana a medianoche.