Sombras del Oasis 8 ORIÓN #2
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8 ORIÓN #2

Sus palabras, llenas de sinceridad, fortalecieron mi determinación. Sabía que nuestro camino no sería fácil, pero estaba seguro de que juntos podríamos enfrentarlo todo.

Yris bostezó varias veces, mientras, veíamos una película de acción en la televisión.

Era ya de madrugada. Se acomodó moviéndose un poco entre los cojines del sillón y colocó su cabeza en mi hombro.

Notaba su respiración en mi cuello, me ponía los pelos de punta.

Cada vez iba relajándose más, y aunque podía llevarla a su hotel, quería que se quedara a dormir en mi cama, poder sentirla aunque fuese a unos centímetros de distancia.

La ayudé a levantarse del sillón, estaba muy dormida, así que no se enteraba de nada. La llevé hasta mi cama y la senté en el colchón. Le quité los tacones cuidadosamente, colocándolos cerca de la cama. La moví para apoyarla, ya que hacía algo de frío por la noche en Egipto.

Esa noche, mientras me recostaba en mi cama, no podía dejar de pensar en nuestra conversación.

La relación entre Yris y yo era compleja, pero también era una fuente de fortaleza.

Sabía que debíamos ser cuidadosos, pero también sabía que nuestras emociones nos hacían humanos, y eso era algo que no debía ser ignorado.

Sentía su presencia en esa cama demasiado cerca, algo tan cerrado, tan íntimo… La observé con una sonrisa muy tímida y suave en mi rostro.

El amanecer trajo consigo una nueva resolución. Desperté con la mente clara y un propósito firme. Nos quedaba mucho por hacer, y Horus Gad no se rendiría fácilmente. Pero con Yris a mi lado, tenía la confianza de que podíamos superar cualquier desafío.

Ella se levantó de la cama después que yo, se le veía algo confusa.

—¿Por qué estoy aquí y no en mi hotel?

—Porque te quedaste muy dormida bella durmiente, así que preferí no molestarte y dejar que durmieras aquí. Es un privilegio dormir en mi cama, eh —sonreí confiado.

Yris puso cara de asco y ojos en blanco, y colocó un poco las sábanas ayudándome a mí.

Nos reunimos en la cocina para un desayuno rápido, discutiendo los próximos pasos de nuestra misión. El éxito de la cena nos había dado una ventaja, pero aún quedaba mucho por descubrir. Cada detalle importaba, cada movimiento debía ser calculado con precisión.

—El almacén que mencionó Horus anoche —dije, revisando las notas que habíamos tomado—. Creo que debemos investigarlo hoy. Podría ser la clave para entender mejor su operación.

Yris asintió, su expresión concentrada aunque aún tenía cara de recién despierta.

—Estoy de acuerdo. Necesitamos ser cuidadosos, pero también rápidos. No podemos permitir que Horus sospeche de nosotros.

Pasamos la mañana preparándonos, ajustando nuestros planes y asegurándonos de tener todo lo necesario para la incursión. El almacén, ubicado en las afueras de la ciudad, era un objetivo crucial. Sabíamos que encontraríamos información valiosa allí, pero también sabíamos que estaría bien protegido.

Con todo listo, nos dirigimos hacia el almacén, utilizando un coche diferente para evitar ser identificados. El viaje fue tenso pero silencioso, cada uno de nosotros enfocado en la tarea que teníamos por delante. Al llegar, estacionamos a una distancia segura y comenzamos a observar el lugar.

El almacén era grande y estaba rodeado por una cerca alta. Varios guardias patrullaban el área, y había cámaras de seguridad en las esquinas. Pero Yris, con su experiencia y agudeza, identificó rápidamente un punto débil.

—Podríamos entrar por esa puerta lateral —sugirió, señalando una puerta parcialmente oculta por una pila de cajas-. Necesitamos una distracción para los guardias, algo que desvíe su atención el tiempo suficiente para que podamos entrar.

Asentí, evaluando la situación.

—Tienes razón. Utilicemos una de las tácticas que practicamos en el ensayo. Un pequeño incendio controlado en la parte trasera debería ser suficiente.

Nos movimos con rapidez y precisión. Mientras Yris preparaba la distracción, yo me dirigí hacia la puerta lateral, manteniéndome en las sombras para evitar ser visto. Cuando el incendio comenzó, los guardias se dirigieron rápidamente hacia el lugar, permitiéndonos entrar sin ser detectados.

El interior del almacén era un laberinto de cajas y estanterías, pero sabíamos exactamente lo que buscábamos.

Nos dirigimos hacia la sala de oficinas en la parte trasera, donde Horus parecía llevar a cabo gran parte de su negocio.

Buscamos rápidamente entre los documentos, tomando fotografías de todo lo que podría ser relevante.

Encontramos información valiosa, registros de transacciones y listas de contactos que podrían desentrañar la red de Horus. Sabíamos que no teníamos mucho tiempo, así que trabajamos con rapidez, asegurándonos de no dejar ningún rastro de nuestra presencia.

Salimos del almacén tan discretamente como habíamos entrado, satisfechos con el éxito de nuestra incursión. De regreso a nuestro refugio, discutimos nuestros hallazgos y ajustamos nuestro plan en consecuencia.

Esa noche, mientras repasaba los eventos del día, no pude evitar sentir una creciente admiración por Yris. Su habilidad, su valentía y su determinación eran inspiradoras. Sabía que nuestra relación era compleja, pero también sabía que juntos éramos más fuertes.

Los días siguientes fueron una mezcla de planificación cuidadosa y ejecución precisa. Cada movimiento era calculado, cada acción medida. Horus Gad no sospechaba que estábamos acercándonos cada vez más, desentrañando su red de operaciones con cada paso.