Sombras de Revenbrock (Saga de Revenbrock 1)
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CAPÍTULO 1
Inicios
Parecía el final de un verano como cualquier otro. La ciudad seguía su ciclo habitual, apenas alterado por el auge de una revolución industrial que daba sus primeros pasos y prometía una nueva era de prosperidad.
Esa jornada, el inspector en jefe Tomas Barnoc salía de la sastrería del señor Hayes con su nuevo saco bajo el brazo, bordado con la insignia policial que se había ganado tras resolver los robos al banco central, un escándalo que había mantenido en vilo a las autoridades durante semanas.
No pasaba de los treinta años, pero ya se había ganado el respeto de Brumville a fuerza de intuición y suspicacia. Los periódicos locales rara vez dejaban pasar una oportunidad para mencionar su nombre.
Aquel parecía ser uno de esos días tranquilos, monótonos, de los que uno tiene la impresión de haber vivido antes.
Al llegar a su oficina de la calle 10, Tomas introdujo la llave, giró el pomo y entró. Colgó el saco nuevo en el perchero de roble y se sirvió una copa de vino tinto, de esos que cortan el paladar con un golpe intenso de madera y años.
No había terminado de acomodarse en el asiento cuando la tranquilidad se rompió con la llegada estrepitosa de Will Birkin, el cartero.
Entró con el rostro cubierto de sudor y un temblor apenas contenido en las manos.
—Inspector, tiene que leer esto con urgencia.
Tomas levantó la mirada.
—Buenos días, Will. ¿Dónde quedaron tus modales?
—Le ruego me disculpe. Ha sido inapropiado de mi parte. Pero debe leer esto con celeridad.
Will se acercó al escritorio y le entregó un telegrama.
Tomas lo abrió.
Su expresión relajada cambió apenas leyó las líneas:
«Señor Barnoc, Revenbrock lo necesita. Mayor Wildrem».
Levantó la mirada.
—¿Hace cuánto llegó esto, Will?
—Esta mañana, inspector. Supuse que sería grave, viniendo del mismo Mayor de la demarcación… eso sin mencionar el lugar en cuestión.
Tomas volvió a mirar el telegrama.
—Hace unos meses asesinaron al magnate Astor Wildrem a la salida de un evento en la alcaldía de Revenbrock —dijo, más para sí mismo que para Will—. No solo por ser un hombre influyente, sino porque era hermano del alcalde. Creí que el caso estaba cerrado. Parece que no.
Sin perder tiempo, despidió al cartero y salió rumbo al comando de policía, tres calles más abajo. Si el alcalde de Revenbrock había decidido recurrir a un inspector de fuera, Tomas quería saber por qué.
Allí lo recibió Frank Tennyson, capitán de la policía, con el apretón de manos caluroso que solo da la confianza de varios casos resueltos juntos.
Tomas le tendió el telegrama sin decir palabra.
Tennyson lo leyó.
Su expresión cambió.
—Ven conmigo. Tienes que saber esto.
Caminaron por los pasillos lustrosos de la comisaría, flanqueados por los retratos de los grandes próceres de la fuerza. Entre ellos estaba el de su abuelo, Sir August Barnoc.
Tomas nunca pasaba de largo sin mirarlo.
Llegaron a los archivos y Tennyson sacó una carpeta rotulada:
Caso Revenbrock.
Tomas arqueó una ceja.
—¿No debería decir «caso Wildrem»?
—Siéntate, amigo. Hay mucho que debes saber antes de emprender ese viaje.
Tomas tomó asiento.
Tennyson abrió la carpeta.
—El asesinato de Astor Wildrem ocurrió la noche del 12 de diciembre, al terminar una celebración en el ayuntamiento de Revenbrock.
Wildrem era hermano del alcalde y uno de los empresarios más exitosos del país, así que el suceso causó revuelo entre las autoridades locales, que se volcaron por completo a resolverlo.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Un estudio preliminar determinó que Wildrem murió forcejeando con un ladrón. Días después detuvieron al sospechoso en una cabaña a las afueras del pueblo: Reimond Allister. Era un subalterno directo de Wildrem.
Tomas levantó la mirada.
—¿Era?
—Sí. Lo encerraron el 15 de diciembre. Iba a haber un juicio oral para que declarara lo ocurrido la noche del asesinato. Al día siguiente lo hallaron ejecutado en su celda, con un mensaje bastante perturbador.
—¿Qué decía?
Tennyson tomó uno de los documentos de la carpeta y leyó:
—Literalmente: «Que la voz del señor Allister no declare lo que este pueblo no está preparado para saber».
Tomas permaneció en silencio unos segundos.
—¿Investigaron la muerte de Allister?
—Cuando el archivo llegó aquí, intercambié varios mensajes con el teniente Víctor Collins, jefe de la división en Revenbrock. Según él, la investigación concluyó que el propio Allister escribió el mensaje y luego se quitó la vida.
Tennyson cerró parcialmente la carpeta.
—Esa versión nunca me convenció.
—A mí tampoco —replicó Tomas.
El capitán apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—No sé qué estará pasando en Revenbrock, pero debe ser algo serio para que hayan buscado ayuda de afuera. Esa gente siempre se ha mantenido aislada del resto de la región. Nadie pregunta. Nadie sabe nada.
Tomas volvió a mirar la carpeta.
Esta vez no vio solamente el nombre de un muerto. Vio una cadena de preguntas.
Y ninguna de ellas parecía tener una respuesta convincente.
Tras cambiar unas últimas palabras, Tomas se despidió con un abrazo.
Tennyson le devolvió el gesto con un susurro tibio:
—Cuídate mucho, amigo.
De vuelta a casa, las palabras del capitán no dejaron de darle vueltas.
¿Por qué la nota final mencionaba a Allister en tercera persona, si se suponía que él mismo la había escrito?
Y si de verdad no quería revelar lo que sabía, ¿por qué no simplemente guardar silencio?
O, más simple aún, ¿por qué no huir de Revenbrock antes que enfrentar el juicio?
Las preguntas se amontonaban una tras otra en la cabeza del inspector.
El caso tenía demasiados cabos sueltos como para darlo por cerrado.
Algo más había detrás de todo aquello.
Y tal vez esa fuera precisamente la razón por la que habían solicitado su presencia.
Al llegar a su residencia, Tomas sacudió la cabeza, como quien intenta espantar una idea que se resiste, y fue directo por una valija.
Empacó algo de ropa, zapatos, una pluma, una lupa y un revólver Colt Walker con sus iniciales grabadas, regalo de su padre.
Mientras lo sostenía, deseó no tener que desenfundarlo durante el viaje.
Algo, muy en el fondo, le decía que sería inevitable.