Soltando amarres 47
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FILOMENA

Todos tenemos a esa amiga chill .

La que está bien con todo.

La mami que te cuida cuando estás de fiesta y te has bebido un par de (decenas) de cubatas de más.

La que te echa la bronca cuando te olvidas de comer o cuando no bebes suficiente agua.

La que pone los ojos en blanco cuando haces una locura, pero está siempre esperando con las manos listas para ayudar a recoger tus desastres.

La que te hace sentir segura y a salvo.

Y todas pensamos que esa amiga, esa maravillosa amiga que es más magia que persona, se merece a alguien que ponga las manos para recogerla a ella.

Reconozco que lo supe en cuanto conocimos a Miguel.

Me lo dijeron las cartas, ese es mi gran secreto. Mi amiga Cuqui me echó una tirada, pregunté por Tamara y me reveló que pronto conocería a alguien importante para ella. Alguien que sanaría sus heridas.

Así que me puse en marcha. Tenía que convencerla de que dejara a Jose, porque las cartas también me dijeron que, antes de ser feliz, debía desprenderse de un gran lastre.

Y, bueno, Jose nunca ha sido gigantesco, pero sí que ha sido un tremendo lastre desde que apareció en su vida.

Así que, cuando se me ocurrió lo del amarre, me pareció una idea brillante.

Concerté la cita con Dorotea, que es famosa por decirle a sus clientas lo que quieren oír.

Lo de la lectura de pedo fue un bonus track : no hubiera podido salir mejor ni queriendo y creo que siempre será uno de los mejores momentos de mi vida.

Fue la oportunidad perfecta para sacar a Tamara de Madrid, que era lo que, al principio, pensaba que le haría falta. Su relación con Jose se mantenía por un hilo muy fino y muy concreto: ella siempre estaba ahí. Lista para quedar cuando él decidiera sacarle un ratito.

Mi idea inicial era demostrarle que, si se ausentaba unos días, todo se tambalearía lo suficiente como para hacerlo caer por su propio peso.

Y, bueno, ver a Uxía era simplemente la pieza que hacía que este gran puzle encajara del todo. Por mucho que ahora mismo sienta que las piezas están más dispersas que nunca.

Y en cuanto conocimos a Miguel… supe que un poder mucho más grande que el mío lo había puesto en nuestro camino.

Siempre hablo de las energías, de las auras.

Cuando Tamara me conoció, me estaba afanando en limpiar las de nuestra clase, porque me estaban agobiando.

Me quedé lo más cerca posible de ella (y ahí planeo estar toda la vida) porque la suya es pura bondad, una paz que te envuelve como un abrazo calentito.

Pues bien, el aura de Miguel se entrelazó con la suya tan pronto como se vieron y yo supe, lo supe dentro de mi corazón, que era esa persona. Y que su destino era tan inevitable como sencillo.

No todo lo que te destinan tiene que ser dificilísimo, chica. Imagínate, qué agobio.

Y si bien el viaje tuvo sus complicaciones, todas ellas han resultado en cosas maravillosas.

Diana y Meiga ya tienen seis meses y son enormes . Cuando vemos la tele, se colocan las dos encima de Tamara; yo me dedico a protestar por la injustica del asunto y ella de que no puede respirar.

Ahora me sirven de seleccionadoras de alfombras. Cuando pongo una nueva, son ellas las que deciden si vale o si no, y si no están satisfechas… Lo has adivinado: se mean.

Pero como mis meditaciones son mejores desde que utilizo las alfombras que ellas me indican de manera tan cortés, me parece estupendo.

Uxía y yo no hemos vuelto a hablar. Solo nos quedan el recuerdo y la melancolía.

Sin embargo, sé que algún día nuestros destinos volverán a entrelazarse.

O quizá somos nosotras las que nos volveremos a entrelazar …

Tendré que preguntárselo a las cartas de manera más específica la próxima vez que me las tiren.

En cuanto a Tamara y a Miguel, que sé que es lo que te importa de verdad…

Porque vamos a ser sinceras: tú estás aquí por ellos.

Es decir, yo te caigo bien y todo eso. Quizá me tienes un poco de miedo y piensas que menos mal que no vives conmigo.

O quizá hasta te haya hecho sentir mejor por vivir con ese compañero que siempre se deja los calcetines sucios en el salón.

O con ese novio que nunca tira a la basura el plástico del chóped. De nada por eso, por cierto.

Tú estás aquí por la salsa y por su amor, que yo lo sé. Y lo entiendo, ¿eh? Yo he sido esa persona desde el principio.

Así que voy a ser buena y te voy a contar lo que quieres oír: están asquerosamente enamorados.

Duermen juntos todos los días, pegados como lapas.

¿Que cómo lo sé? Porque no hay pestillo que me impida el paso de manera indefinida, baby . Y aunque Tamara chille a veces, sé que le gusta que les lleve el desayuno a la cama de vez en cuando.

Miguel solo se ríe, claro. Somos supercolegas.

Y hablando de colegas, no mentía cuando le dijo a Tamara que los suyos eran muy majos. Nos hemos aficionado a los juegos de mesa, aunque a mi amiga le gusta más mirar que jugar. Pero ha descubierto en ese grupo un gran filón para lo que verdaderamente le encanta: ver a otros pasarlo bien.

Hemos tardado en convencerla de que se trata de un hobby, eso sí.

Y ella está tan feliz … Considero que en parte gracias a mí, por supuesto. Pero también gracias a ella misma, porque ha luchado por su corazón. Y eso me hace sentir extremadamente orgullosa.

Al final, fíjate, compartimos el mismo hobby : he descubierto que mi cosa favorita en el mundo es verla a ella sonreír.

Aunque tenga que prescindir de amores imposibles, altares y velas.

Y esto, amiga mía, no es un amarre. Es amistad verdadera.

Así que dime: ¿te lo has pasado bien? ¿Nos leemos en la próxima?