Solo yo soy para ti (Solo nosotros 2) PRÓLOGO
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Solo yo soy para ti (Solo nosotros 2)

Solo yo soy para ti (Solo nosotros 2)

Por Holly Lampert

© inepub.com

PRÓLOGO

Permanezco sentada en silencio mientras el chofer del Cadillac Escalade azul metalizado nos conduce hacia la ciudad. Nos esperaba a pie de pista y, por supuesto, fue él quien lo envió.

La ansiedad me golpea sin aviso. Tener a Scott tan cerca me inquieta.

Han pasado diez días desde la última vez que lo vi, y una semana desde aquella llamada espantosa.

Imagino que ya me ha olvidado, que habrá encontrado a otra con quien entretenerse…

y acostarse. El corazón se me encoge solo de pensarlo.

Voy en la parte trasera, pegada a mi renacuajo, rumbo a Manhattan. Elliot me coge la mano y acaricia mis nudillos. Sabe que estoy rara.

—¿Te encuentras bien? —pregunta en voz baja.

Cierro los ojos un instante, como si eso me diera fuerzas. Al abrirlos, él me observa con atención.

—Sí —miento, dibujando una sonrisa mínima. Él me responde con otra.

Pero no estoy bien. Nada bien. ¡Maldito seas, Scott Clayton!

¿Por qué tenía que enamorarme de ti? Debería estar feliz: voy a ver a Grace, a empezar un trabajo que me entusiasma.

Y, aun así, no consigo sentirme fuerte. Es como si una parte de mí siguiera atrapada en esos ojos azules que me persiguen dondequiera que voy.

«No debo pensar en él. No debo pensar en él» . Repito ese mantra, inútil, mientras la ciudad se acerca.

De pronto, suena el móvil de Elliot. Miro la pantalla. ¡Es él… Scott! Su voz se filtra desde el otro lado de la línea, lejana, pero capaz de erizarme la piel. Respiro hondo, con angustia. No puedo, no quiero escucharlo.

¿Qué hago? Música. Sí, música. Me coloco los cascos y reproduzco la primera canción que aparece en mi lista aleatoria de rock de los ochenta. Depeche Mode. Me vale. Me gusta. Está bien.

Muevo la cabeza al ritmo de Just Can’t Get Enough, mirando por la ventanilla como si nada tuviera que ver conmigo. No quiero saber qué se dicen. No quiero saber nada.

Cuando termina, Elliot me quita los cascos.

—Solo quería saber si hemos llegado bien —dice.

—Ajá… claro —respondo, fingiendo indiferencia.

—Sofía…

—Elliot, estoy bien —repito, aunque ambos sabemos que no.

Me coloco los cascos de nuevo. Suena True Colors, de Cyndi Lauper. Suspiro y me dejo arrastrar por la canción.