Segundo epílogo. Cannon
Segundo epílogo
Cannon
Un año después. Septiembre
Hoy se celebra el partido amistoso anual entre Jaguars y Demonios; el mismo que lleva inmemorables años jugándose, desde mucho antes de que los Jaguars formaran parte de la LEH ; el mismo donde los segundos machacaban a los primeros.
Pero eso ya forma parte de la historia. Ahora, puede ganar cualquiera de los dos.
Y es irrelevante que sea amistoso: ambos equipos luchan con uñas y dientes, haciendo alarde de la rivalidad que los unió desde el primer minuto en que se vieron las caras en el hielo.
Poco importan las estrechas relaciones personales que los unen.
Este amistoso es a muerte. Después nos iremos a comer juntos y nos mezclaremos más que la leche y el chocolate, pero, de momento, esto es a muerte.
Yo elevo los ojos al cielo, como siempre.
Los chicos ya están en el hielo, calentando al ritmo de Black Eyed Peas, puesto que este año el partido se celebra en el estadio de los Jaguars.
Podría decir en nuestro estadio, pero hace tiempo que dejé de entrenarlos, con todo el dolor de mi corazón, para lanzarme de cabeza de nuevo a los estudios.
Me saqué el doctorado gracias a una tesis donde uní las mates y el hockey sobre hielo, y ahora doy clases en la Universidad de Barcelona.
Amo mi trabajo, casi tanto como a mi familia, pero reconozco que echo muchísimo de menos entrenar a los chicos.
Fueron buenos tiempos. De los más bonitos de mi vida.
Toda mi familia está aquí, como de costumbre, para el amistoso anual.
Yo estuve mucho tiempo sin venir, pero ahora no me pierdo uno.
Hace unos años aprovechamos el partido para celebrar una comida familiar y se ha convertido en tradición.
No voy a negar que suelen volar sobre nuestras cabezas trozos de pan como pelotas de tenis… , pero mejor eso que cuchillos, ¿no?
La novedad es mi preciosa hija de siete meses.
O nuestra preciosa hija de siete meses. La de Benji y mía.
Tiene el pelo moreno y los ojos verdes como su padre, duerme menos de siete horas al día, come como si no existiera un mañana y solo tiene malas ideas, ya con la poca edad que tiene, pero es lo más bonito que hemos hecho juntos.
Y los apellidos Schmidheiny y Donnelly han quedado unidos para siempre: Casiopea Schmidheiny Donnelly. Ahí es nada.
Como el partido es amistoso, me dejan entrar en los banquillos de los jugadores durante el calentamiento.
—¡Casi! Ven con el tío Jonny —le dice Jon en cuanto me acerco al hielo con ella en brazos, y extiende los suyos para cogerla.
Se la paso, la sube al aire y comienza a hacerle carantoñas.
La niña se ríe como loca. Adora a su tío Jon.
Patina con ella en brazos hasta el centro de la pista y todos se acercan a él, Jaguars y Demonios, pasándose por el forro la norma de permanecer en su lado de la pista durante el calentamiento.
Los árbitros hacen la vista gorda, como siempre.
Blake intenta coger a su sobrina, pero Jon coge la manita de Casi y le dice que no mientras patina hacia atrás.
Blake no deja de perseguirlos por toda la pista y la niña ríe a carcajadas, también como siempre.
Poco después empiezan a turnársela (Elliot, Blake, Fantoni) hasta que aterriza en los brazos de su padre.
Su rostro orgulloso y el brillo en sus preciosos ojos verdes se muestra en el videomarcador, y a mí se me remueve todo por dentro.
La imagen de ellos dos juntos es brutal.
No me canso de mirarlos. Creo que no lo haré nunca.
Las responsables de comunicación de ambos equipos entran en el hielo y les sacan unas fotos. El público, que ya se encuentra en las gradas, grita, vitorea y aplaude. Baby love, de The Supremes, suena a todo volumen en los altavoces y Benji baila con su hija en el hielo.
—¡Unos patines para esa niña ya, por favor! —grita mi hermana Sofía desde las gradas, donde se han sentado todos juntos, con su hijo más pequeño en brazos.
—¡Y una camiseta! —sigue Chloe.
—¿Camiseta de los gatitos o de los Demonios? —pregunta Fallon, y se abre el debate entre gritos y protestas.
—¡Siempre dando la nota, Donnellys! —les grita Jon desde el hielo.
—¡Que te den, Ros!
—¡Esa boca!
—¡Cómemela!
—Joder, no puedo con ellos —bufa Jon, y hace el gesto de querer vomitar.
—Nos adoras —le dicen Axel y Brandon, a mi lado.
—Sí, sobre todo a vosotros dos.
Jon les dedica una mueca fea, cruzando los ojos y todo, y Axel y Brandon se la devuelven. Luego se sacan la lengua.
Es cierto. Se adoran.
En la pista, Benji le da un beso en la cabeza a nuestra hija, por encima del gorro de lana, le dice algo a Elliot y viene patinando hacia mí. Brandon coge a Casi y Benji apoya los brazos en la barandilla.
—Hola, Donnelly —me dice.
—Schmidheiny —respondo y me apoyo también en la barandilla.
Nos damos un beso en los labios y todos nos abuchean.
—¡Iros a un hotel!
—¡Papá, diles algo!
Niñatos.
Benji se gira, de espaldas a mí, y les saca el dedo corazón sin dejar de sonreír. Yo lo abrazo por atrás y…
Nos recuerdo a Benji y a mí cayéndonos al suelo y a él amenazándome con su vieja cuchilla oxidada.
Nos recuerdo cayéndonos mal y atacándonos verbalmente durante los cuatro años siguientes.
Sonrío y lo abrazo con más fuerza. Si esto es a lo que llaman felicidad, no quiero perderla nunca.
Ha merecido la pena cada piedra en el camino.
—¡Venga, venga, venga! —nos dice Julián—. Que esto empieza ya. Todo el mundo a sus puestos.
—¡Sí, señor!
—¡Menos cachondeo, y, Elliot, como vuelva a verte hacer eso, te expulso del partido!
—Eso me gustaría verlo.
—Y deja de distraerme a los jugadores —le dice a mi hermano Blake.
—Tus jugadores se distraen solos.
—Te quiero —le susurro a Benji al oído en medio del alboroto antes de coger a Casi y marcharnos a las gradas.
—Te quiero —responde él justo antes de que Elliot y Jon lo cojan de la mano y se lo lleven con ellos.
Continúa el espectáculo.
¿Qué tal ha ido?
Ojalá hayáis disfrutado de la historia de Cannon y Benji.
Pero no creáis que esto termina aquí, porque Elliot y Jonny tienen mucho que contar… Próximamente.